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Nueva York

Reencontrar las torres gemelas

IDOYA NOAIN

Habrá que dar las gracias a esos hidroaviones y helicópteros que como mosquitos recorren el cielo neoyorquino para llevar a sus habitantes más pudientes hasta los Hamptons, los enclaves en Long Island donde también se puede llegar en autobús o tren. Quizá haya que estar agradecido a esa humedad que convierte la piel en sudor, desanima a algunos a venir y anima a otros a huir, lejos durante días o en escapadas de un día a los Rockaways, Fort Tilden y otras de las numerosas playas accesibles por ferry.

O puede que sea cuestión de la ingente oferta de actividades en espacios abiertos, cada vez más generosos, que disminuyen la densidad humana… En cualquier caso, el verano es uno de los mejores momentos para unas vacaciones en Nueva York, una ciudad estos días tan activa como siempre pero donde es inevitable la sensación de palpar y vivir un ritmo diferente.

Es casi obligatorio aprovechar la oportunidad de una de las últimas atracciones sumadas y acercarse a la zona cero, subir en menos de 60 segundos al cielo y, desde la planta 100 del World Trade Center 1 (relevo de las trágicamente ausentes Torres Gemelas), entregarse a la contemplación de una ciudad que se regala ante los ojos. La experiencia no es perfecta por la dichosa manía estadounidense de convertir todo en atracción de feria imponiendo los pasos e intentando meter con embudo añadidos por unos cuántos dólares pero, una vez arriba, llega la magia.

Lo mismo pasa en la nueva sede del Museo Whitney, abierta en el lado oeste de Manhattan, junto al río Hudson y justo al inicio sur del Highline, ese parque elevado sobre unas viejas vías de tren que se ha hecho uno de los destinos ineludibles en Nueva York. No solo hay arte entre sus paredes, sino también en ese edificio de Renzo Piano que, con sus abundantes terrazas y ventanales, ayuda a enmarcar la ciudad.

En verano en Nueva York se puede comer mejor (hasta el 14 de agosto se pueden encontrar ofertas de múltiples establecimientos en la semana de los restaurantes, www.nycgo.com/restaurant-week); se puede comprar distinto, haciendo escapadas a mercadillos de fin de semana como los de Williamsburg y Fort Greene en Brooklyn y se puede también vivir al aire libre la música, el teatro y el cine (http://www.cityparksfoundation.org/events/category/summerstage/  http://bricartsmedia.org/performing-arts/celebrate-brooklyn y http://www.nycgovparks.org/events/free_summer_movies). Siempre están los clásicos, del paseo por Central Park al cruce del eternamente atestado puente de Brooklyn; hay joyas que cobran fuerza, como Roosevelt Island, y espacios alternativos que dan un respiro (como los conciertos gratis de fin de semana en el Union Pool de Williamsburg). Si alguien se anima, puede marcharse a barrios poco transitados como Queens. El único centro de información turística que había allí se cerró hace unas semanas después de siete años de existencia sin que conste llegó a usarlo. Afortunadamente, aún queda espacio para explorar.

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