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EL DEBATE DE LA ENSEÑANZA SUPERIOR

Universidades sin excelencia

Las instituciones españolas ocupan puestos discretos en los ránkings internacionales

El talento existe, pero para avanzar debe mejorar la inversión y la gobernanza

ANTONIO MADRIDEJOS / BARCELONA

Las universidades españolas han dado un gran salto en las últimas décadas tanto en formación como en producción, pero ello no evita que las mejor situadas aún tengan serias dificultades para entrar en el grupo de las 200 primeras según los ránkings internacionales. Lógicamente, competir con Cambridge o Harvard no entra dentro de los objetivos realistas, pero España sí debería tener al menos alguna entre las 100 o incluso las 60 primeras de acuerdo con su peso económico, comenta Joaquim Coello, presidente honorario de la asociación Barcelona Global y expresidente del consejo social de la UB. «La universidad de excelencia, el poder captar talento y retenerlo, es un motor de la economía», sintetiza Francesc Solé, director de Fira 2000.

Aunque el potencial existe, y prueba de ello es que algunas facultades del ámbito científico y económico sí figuran en la excelencia internacional, no hay ninguna universidad en su conjunto. Por poner un ejemplo, en la clasificación ARWU, ránking que elabora la Universidad Jiao Tong de Shanghái, España no solo se sitúa a años luz de EEUU o el Reino Unido, que copan los primeros lugares, sino también de países como Bélgica, Suecia, Israel o incluso Arabia Saudí.

La primera española, la UB, se encuentra en el grupo comprendido entre la 151 y la 200 mejores del mundo, mientras que hay otras cuatro entre los puestos 201 y 300. La listas ARWU, QS y Times, por citar las tres más populares, pueden emplear criterios discutibles, pero es evidente que tienen influencia a la hora de captar estudiantes o atraer inversiones. En definitiva, que figurar en ellas se ha convertido en objetivo de los gestores universitarios.

FORO DE DEBATE BARCELONA GLOBAL

Para analizar estos déficits y plantear mejoras, la asociación Barcelona Global organiza este mes tres sesiones con conocidos especialistas. Uno de ellos, Teresa García Milà, directora de la Barcelona Graduate School of Economics, afirma: «Tenemos departamentos bien situados, como Economía de la UPF, Arquitectura Ambiental de la UPC o Veterinaria de la UAB, entre otros muchos, pero para entrar en los ránkings generales influye ser grande en todo». De hecho, hay ejemplos claros de que las cosas no están tan mal, al menos en Catalunya: por una parte, el nivel con que acaban los estudiantes, puesto que doctorandos y postdocs compiten con colegas internacionales en las mejores universidades del mundo; por otra, la gran demanda de estudiantes extranjeros que quieren realizar posgrados,

Enric Canela, vicerrector de la UB, observa con cautela las listas porque, entre otras cuestiones, suelen penalizar a las universidades con muchos estudios profesionales que generan pocas publicaciones «pero que son imprescindibles para un país», como Magisterio o Enfermería. Canela recuerda también que algunos ránkings valoran de forma desmesurada criterios como su prestigio subjetivo o haber tenido en su historia algún profesor ganador del premio Nobel, lo que provoca que algunas universidades asiáticas contraten a los laureados como profesores visitantes sin exigirles permanencia.

«Si se aplicara solo el criterio de  publicaciones altamente citadas, subiríamos muchos puestos», dice Canela. Así, en el lista Best Global Universities, más centrada en este campo, la UB es la 97, y la UAB, la 160. «Son posiciones en el club selecto, un mérito porque competimos con universidades que tienen un presupuesto 10 veces superior por estudiante -añade-. Podríamos mejorar, pero, sinceramente, no estamos tan mal». En el mundo hay 15.000 universidades.

La inversión es clave en el éxito. «Lo intentamos compensar con voluntarismo, pero el presupuesto tiene una correlación directa con el resultado final», resume Ferran Sancho, rector de la UAB. Al margen de la docencia, la falta de dinero influye gravemente en el número de becarios y postdocs, que a la postre son quienes más rinden científicamente por su carácter innovador.

El segundo gran problema es de gestión, de autonomía: con independencia del dinero disponible, las universidades no tienen capacidad para realizar fichajes porque no pueden negociar sueldos-. «Así no podemos ser competitivos. Es cierto que Catalunya es atractiva y logra atraer talentos del extranjero, pero la mayoría suelen ir a los centros de investigación porque tienen más capacidad de negociación», dice Canela. García Milà alaba la creación del programa ICREA, con la figura del contratado no funcionarial y bien pagado, y explica también que son necesarias mejoras en la gobernanza para acabar con prácticas endogámicas, con la dinámica del «protejo al que es de los míos». «Si queremos que universidades en la primera división, se necesitan recursos, incentivos y una organización más flexible», insiste Martí Parellada, director del Institut d'Economia de Barcelona.

«Catalunya y en general España han conseguido que la universidad dejara de ser algo de las élites», concluye Coello. Sin embargo, prosigue, falta un impulso para tener universidades que sean referentes internacionales. En su opinión, es clave «implicar a la industria». «Sobre la base de lo que ya tenemos, que no está tan mal, hay que organizar un cambio curricular. Miren, dicen las empresas, queremos que los universitarios salgan con estas características y estamos dispuestos a invertir para que ello sea posible».