WALTER SAN JOAQUÍN. ESTATUA DE LA RAMBLA

"Si bebo mucha agua tengo que ir al baño y me pueden robar"

"Si bebo mucha agua tengo que ir al baño y me pueden robar"

FERRAN SENDRA

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CARLOS MÁRQUEZ DANIEL / BARCELONA

Walter San Joaquín es argentino y lleva 15 años en Barcelona y trabaja como estatua en la Rambla de Santa Mónica, lugar en el que el ayuntamiento las arrinconó en el pasado mandato. Su personaje es don Quijote de la Mancha, y como es un artista, no escatima en caracterizaciones. Tiene caballo, una larga capa, una máscara con un bigote sideral y una lanza. También 14 ventiladores construidos por él mismo que le ayudan a hacer la mañana -su turno de este mes es de 10 a 16 horas- más llevadera. Cuenta que tiene el vestido "registrado", y la verdad es que tras la explicación del artilugio, se entiende que no quiera que nadie saque partido de su invento.

Dispone de una batería de 85 amperios conectada a través de cables que recorren todo su cuerpo y que alimentan los pequeños molinos de viento que se reparten por todas sus extremidades de una manera tan disimulada como lograda. La destreza se entiende por sus estudios: "Ingeniería y automotriz" en su país de origen. El sistema lo probó primero en un disfraz de bombero, pero paradojas del destino, un cortocircuito causó un pequeño incendio que le dejó algunas quemaduras de poca consideración. Aprendió la lección y se esmeró en el del caballero manchego. Este no da problemas. Todavía.

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"Está siendo muy duro, apenas puedes respirar, y aunque me entre aire por los ventiladores, es muy caliente. Esto es peor que subir una montaña en Bolivia". A la dureza del calor hay que sumarle las dos o tres horas que pasa sobre el caballo. Son dos o tres horas sin beber una gota de agua. Cuando descansa echa un trago, pero tampoco se puede pasar: "Si bebo mucha agua entonces tengo necesidad de ir al baño, y eso implica dejar las cosas aquí y ausentarme unos minutos, con el riesgo de que me lo roben todo". Un dilema inquietante: hay sed, pero cinco minutos en el excusado pueden suponer la ruina para Walter.

Se queja con amargura del sistema de reparto de los sitios para colocar las estatuas. Si le tocara el sol de pleno y hubiera una plaza delante vacía y a la sombra -hay una quincena-, no podría cambiarse. Lo que le gustaría es volver a la parte alta, donde había más sombra. Y también más clientes. Más dinero.

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