CAMBIOS EN LOS HÁBITOS SOCIALES

La nueva Semana Santa nos cambiará la vida

El Papa promueve que se fije la Pascua en el segundo o tercer domingo de abril

El final del calendario variable afectará al turismo, el comercio y la escuela

Procesión de Semana Santa en la playa de la Malvarrosa, en Valencia.

Procesión de Semana Santa en la playa de la Malvarrosa, en Valencia. / MIGUEL LORENZO

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ROSSEND DOMÈNECH / ROMA

¿Tu Jesucristo ha resucitado?» «El mío, sí». «Pues el mío, en cambio, lo hará el próximo domingo». La anécdota sobre una conversación real entre un católico y un ortodoxo, evocada el pasado año por el papa Francisco de vuelta de un viaje a Tierra Santa y repetida en castellano hace escasos días en Roma, retrata la intención del Pontífice de unificar la fecha católica de la fiesta de la Pascua con la fecha en la que la celebran los ortodoxos, separados de Roma desde el siglo XI. El objetivo es que la Pascua caiga siempre en el mismo domingo de abril -el segundo o el tercero- y no dependa de las actuales conjunciones astrales en las que se basa. «La Iglesia católica está dispuesta a renunciar al primer solsticio después de la Luna de marzo para (fijar) la fecha de la Pascua», dijo Jorge Bergoglio el pasado día 12 en la basílica romana de san Juan de Letrán, frente a mil sacerdotes que procedían de 90 países de los cinco continentes.

El asunto, presentado inicialmente como una cuestión interna de las religiones católica, ortodoxa y protestante, en la que el papa Francisco está trabajando intensamente para volver a la unidad perdida a los largo de los siglos, conllevaría sin embargo cambios en la vida tanto de los creyentes como los no creyentes. Al dejar de ser móvil, la Semana Santa, la Pascua, el Lunes de Pascua y la posterior Pascua de Pentecostés, e incluso los eventuales puentes anteriores, quedarían cristalizados siempre en las mismas semanas.

MILLONES DE AFECTADOS 

El cambio comportaría en consecuencia reformas en las fechas de los calendarios escolares, de los paquetes que ofrecen los operadores turísticos y de todas aquellas actividades, como la apertura o cierre de los comercios, que estén vinculados a la bailarina fiesta católica. La pregunta que se repite cada año -«¿cuándo cae la Semana Santa?»- dejaría de formularse. «Los hábitos de millones de personas cambiarán si Francisco llega a un acuerdo con los ortodoxos», afirma el vaticanólogo Paolo Rodari.

Desde el siglo XVI, los católicos celebran la Pascua en una fecha comprendida entre el 22 de marzo y el 25 de abril, exactamente el domingo siguiente a la primera Luna llena de primavera. Sin embargo, los ortodoxos, que se separaron de la Iglesia católica en el 1054, siguen rigiéndose por un calendario anterior al católico, llamado Juliano, asumido en el siglo IV y modificado sucesivamente porque la Pascua se alejaba 11 minutos cada año. «A este paso nuestros bisnietos la celebrarán en agosto», bromeó un día Francisco. Por su parte, las confesiones protestantes, surgidas tras la reforma de Martín Lutero (1483-1546), celebran la Pascua en la misma fecha que los católicos, aunque para ellos se trata de la conmemoración de la Última Cena y no de la resurrección de Jesucristo.

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Bergoglio explicó días atrás que se trata de encontrar juntos «una fecha fija para celebrar la Resurrección el mismo día en Roma, Constantinopla (Estambul) y Moscú». En Turquía vive el Patriarca o Papa que los ortodoxos consideran un «primero entre iguales» para todas las iglesias o comunidades ortodoxas, que de hecho son autónomas, no como las católicas. En Moscú reside el Patriarca ruso, que dirige la mayor comunidad ortodoxa y ejerce una especial influencia sobre lo que hacen las otras iglesias ortodoxas, principalmente en lo que se refiere a las relaciones con el Papa de Roma.

Sobre la futura fecha de la Pascua ya existen contactos entre los patriarcados de Constantinopla, Moscú y el Papa de los coptos egipcios. Según algunas fuentes, estarían trabajando sobre la hipótesis del tercer domingo de abril y del meridiano de Jerusalén (los judíos celebran su Pascua casi como los católicos). Sin embargo, es poco probable que los ortodoxos acepten sin más adaptarse a los cálculos de Roma, que consideran más alejados de los orígenes cristianos. Más bien esperan que suceda al revés. Lo discutirán en el 2016, en un concilio de todas las iglesias ortodoxas, un evento extraordinario.