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Heredar el sufrimiento

Un estudio de la PAH y del Observatori DESC afirma que los niños de familias afectadas por un desahucio tienen 5 veces más problemas de salud

Entre los mayores afectados hay más problemas mentales

TONI SUST
BARCELONA

A falta de pisos, los hijos de los desahuciados heredan su sufrimiento, lo viven con ellos, les marca. Es algo que parece de sentido común, era de prever que los niños que viven en familias que han perdido sus viviendas por impago de la hipoteca arrastrasen algún peso emocional por esta circunstancia, pero el Observatorio DESC y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), con la ayuda de varios investigadores, se propusieron averiguarlo y para ello encuestaron a 905 personas de familias que han vivido un proceso de ejecución hipotecaria, el que se abre por impago, que no necesariamente acaba en desahucio, pero que supone vivir la misma angustia en el proceso. Los autores del informe les hicieron las mismas preguntas que incluye la encuesta de salud que la Generalitat elabora cada año. En el caso de los niños responden los adultos, al igual que en la encuesta de salud.

Las conclusiones del 'Informe de emergencia habitacional en Catalunya. Impacto de la crisis hipotecaria en el derecho a la salud y en los derechos de los menores' son contundentes: si en general el 3,8% de los niños padecen problemas de mala salud, entre los de familias que han sufrido una ejecución hipotecaria el porcentaje es casi cinco veces superior: el 15,2%. En general, se aprecian síntomas de tristeza en un 10% de los menores, frente al 50% de los de familias afectadas. Solo el 17% de los niños de familias desahuciadas (o que han estado a punto de serlo) tienen buenos resultados escolares, frente al 48% general. Entre los mayores de esas familias, el 88% tienen algún rasgo de mala salud mental, frente a solo el 13% de la población general.

RELACIONES FAMILIARES

El estudio aporta testimonios de familias que explican cómo complica la vida un problema de vivienda, lo que resulta significativo si se tiene en cuenta que en el 55,8% de los hogares en proceso de ejecución hipotecaria viven familias con niños. El informe alerta del rechazo de algunos niños a sus padres por culparles del impacto emocional que supone perder la vivienda o vivir con el riesgo de perderla, o vivir en ella tras ocuparla después de perderla. El patrón de renuncias al que obliga la dificultad suele ser parecido: el 75% de las familias han tenido que abandonar una o más actividades extraescolares de sus hijos: la mitad deja primero las actividades deportivas del niño.

Para Glòria Estopinyà, adjunta de Pediatría del Consorci Sanitari de Terrassa, toda esta música tiene lógica: «La definición de salud no es ausencia de enfermedad, es un estado completo de bienestar físico, mental y social. La salud del niño tiene que verse en el contexto de la sociedad, de la familia, de la escuela». Estopinyà explica que en estos tiempos llegan a urgencias pediátricas niños con dolores torácicos, dolor de cabeza. «Cuando empiezas a preguntar encuentras un porqué que no siempre es físico». Lo que afecta a la familia, dice, afecta al menor. Una brusca quiebra económica familiar, un cambio de colegio, dejar las extraescolares por falta de dinero. Son situaciones con secuelas, como dejar de hacer deporte, una actividad que, subraya Estopinyà, «mejora el rendimiento escolar, disminuye la ansiedad y mejora la socialización.

DIETAS INVIABLES

La pobreza tiene otros efectos, como el de la obesidad a causa de la mala alimentación, también motivada por la falta de recursos económicos. La doctora Estopinyà cita a una colega suya, endocrina, que se ha topado con la siguiente situación: el niño no puede hacer la dieta que ella le recomienda porque come gracias a bancos de alimentos, lo que obliga a repetir plato a menudo. Esos macarrones con tomate, que tan buenos son a menos de que toque comerlos dos veces al día durante toda la semana.