Violencia a través de internet

Puertas de retrete digitales

Las redes sociales se han convertido en nuevas paredes de aseo donde proliferan las burlas, el acoso y la difamación

El linchamiento en internet llega a más personas y causa más daños

Taller de mediación 8 Alumnos de tercero de ESO del IES Torre Vicens, durante una charla sobre el acoso.

Taller de mediación 8 Alumnos de tercero de ESO del IES Torre Vicens, durante una charla sobre el acoso. / JAVIER MARTÍN / DEFOTO

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EVA VISA / LLEIDA

Las redes sociales son ahora las nuevas puertas de los retretes donde quedaban reflejados mensajes anónimos de toda índole. En ellas, las burlas, la difamación, los insultos, las humillaciones y las amenazas son diarias. Como en los aseos, los gamberros logran su objetivo sin revelar su identidad. Acosar en la sombra se convierte en la principal diversión, sin saber que el daño causado dejará marcas para siempre en la personalidad de la víctima.

El patrón se suele repetir: un grupito aúna la máxima crueldad para amargarle la vida a la víctima, casi nunca elegida al azar. Varios acosan, pero aún son muchos más los que ven y callan. El linchamiento a través de las redes sociales llega a muchas más personas y el daño es a veces irreparable.

Los casos más graves se detectan en el primer ciclo de la ESO. Uno de los que más se repiten es la divulgación de fotos íntimas. Acostumbran a ser chicas que, confiadas, envían imágenes comprometidas a sus parejas. «Creen que la relación durará toda la vida y cuando esta se acaba el chico las pasa a sus amigos, con lo que llegan con gran rapidez a los móviles del resto de alumnos», explican los responsables de los centros consultados.

Delito tipificado

En España, esta práctica está tipificada como delito en el Código Penal. A raíz del caso de la difusión de un vídeo erótico de la exconcejala de Los Yébenes (Toledo) Olvido Hormigos, la ley castiga la «divulgación no autorizada de imágenes o grabaciones íntimas, incluso si se han obtenido con consentimiento de la víctima». En un instituto de Lleida, una adolescente de 14 años colgó en las redes sociales una imagen en la que posaba en toplés. La dirección puso los hechos en conocimiento de las instancias judiciales, que acabaron retirando la tutela de la menor a la familia que la tenía a su cargo. El mensaje de policía y profesores es claro: cuando subes a la red o mandas datos o fotos sobre tu vida privada pierdes el control para siempre.

Otro ejemplo es la creación de grupos de WhatsApp para humillar a una persona. En un instituto explican que se creó el grupo 10 maneras de pegar a Alberto. También son frecuentes en la red las encuestas en la que se pregunta quién es el más imbécil del instituto o quién la chica más promiscua. La psicóloga del instituto Torre Vicens de Lleida, Pilar Atienza, afirma que es crucial parar cuanto antes la jauría digital.  «Les dejamos muy claro que lo que queremos no es que sean amigos. Les pedimos que convivan. Todos tienen derecho a venir tranquilos al instituto».

Con las nuevas tecnologías, el ciberacoso ya no se limita a insultos en el horario escolar, sino que se prolonga todo el día. La víctima no puede huir ni defenderse. El adolescente perseguido vive atormentado mientras el acosador se siente impune tras el anonimato que le da la pantalla.

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Los motes despectivos, las burlas y el hostigamiento en internet llevan a la víctima a vivir un verdadero suplicio. La mayoría de los alumnos que sufren acoso no comparten su situación con un adulto y sus estudios y las relaciones familiares y con los amigos se ven seriamente afectados. La pérdida de autoconfianza y de autoestima puede tener graves consecuencias para su desarrollo como persona.

Los adolescentes suelen llevar mochilas llenas de tecnología pero vacías de experiencia. De momento, los Mossos ya han formado a 700 alumnos y muchos de ellos han cambiado su forma de actuar en internet, señalan sus tutores. «Si cada uno de los chicos aplica lo que ha aprendido en su entorno más inmediato, este programa ya habrá sido todo un éxito», afirma Atienza.