más de 3.000 figuras recrean la historia

La batalla se libra en casa

Un holandés afincado en Girona que heredó el diario de guerra de su tatarabuelo compone una maqueta récord de la contienda

El holandés Albert Diks, ante una parte de la enorme maqueta que ha montado con 3.000 piezas en su castillo.

El holandés Albert Diks, ante una parte de la enorme maqueta que ha montado con 3.000 piezas en su castillo. /

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PATRICIA CASTÁN

Solo le falta la sangre, que corrió por litros aquel 18 de junio, y el hedor a muerte, orines y suciedad, tras una campaña previa de cien días que acabó con la historia militar de Napoleon. Pero se puede asegurar que, en la batalla de Waterloo que Albert Diks ha recreado en forma de maqueta de 18 metros cuadrados, apenas falta un detalle gráfico de lo que fue aquel infierno de pólvora y destrucción. Más de 3.000 figuras de plomo coleccionadas durante medio siglo por este holandés, afincado en el Empordà desde hace 15 años, recrean en miniatura los últimos días de gloria de sus tropas.

El impacto de este monumento a la paciencia y la pericia manual no bastaban a este fanático de la figura de Napoleón. «Me di cuenta de que lo sucedido tenía muchos escenarios, pero no se entendía», relata a este diario. Así que remató su proeza de coleccionista -firma la maqueta récord de Europa y posiblemente del mundo- impulsando un cortometraje prodigioso, Napoleon's Waterloo, donde una grave voz en off da cuenta de lo esencial del combate mientras la cámara enfoca sus figuritas, casi vivas.

Diks lleva la huella de Waterloo en el ADN. Su tatarabuelo sobrevivió a la batalla y dejó constancia con un diario de aquellos negros días. «Hay hambre, frío y sufrimiento», relataba. Su abuelo le enseñó ese documento de familia cuando apenas tenía 10 años y el pequeño Albert se enganchó al instante a la «magnética» historia y figura de Napoleón y cuanto sucedió en aquella matanza. Desde entonces, ha devorado más de 1.500 libros sobre el cuestionado estratega militar y ha pintado a mano 500 de sus soldaditos de plomo. «Hay que utilizar un pincel de dos pelos y aguantar la respiración, porque no puedes hacer las dos cosas a la vez», enfatiza.

Cada pieza es un prodigio de detalle en indumentaria, expresividad y poderío. Se diría que laten mientras apuntan con un fusil, caen vencidos o hacen pis tras una tienda de campaña. El resto de las tropas, cañones y adornos los ha adquirido a coleccionistas de medio mundo o en tiendas únicas de Londres, París y Girona. Por no hablar del montaje con sus dos manos de la gigantesca maqueta en una gran pecera de cristal donde cada tramo del terreno de guerra se reproduce con meticulosidad.

Tan complejo es el relato que en los últimos tiempos ha ampliado escenarios con varias vitrinas. Incluso la que ilustra la visita de Napoleón a Egipto. A un año del bicentenario, empezó a trabajar en el nuevo reto para culminar esa adictiva pasión que le llevó incluso a la separación de su anterior pareja. Un amigo le hizo el guion, logró embarcar en la gesta al director Bas van Teylingen y al presentador británico Redmond O'Hanlon como voz.

Una pequeña locura

Cinco días de rodaje dieron para las 327 escenas de la minipelícula que resume el episodio de Waterloo con el apoyo de efectos sonoros y un realismo increíble para una grabación donde todos los protagonistas miden entre 55 y 60 milímetros y no se mueven ni un ápice. Diks presentó hace unos días el documental en el marco de una gala napoleónica creada por chefs que sumaban ocho estrellas Michelin, platos inspirados en la contienda y figurantes ataviados como las tropas francesas de la época.

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Una pequeña locura al alcance de un hombre singular que ya cumplió otro sueño infantil al adquirir el ruinoso Castell d'Empordà en 1999 y rehabilitarlo por completo para levantar con éxito un hotel de cuatro estrellas y ocho siglos de historia con ese mismo nombre a pocos kilómetros de la Costa Brava. «Cuando de niño veraneaba en un cámping de la zona con mi familia ya pensaba que algún día compraría un castillo», sonríe. La fortuna que hizo con una cadena de tiendas de mobilario en su país fue la plataforma para un presente plácido de regusto catalán con su mujer, Margo, en el corazón del Empordà, que veneran.

Con la esperanza secreta de tratar de contagiar su hobi vital, la maqueta está expuesta para clientes (o en ruta guiada de visita) entre los gruesos muros de piedra, donde también se emite el corto de 14 minutos y este año hasta sirven menús napoleónicos. Inmersión total.