EL ACCESO A LA UNIVERSIDAD

Selectividad con catáfora

La figura literaria se convierte en la estrella del primer día del examen

Los estudiantes suscriben que la prueba de lengua castellana fue más fácil y más breve que la de catalán

 Estudiantes y profesores consideran accesibles las preguntas de las dos primeras pruebas de la selectividad. / FERRAN NADEU / Vídeo MONICA PELLICCIA

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ANTONIO MADRIDEJOS / CERDANYOLA

 

La tensión acumulada durante un año se liberó de repente para los 32.000 estudiantes catalanes que ayer iniciaron las pruebas de selectividad con los exámenes de lengua castellana y lengua catalana. Había nervios, pero luego «la dificultad no fue nada del otro mundo», como suscribieron la mayoría de quienes realizaron la prueba en la Escuela de Ingeniería de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), en el campus de Bellaterra. Rut, del colegio Sagrada Familia de Sabadell, resumió el sentir general: «Me lo esperaba peor».

Ante el papel, lo primero era un comentario de texto con dos opciones: o bien un relato breve del escritor chileno Luis Sepúlveda extraído del libro 'La lámpara de Aladino', o bien un fragmento de una obra traducida del economista Muhammad Yunus, el premio Nobel de la Paz conocido como el banquero de los pobres. Ambas posibilidades incluían como complementos preguntas sobre obras de Pedro Salinas Cristina Fernández Cubas trabajadas a lo largo del curso.

Y a continuación, en la parte común, dedicada a la «reflexión lingüística», venía una sorpresa o relativa sorpresa: «Nos han pedido que definiéramos lo que significa catáfora y que pusiéramos algún ejemplo», decía con naturalidad el estudiante Carles Camp, también de Sabadell. La «catáfora», que algunos confundieron ayer con «anáfora», es una figura literaria que se utiliza para anticipar parte del discurso que aún no se ha enunciado o mencionado, como en los casos de «a 'quien' yo vi primero fue a Luis» o «Le enseñó 'algo' que le asustó: un frasco de veneno».

«Si han realizado las lecturas obligatorias a lo largo del curso se y han seguido las clases sin problemas, lo saben todo, incluso lo de la catáfora. Todo formaba parte del temario», insistió Elisabeth Rossell, responsable de Lenguas del colegio Sagrada Familia del barrio barcelonés de Sant Andreu, que acudió a la UAB a acompañar a sus alumnos.

Auschwitz y ciencia ficción

 

En el examen de catalán, los textos opcionales fueron un fragmento de la novela 'El violí d'Auschwitz', de Maria Àngels Anglada, y el artículo 'Novel·les de ciència. La ciència i la tecnologia en la literatura', de Miquel Barceló, publicado en la revista Mètode. Debían responder además diversas preguntas -marcar verdadero o falso- acerca de dos obras de lectura obligatoria, 'El Cafè de la Granota', de Jesús Moncada, y 'El Cafè de la Marina', de Josep Maria de Sagarra. Y luego había una retahíla de preguntas tipo test con cuatro respuestas posibles y un nuevo paquete de preguntas sobre gramática y sintaxis con huecos para rellenar, como en el caso de la frase «El jugador (...) et vaig parlar ha fitxat pel Joventut». O bien: «No tinc (...) de gana, crec que estic malalt». ¿Se coloca «gens» o «res»?

Kimberly, estudiante del colegio Sagrada Famílía de Sant Andreu que aspira a cursar un grado de empresariales con management, calificó de «asequibles» los dos primeros exámenes, «especialmente la prueba de lengua castellana», un sentimiento suscrito también por Helena, del colegio Maristas de Les Corts, en Barcelona: «Los comentarios de texto se parecían, pero la parte común era más fácil en castellano».

Andrei Camilatos, estudiante del colegio La Salle Congrés, de Barcelona, comentó por su parte que, más allá del grado de dificultad, la prueba de catalán le había resultado «más larga» que los modelos de otros años. «Quiero estudiar Derecho en la UPF, por lo que necesito algo de nota», reconoció. Una novedad de este año, como destacaron negativamente algunos alumnos, es el hecho de que las cuestiones no contestadas en el examen de catalán tenían un descuento de 0,1 puntos, algo que no sucedía en el examen de lengua castellana.

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Helena llevaba un 9,5 de nota media en el bachillerato, pero no podía confiarse, como explicaba, porque aspira a entrar en Medicina. «Creo que Química, que la llevo como asignatura específica, también me ha ido bastante bien», dijo esperanzada. El lunes, la estudiante de los Maristas se fue a dormir pronto en previsión de que le costaría conciliar el sueño, como así fue, y porque había quedado con unos amigos por la mañana, a las 7.15, para acudir juntos al examen. «Nervios llevamos todos, pero cuando empiezas a escribir te olvidas», declaró. Algo parecido comentó Clara Martínez, del colegio Sagrada Família de Sabadell, que también aspira a entrar en Medicina (sus alternativas son Biotecnología, Genética y Biología Humana): «He estado con nervios los últimos días, pero justo el lunes casi estallé y entré en una fase de relax. Hoy he venido tranquila», dijo.

Ángela Martínez, del Instituto Bellulla, de Canovelles, concluyó con cautela: «Lo difícil vendrá el miércoles y el jueves. No se trata de aprobar, sino de sacar nota». Si se cumplen sus deseos, cursará Microbiología en la UAB.