28 nov 2020

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Gente corriente

Roberto Giménez: «Para mí el periodismo ha sido como un sacerdocio»

Gemma Tramullas

Curioso, lenguaraz, culto, socarrón, tradicional y currante hasta la extenuación, fue director del histórico semanario Revista del Vallés -que llegó a tener 72.000 lectores- hasta que una rara enfermedad neurodegenerativa le apeó prematuramente de su vocación. Pese a sus crecientes dificultades de movilidad y del habla, ha puesto a prueba su capacidad de escritura torrencial en unas explosivas memorias en las que se desnuda a sí mismo y al poder local. A la venta en la librería Carbó y quioscos de Granollers.

SEnDCasi treinta años y un día. El título de sus memorias parece una condena.

-Me faltó poco para cumplir 30 años en la dirección de La Revista del Vallés, de ahí lo de casi. Y lo de un día es como una condena por dos motivos: porque para mí el periodismo siempre ha sido un sacerdocio y porque a causa de la enfermedad vivo como un abuelote a una edad que no considero provecta.

-¿Por qué escribe?

-No entiendo la vida sin escribir, vivo para escribir; escribiendo desaparece el tiempo y desaparece todo.

-¡3.000 páginas en 14 volúmenes!

-Mis memorias son como los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Dejé de trabajar en noviembre del 2012 y empecé a escribir mis memorias a las 12 horas del día 12 del mes 12 de 2012. 12 del 12 del 12 del 12.

-Toda la vida escribiendo sobre los demás y ahora escribe sobre usted.

-¡Ojo! Durante mi último año de ejercicio ya tenía poca movilidad y mi mujer me llevaba y me recogía de la redacción de El Vallès. El no poder desplazarme me obligó a darle la vuelta al calcetín de mi periodismo y estrené una sección titulada Diario del Director en la que contaba en primera persona lo más interesante que había hecho durante el día. Se convirtió en la sección más leída.

-¿Le costó el tránsito a la primera persona?

-No. Mi periodismo siempre ha sido subjetivo; es más, critico al periodista que dice ser objetivo porque eso es imposible. Todo lo que vemos pasa por el filtro del instinto, del pensamiento y de la experiencia. Lo fundamental en un periodista no es que sea objetivo, sino que sea honesto. La objetividad es un invento para quedar bien.

-¿Qué es para usted la honestidad?

-Tengo una concepción cristiana de la vida y de lo que es el bien y el mal y siempre he intentado ser fiel a mis principios.

-¿Cuántas veces han puesto su honestidad a prueba en estos 30 años?

-En mis memorias tengo un capítulo sobre las corrupciones que he visto, que he vivido y las veces que me han tentado. También tengo otro dedicado a querellas y demandas. Me han puesto una docena y las he ganado todas menos una.

-También confiesa que se ha equivocado muchas veces. ¿Podría citar algún caso?

-Con el socialista Josep Pujadas fui muy duro y con los años me he dado cuenta de que, aunque no haya sido el mejor alcalde de Granollers, es un buen hombre y yo valoro a las personas honestas. También he cometido estupideces, como escribir el nombre de Eudald Balcells, de ERC, como Eudaldo solo para fastidiar.

-¿Qué noticia hubiera deseado publicar?

-En los años 70 Granollers era la ciudad más envidiada de la provincia, pero perdió ese empuje frente a Sabadell, Vic y Mataró, que tuvieron alcaldes con más empuje y se convirtieron en ciudades universitarias. Ojalá hubiera podido publicar que Granollers cogía el tren universitario.

-Usted siempre dice que de los percances más duros aparecen inesperadas rosas.

-Yo tengo tres lemas. El primero es profesional: Prohibido aburrir. El segundo lo aprendí de mi padre: Nunca te quejes. Y el tercero es: Nunca te rindas.