ALERTA SANITARIA OFICIAL

Un niño no vacunado, muy grave en la UCI a causa de la difteria

El pequeño, de 6 años, es el primer infectado en los últimos 30 años en España

Los pediatras reclaman que un organismo oficial obligue a la vacunación infantil

Entrada principal del Hospital del Vall d’Hebron.

Entrada principal del Hospital del Vall d’Hebron. / ELISENDA PONS

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ÀNGELS GALLARDO / BARCELONA

Un niño de 6 años, vecino de Olot (Garrotxa), en quien se ha confirmado el primer diagnóstico de difteria está ingresado desde el pasado sábado en situación muy grave en una unidad de cuidados intentivos (UCI) pediátrica del Hospital del Vall d'Hebron. La vida del pequeño, que no había recibido ninguna de las cinco dosis de vacuna antidiftérica que corresponderían a su edad, afrontaba anoche un «riesgo importante», confirmó Antoni Mateu, responsable de la Agència de Salut Pública, que agradeció públicamente la movilización desplegada en las últimas 72 horas por los técnicos del Ministerio de Sanidad en busca de las dosis de antitoxina diftérica que podrían salvar la vida del pequeño. «La han buscado por todo el mundo, y la han localizado en Rusia y Francia», concretó Mateu. El niño recibió el fármaco en la madrugada del pasado lunes.

El bacilo diftérico, que se adquiere al aspirar el estornudo o la tos de quien es portador sin necesidad de estar enfermo, afecta en primer lugar a las amigdalas, causando un intenso dolor de garganta, e inmediatamente produce unas placas membranosas y sangrantes que tienden a desplazarse hacia el resto de vías respiratorias. En pocas horas, afecta a los pulmones, el corazón y los riñones. Resulta mortal para entre un 10% y un 15% de los enfermos.

La vacuna antidiftérica, a la que se atribuye una eficacia superior al 95%, forma parte de los calendarios oficiales de vacunación de Catalunya y del resto de España. Contiene bacilos sometidos a formol y calor que hacen «imposible» contraer la difteria a partir de su vacunación, aseguró José María Bayas, epidemiólogo del Hospital Clínic. La vacuna se ofrece en seis dosis que se inician a los dos meses de vida y concluyen a los 14 años. Un 95% de los niños españoles la han recibido, calculan los responsables sanitarios. No fue así en el caso del niño de Olot, según confirmó el Ministerio de Sanidad en una alerta distribuida a todas las comunidades españolas. La familia del pequeño enfermo, de nacionalidad española, ha sido objeto en las últimas horas de una vacunación general antidiftérica y recibe tratamiento antibiótico preventivo, indicó Mateu. Esta misma actuación se ha ofrecido a los compañeros de clase del pequeño y a los sanitarios del Hospital de Olot que lo atendieron el pasado 27 de mayo, cuando ingresó afectado por fiebre muy alta y dolor de garganta. La vacunación siempre es voluntaria. «Todos se han vacunado», aseguró Mateu.

El hecho de que, al parecer, el pequeño no hubiera sido vacunado por expresa decisión de su familia, que sería contraria a este tipo de medidas preventivas, motivó ayer la indignación de numerosos pediatras. «No debería ser posible que unos padres decidan no vacunar a su hijo y dejen al menor indefenso -afirmó Ferran Moraga-Llop, presidente de la Societat Catalana de Pediatria-. Es una vergüenza que en el siglo XXI, en un país occidental, un niño esté en la UCI por una difteria contra la que disponemos de vacuna eficaz». En nombre del resto de sus colegas, Morera-Llop abogó por que una institución oficial, y citó a la Fiscalía de Menores y a la Direcció General d'Atenció a la Infància, supervise «u obligue» a las familias reacias a la vacunación de sus hijos.

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El responsable de Salut Pública no compartió esta posición. «Creemos más en la persuasión que en la obligación -indicó Mateu-. El 95% de la población ya vacuna a sus hijos. Lo importante es difundir los beneficios de esta prevención y la ausencia de riesgo. La eficacia de la vacuna antidiftérica no está en discusión».

Los epidemiólogos que tratan de determinar el origen de la infección del niño de Olot desconocían ayer el foco del contagio. Los primeros síntomas se manifiestan tras un periodo de incubación de unos cinco días. Los investigadores siguen los movimientos que realizó el pequeño enfermo en ese periodo previo.