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Toni Aguilar: «Ayudar no es tan sencillo; se aprende ayudando»

POR
Olga
Merino

El encuentro tendría que haberse producido aquí, en casa, donde el entrevistado se encontraba visitando a la familia después de 14 años de ausencia. Sin embargo, el terremoto del 25 de abril precipitó el rápido regreso a Nepal de Antonio Aguilar Panadés (Barcelona, 1952). Justo un mes después, recuperamos la conversación vía Skype.

-Dos seísmos seguidos. ¿Cuál es ahora mismo la situación en Katmandú?

-Sobre todo hay sensación de tristeza e inseguridad. Debemos recuperar la esperanza y reconstruir; el lamento sirve de poco.

-¿Qué se precisa? ¿Agua potable? ¿Alimentos? ¿Toldos?

-Primero fueron los toldos y el agua potable, pero ahora ya empieza a necesitarse comida. Muchas familias lo han perdido todo y han de reanudar sus vidas bajo una lona.

-Y está por llegar la estación de las lluvias.

-Esperamos el monzón en dos semanas. En el campo, la tierra removida puede llevarse por delante cosechas y pueblos enteros. En la ciudad, muchos edificios están sin techo, y las lluvias torrenciales no ayudarán.

-¿Ha resultado afectada su oenegé?

-Tenemos una casa de acogida y centro de ayuda llamado Kumari House, La Casa de las Princesas. Solo hemos sufrido rasguños en comparación con otros inmuebles.

-¿Qué reciben los críos en Kumari House?

-Encuentran una familia, alimentos, vestido, escuela y todo lo que una persona necesita para vivir decentemente. También atención médica. Ahora tenemos 20 niñas en acogida, pero intuyo que vendrán más.

-También ayudan a las viudas. ¿Por qué?

-Las mujeres que enviudan en Asia son marginadas. No les alquilan habitaciones, ni les permiten asistir a fiestas, ni vestir de rojo como las mujeres casadas. Piensan que traen mala suerte. Si tienen hijos en edad escolar, quedan en el más absoluto desamparo.

-¿Por qué bautizó su proyecto como The Direct Help Foundation (TDHF)?

-Vi en un mercadillo que se estaba vendiendo ropa que había enviado Cruz Roja, ropita como la que entrega la gente en sus casas. Pensé entonces que debía crear una oenegé que la entregara directamente a quien la necesitase, con el mínimo gasto de estructura. De ahí surgió el nombre: Fundación para la Ayuda Directa.

-El tú a tú es más eficaz.

-Sin lugar a dudas. Cuando una persona ayuda directamente a otra, sabe por qué lo hace, conoce sus necesidades y aprende lo que significa ayudar. No siempre es tan sencillo; a ayudar se aprende ayudando.

-Ciertas oenegés se han desprestigiado.

-No se tiene que cobrar un salario por ayudar. Pienso que esa es la diferencia entre la ayuda humanitaria directa y el aprovecharse de las desgracias ajenas. Hay organizaciones que viven gracias a los pobres y otras que viven para ayudar a los pobres.

-¿Usted no cobra?

-Los miembros de TDHF en Nepal trabajamos produciendo inciensos y buttis (pequeña artesanía), de manera que no somos una carga para la fundación.

-¿Cómo se financian?

-Tenemos pocos socios pero muy fieles, y todo lo que se recauda -unos 4.000 euros al mes- llega íntegro, excepto los gastos bancarios. Quien quiera puede informarse sobre nuestros proyectos en la web (www.tdhf.ibernet.com).

-¿Algo que no olvidará de estos 15 años?

-La valentía y entereza de mi esposa, Maiya, una mujer joven viuda a la que habían casado a los 15 años con un hombre a quien conoció el día de la boda. Se quedó con tres hijos pequeños. Ella representa la historia de muchas mujeres en Nepal.