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Francesc Soler y Mireia Pablo: «Escolarizar a cinco niños es cambiar todo su entorno»

Amables, me reciben en la sede de la oenegé Adane Barcelona, que es su piso en Nou Barris.

Francesc Soler y Mireia Pablo: «Escolarizar a cinco niños es cambiar todo su entorno»

ÁLVARO MONGE

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CATALINA GAYÀ

-¿Quién es Carlos Gangas?

-Francesc Soler:  Un gran amigo. Decidió que se hacía cura para irse a África.

-Mireia Pablo: Ha hecho posible todo esto.

-Carlos se fue a Togo en 1986. ¿Cómo surge Amics per al Desenvolupament a l'Àfrica Negra (Adane)?

-F: Un grupo de familias que lo conocían se juntaban para jugar a cartas y ponían un dinero que les servía para la merienda. Un día que Carlos estaba aquí, en 1989, les explicó que con ese dinero una familia en Togo comía, no sé, seis meses. Decidieron que enviarían el dinero a Togo.

-Siga.

-F: Enviarlo a su cuenta era un problema. Por eso creamos la asociación. Nos llamamos Amigos de la Misión Católica de Togo. Cuando se fue a Mozambique, creamos Adane.

-Explíqueme el recorrido de Carlos, que entiendo es el mismo de Adane.

-M: Nueve años en Togo, otros nueve en Mozambique y luego Chad. Siempre ha trabajado pensando que hay que crear infraestructuras, dotarlas de autoabastecimiento, y luego dejarlo en manos de la comunidad e irse…

-¿Y la función de la oenegé?

-M: Primero recogíamos dinero porque Carlos lo necesitaba. Cuando se fue a Mozambique entramos en la rueda de las subvenciones para infraestructuras educativas.

-¿Y siguen las ayudas?

-M: Se acaban cuando Carlos se fue a Chad, en el 2005.

-F: Hay facilidad para cooperar si son países prioritarios, es decir, si el Estado tiene interés por una u otra razón. Chad no lo es.

-Entiendo que hay Adane en varios lugares de España.

-M: Sí, Carlos las agrupa a todas y cada Adane es independiente.

-¿Cómo cambia el papel de una oenegé que nace  en los 80?

-F: Como entidad, poco; pero el escenario, mucho. Hemos visto cómo se profesionalizaba este mundo.

-Y a pesar de ello siguen.

-M:  En el 2000 fuimos a Mozambique. Estar ahí te conciencia de que hay que seguir.

-F: Ahora conseguir dinero para crear infraestructuras educativas, que es lo que hemos hecho siempre, es muy difícil. Colaboramos con proyectos productivos y hacemos un trabajo de sensibilización.

-¿Y qué hacen?

-M: Talleres de costura. Nos enteramos de que una fábrica cambiaba máquinas textiles y las enviamos a Mozambique.

-¿Y en Chad?   

-M: Aparte de la escuela, un proyecto importante es una red de seis cajas de ahorros. No había entidades y los maestros tenían que desplazarse hasta 100 kilómetros para cobrar cada mes. Además, dan créditos para agricultura, escolarización...

-¿Cómo les cambia el vínculo con África?

-M: Creo que en la manera de funcionar: somos conscientes de que somos privilegiados y de que mucho de lo que tenemos es a costa de lo que no tienen ellos.

-¿Cuándo llega esta conciencia?

-M: Cuando tienes relación con ellos. Aquí solo llegan todas las desgracias, pero hay muchísimas cosas buenas. Tienes que dedicarte a descubrirlas. Empiezas a informarte y te das cuenta de que el expolio sigue.

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-¿Hay que potenciar la cultura de las pequeñas oenegés como sucede en el Reino Unido?

-F: El el discurso oficial es: «Dejemos que las grandes entidades hagan». Nosotros no pretendemos hacer grandes misiones. Si cambiamos la vida de cinco personas escolarizándolas, cambiamos su vida y la de su entorno. Es una gran satisfacción personal.