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Gente corriente

Carlos Iglesias: «El nuevo analfabetismo es no saber tecnología»

Carme Escales

¡Adelante! Tienes 7 años, suficientes para programar un robot. Al fin y al cabo, eres nativo de la tecnología, perteneces a la generación touch y flipas con iPads y videojuegos. ¿Por qué no juegas a crear tecnología en lugar de solo jugar con ella? Este podría ser el resumen del mensaje que llega envuelto en Vailets HackLab, los talleres de programación tecnológica que imparten padres y madres, de forma altruista y en horas no lectivas. Carlos Iglesias (Barcelona, 1976) es uno de los instigadores de esta peculiar misión.

-Yo me lo como, yo me lo guiso. Bien, pero... ¿y aquellos padres que atribuyen a la hipertecnificación mayor deshumanización?

-Precisamente, se trata de enseñar a los niños y niñas que detrás de cada videojuego y aparato tecnológico, hay una persona que los programa, y que esa persona pueden ser ellos. Más que enseñar a programar, queremos despertarles esa conciencia y estimular su creatividad, adentrarles en la tecnología para abrir su cerebro y motivarles a expandirse también en temas que les interesan.

-Descubrí Vailets HackLab por unas jornadas abiertas a todo el mundo en CosmoCaixa. Por lo tanto, ¿no son un grupo cerrado que se mueve solo entre escolares de ampa que solicitan uno de sus talleres?

-Básicamente, el centenar aproximado de padres y madres que formamos parte de la comunidad de Vailets HackLab, a través de las ampas vamos llegando a alumnos de diferentes escuelas. Lo hacemos en horario no lectivo, pero en realidad, nuestro objetivo es impactar en los centros educativos y en la sociedad en general. Por eso, también programamos jornadas de puertas abiertas a padres y maestros sensibles a nuevos retos de la enseñanza. Responsables de la Obra Social la Caixa descubrieron nuestros talleres en la fiesta de la ciencia en la Ciutadella y nos invitaron a montar uno en CosmoCaixa. El 7 de junio haremos otra jornada para maestros en el Ateneu de Fabricació de Les Corts [Novell, 78. De 10 a 18 horas].

-¿Va filtrando su mensaje en el aula?

-Poco a poco, sí. Ahora en la escuela de mi hija monitorizaremos un taller de investigación. Hemos logrado entrar en horas lectivas. Esa es nuestra misión hacker.

-¿Hacker? Eso suena mal.

-Sí, porque la sociedad se suele referir al hacker como al infiltrado en softwares y hardwares para dañar, pero eso es un cracker. Un hacker entra para comprender, construir y mejorar los sistemas. Nosotros queremos hackear la educación, intentamos inocular en las escuelas la curiosidad de los alumnos para una educación basada en proyectos inspirados en sus intereses, como personas singulares que son.

-En realidad, ¿para motivarlos a qué?

-Los niños ya están motivados por algo, solo hay que darles recursos y retos para aprender, a partir de lo que les gusta. Nosotros podríamos usar la música para ello, pero lo que dominamos es la tecnología. Con ella, una herramienta cómoda para ellos, tratamos de motivarles a aprender y lograrlo será el triunfo de nuestra sociedad. Nuestro foco no es que aprendan a programar, sino que aprendan cosas.

-¿Lo motivaron a usted de pequeño?

-Yo era un estudiante mediocre, aprender era lo que más me gustaba, pero la escuela me desmotivaba. Desde la revolución industrial, el sistema educativo es memorizar contenidos, homogeneizar mentes, aún hoy, es una máquina de uniformizar cerebros bajo un mismo patrón, sin importar lo que más valor tiene de una persona, que son sus talentos individuales.

-¿Cómo despertó su talento 2.0?

-Yo soñaba ser programador de videojuegos, porque me encantaban. Me licencié en la primera promoción de Ingeniero Superior Multimedia de La Salle. Hace 20 años, era el futuro y hoy, en el siglo XXI, no saber tecnología es el nuevo analfabetismo.