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LA EDUCACIÓN, A DEBATE

El cole sin libros despierta entusiasmo pero también dudas

La adaptación a futuras etapas educativas, principal reparo de los escépticos

Los nuevos métodos pedagógicos suman apoyos entre padres y profesores

INMA SANTOS HERRERA / BARCELONA

Dos padres conversan sobre los modelos educativos tradicionales y nuevos. / Ana C. Baig

Sin libros, sin asignaturassin horariossin exámenes, por proyectos y con profesores que acompañan al alumno en su aprendizaje... Esta es la carta de presentación de la que se ha etiquetado como la escuela que viene, un modelo que algunos centros públicos de primaria y algún instituto ya aplican desde hace años. "Esta forma de trabajar potencia la creatividad de los niños y les aporta la capacidad de reaccionar de distinto modo ante distintos retos, y eso en la vida es una habilidad para el futuro", defiende con entusiasmo Ernesto Serrano (profesor universitario. 43 años). Un entusiasmo que es mayoritario en el debate abierto esta semana por EL PERIÓDICO sobre los nuevos métodos pedagógicos. Aunque también hay quien no lo ve claro, como Mónica Fabà (35 años. Ama de casa), que en una conversación con Ernesto expuso sus dudas sobre qué ocurrirá cuando los chavales deban adaptarse a la enseñanza tradicional en otras etapas educativas o simplemente "a lo que exige la vida".

"Bienvenida esta escuela, más que nueva, viva. Y no por hacer la enseñanza más divertida, sino porque servirá a las personas de ahora como la tradicional escuela sirvió a las de entonces", escribe por su parte Sergio S. Sánchez (Maestro. 38 años. Vilanova i la Geltrú). Es la escuela que cada vez más padres y profesores reivindican para esa transformación de métodos didácticos esperada como agua de mayo, si bien tiene sus detractores -"Hay que volver a la escuela de siempre, con exámenes, con respeto al profesor", dice Rosa Gutiérrez (Dependienta. 44 años. L'Hospitalet de Llobregat); "ahora solo se busca lo fácil y lo agradable" (Joaquín Durall. 73 años. Banyoles)-. Pero este no es un debate que se reduzca a detractores y defensores, sino más bien de profesionales y padres entusiastas y escépticos.

A SU RITMO

Ernesto apostó por la escuela pública La Llacuna, en Poblenou, para su hijo Erol (7 años, en segundo de primaria). Entonces, admite, no sabía qué era eso de trabajar por proyectos. "La metodología cuadraba y cuadra con mi visión de la educación: a los niños hay que acompañarlos en el aprendizaje y no dejarlo todo en manos del profesor". Como Ernesto, otros padres y profesionales creen en las ventajas de este sistema porque hace "que el aprendizaje se base en los intereses del niño, que él sea el que decida qué quiere aprender, cómo y cuándo (Tatiana Rodríguez. 22 años. Educadora infantil. Barcelona); porque permite "consolidar el conocimiento con debates moderados por formadores y en entornos interdisciplinares" (Carles Par. Antropólogo. 57 años. Barcelona); porque ayuda a "desarrollar todas las capacidades de manera transversal dando un verdadero significado a sus aprendizajes", dice Ernesto, y eso implica motivación.

A Mónica le cuesta hacerse a la idea. Ella escogió para sus hijos -Xavi (8 años) y Emma (3)- la escuela Joan Roca, un centro concertado que, pese a su apuesta por las nuevas tecnologías y otros métodos innovadores, se rige por un sistema tradicional. Sí, deberes cada día, exámenes, evaluaciones, asignaturas bien delimitadas, libros, horarios...

EL FUTURO

Mónica se hace eco de una serie de dudas comunes a otros padres que, como ella, no es que estén en contra de esa nueva metodología, sino que no le acaban de ver el encaje en una sociedad como la actual. "Es bonito que aprendan jugando y a su manera, pero la vida te exige un ritmo de trabajo, estar muy arriba... Creo que si empiezan desde pequeños es mejor que entrar de golpe en esa realidad", expone. Por otra parte, el sistema de sus hijos, aunque rígido a simple vista, también deja espacio a la creatividad y, aunque hay mucho esfuerzo individual, se potencia el trabajo en grupo, las emociones y los valores, sostiene. Y más a corto plazo, se pregunta por la continuidad más allá de primaria: "Si mis hijos siguen ese método sin exámenes ni deberes ¿podrán adaptarse a un instituto tradicional?".

Pero Ernesto hace días que despejó esas dudas -sí, las tuvo-. La primera promoción de La Llacuna ya ha dejado la escuela y saben, por los resultados, que los niños se han adaptado a sus institutos, la mayoría de metodología tradicional. "Hay una gran confusión: una escuela por proyectos no es una escuela anárquica", aclara Ernesto. No hay sillas para todos en el aula porque "no se sientan todos a la vez a escuchar la lección, se reparten por espacios", aprenden a su ritmo ("sí, guiados y bajo supervisión") y no hay evaluaciones, pero sí hay informes y unos objetivos por cumplir marcados por el Ministerio de Educación.

Son dos tipos de escuela, dos metodologías con un mismo objetivo.Ernesto no tiene claro que, como dicen, esta nueva escuela sea la del futuro. Para él es más bien una alternativa diferente que puede abrir una ventana a otra manera de ver las cosas. "Si quieres cambiar la sociedad has de tener gente preparada para hacerlo y esta puede ser una forma de contribuir", explica. Para Mónica, en cambio, es una apuesta de incertidumbre inviable sin cambios en esta sociedad. De un lado, entusiasmo e implicación; del otro, el miedo a lo desconocido.

Participa en el debate sobre nuevos métodos pedagógicos aquí.

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