DEBATE SOBRE LA REFORMA DE LOS TIEMPOS DIARIOS

Es hora de un nuevo horario

El plan bebe del ejemplo europeo pero adaptándolo a las costumbres locales

Govern y Parlament tratan de acordar una jornada laboral más concentrada

Debate sobre la reforma de los horarios.

Debate sobre la reforma de los horarios. / JOAN PUIG

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CARLOS MÁRQUEZ DANIEL / BARCELONA

En caso de existir, ¿viajaría el Ministerio del Tiempo a 1942 para evitar que Francisco Franco modifique los horarios laborales para adaptarlos a los de la Alemania de Hitler? Supondría cambiar la historia, algo a lo que no están autorizados los funcionarios de la aclamada serie de TVE, ¿pero valdría la pena saltarse la norma? Quizás en breve no haga falta apelar a la ciencia ficción para enmendar un capricho del dictador que, según los expertos y defensores del huso anterior al régimen, afecta a la salud, dispara el estrés y menoscaba la conciliación del trabajo con la familia. El Govern y el Parlament de Catalunya se han puesto a trabajar el tema, conscientes de que se trata de una reforma global, de un vuelco a los hábitos, a la tradición. Se ha superado la etapa de la sensibilización. Ahora, dicen, toca actuar.

El debate no es nuevo pero ha quedado algo enmarañado por una crisis cuyo efecto barrido no permitía discusiones que pudieran parecer superficiales. Este, sin embargo, no es un asunto liviano, pues dicen los que dominan la materia que la productividad crece un 20% en las empresas que avanzan la hora de entrada y comen en 45 minutos para salir antes. Defienden también que la fidelidad aumenta un 400% porque nadie quiere abandonar un barco que te abre la puerta a una vida más allá de la oficina. Como contrapunto, una cultura mediterránea más ligada a la libertad que a la rigidez, unos hábitos anclados al ADN social, una cultura laboral más vinculada al cumplimiento de las horas que al de los objetivos o, simplemente, el miedo a los cambios radicales.

REFORMA GLOBAL

El Gobierno catalán prepara para antes de agosto una propuesta de pacto con el resto de fuerzas políticas. En paralelo, una comisión de estudio del Parlament lleva meses debatiendo la materia junto a los miembros de la Iniciativa por la Reforma Horaria, y las conclusiones se conocerán en un par de semanas. La idea es que en el próximo mandato se dé forma a la modificación de la jornada laboral tras la cual se irán produciendo los cambio lógicos en ámbitos como el del comercio o el ocio. También la educación, que debería empezar antes las clases y repartir las largas vacaciones de verano durante el año. Los impulsores quieren que el cambio de chip, que deberá producirse de manera coordinada y a la vez, se haga coincidir con el inicio del curso escolar 2016-2017, pero con la cosa política de por medio, esa es una predicción muy melindrosa.

Al margen, será menester que los convenios colectivos de las empresas recojan el guante de la propuesta, que el Parlament legisle en la medida de lo posible para facilitar la modificación. Y, quizás lo más importante, que la sociedad haga suyo un proyecto pensado para su bienestar pero que de ningún modo se entendería desde la obligación, esto es, nada debe hacerse desde la imposición y el modelo único, pues habrá quien prefiera seguir comiendo en dos horas o quien sea un trasnochador voraz al que nada le entristecería más que irse a dormir cuando el día no ha terminado.

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NO SE PUEDE IMPORTAR

Se corre el riesgo de pensar que con adaptarse al horario inglés bastaría, que solo se trata de avanzar la vida un par de horas. Error. No se pueden importar los modelos británicos o francés porque, para empezar, los hábitos alimentarios son diferentes. Unos comen más y los otros desayunan fuerte. Deberá ser una reforma horaria a la española, con los riesgos que esto comporta. Y si es un éxito o un sonado fracaso, el tiempo lo dirá.