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«Hemos intentado hacer teatro popular de calidad»

IMMA FERNÁNDEZ / BARCELONA

Dos extraños vocablos que de crío se inventó Joan Ollé, con quien iniciaron su aventura escénica, dan nombre a la compañía pionera y estandarte del teatro musical catalánDagoll Dagom -integrada por Joan Lluís Bozzo, Anna Rosa Cisquella y Miquel Periel- cumplió en el 2014 40 años al pie del cañón. Lo celebraron volviendo a anclar, renovado, Mar i cel, su buque insignia. «Lo más difícil ha sido resistir. Hemos superado a Franco y al rey Juan Carlos», bromea Bozzo, el director de las producciones, que resume las cuatro décadas de un viaje fascinante: «Hemos intentado hacer teatro popular de calidad».

Abanderados de una comercialidad sin complejos, alejada de elitismos, el grupo se convirtió en la voz de un género de gran factura que acercó a un público nuevo y numeroso a las plateas. Cuando la zarzuela desapareció del Paral·lel, recuerda Cisquella, quedó un gran vacío. Ellos lo llenaron con rigor y creatividad y, aún más, formaron a muchos artistas y despertaron el interés por el musical no solo de los espectadores sino también de los profesionales del futuro. «El mayor elogio es cuando nos dicen que quisieron hacer teatro tras ver Antaviana, La nit de Sant Joan...», dice Bozzo. «Ahora hay jóvenes muy preparados en el género, hay escuelas, y nosotros hemos contribuido», agrega Cisquella.

La labor pedagógica, con funciones escolares, es otro de los logros de una compañía que defiende su repertorio y lo rescata sin pudor para que las nuevas generaciones lo descubran y las viejas lo revisiten. «Vienen muchos niños que nunca habían pisado un teatro. Por este Mar i cel ya han pasado 60.000 pequeños», se congratula el trío, que también ha hecho incursiones en televisión (Oh, Europa!La memòria dels Cargols o la telemovie Mar i cel que preparan).

Navegan a contracorriente de unos tiempos esquivos al gran formato. «El teatro del show business está desapareciendo y está quedando solo un reducto para la intelectualidad. Es un desastre», lamenta Cisquella. No ha sido la suya una travesía en calma, pero nunca pensaron en plegar velas. «Nos hemos arruinado varias veces, como con Flor de nit y con Boscos endins», anuncia el director. «Como decían los productores de antaño: ganamos en pesetas y perdemos en duros. Y así era: cuando perdíamos, perdíamos a lo loco».

VIDA DE CÓMICOS

Empezaron con la furgoneta, de bolo en bolo por los pueblos de España y Suramérica. Lo cuenta Bozzo en Memòries trobades a una furgoneta, una mirada a los primeros éxitos que publica en mayo y tendrá continuidad. No hablaré en claseácida crítica de la escuela franquista; la mágica Antaviana que en 1978 les consagró en todo el país (en ambas participó Pepe Rubianes); Glups!!, que marcó su apuesta por el musical... «Era una vida de cómicos muy divertida, con sus momentos difíciles». Las batallitas durante la transición eran frecuentes, como cuando les arrojaron un cóctel molotov en la sala Cadarso de Madrid. «Por suerte solo quemaron los lavabos, pero podía haber ardido todo el teatro. Los días siguientes,  la asociación de actores montó piquetes para protegernos», rememora Bozzo.

Eran los buenos tiempos del colectivismo. Todos a una, compartiendo tareas, también la interpretación, con los egos a raya. «Llevamos la cultura de la cooperativa en los genes», afirma Cisquella. Un espíritu que impulsó también a las otras compañías de bandera del teatro catalán: La Fura dels Baus, Comediants, Els Joglars, Tricicle. Con los años, la supremacía del yo se impuso y se diluyó el juego de equipo. «Emergió el individualismo, la jerarquía en el cartel, entre actores y actrices, la diferencia de sueldos. Nosotros lo combatíamos, cobrábamos todos igual. Siempre hemos sido un colectivo».

Llegó el día en que se bajaron del escenario. A Periel, el último en hacerlo, en 1993, le costó asumirlo: «Ir a los camerinos y sentirme un extraño fue duro». Pero siguieron al timón y aquí están, pensando en un nuevo musical para el 2016. Aseguran que una de la claves de su supervivencia es su condición de trío. «Así desempatamos, el tercero hace de bisagra. Con dos hubiera sido más complicado», indica Periel. «Para el matrimonio, mejor dos, pero para esto, tres es lo ideal», confirma Cisquella.

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