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Marta Casanellas: «Mientras yo investigo, mi marido cuida a los tres niños»

Mamá matemática. Apunta las claves que alejan a las mujeres de las ciencias puras.

Marta Casanellas: «Mientras yo investigo, mi marido cuida a los tres niños»

ALBERT BERTRAN

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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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En el paseo de la fama de la Facultad de Matemàtiques i Estadística de la Universitat Politècnica de Catalunya cuelgan los retratos en blanco y negro de 12 matemáticos, y solo uno es de una mujer: Emmy Noether (1882-1935). Marta Casanellas sostiene a Emmy a petición del fotógrafo pero sin entusiasmo. Esta doctora en matemáticas, profesora, investigadora principal y presidenta de la Comisión Mujeres y Matemáticas de la Real Sociedad Matemática Española prefiere referentes más actuales que animen a las chicas a apuntarse a unos estudios en los que apenas hay paro. Una mesa redonda analizó el pasado miércoles por qué la presencia femenina en esta facultad ha pasado del 47% en el curso 2006 al 21% del curso pasado.

-¿De niña quién la ayudaba con las mates?

-Mi abuela. A menudo subía a su casa y le pedía ayuda para resolver problemas. Es un ejemplo de valentía. Fue de las pocas mujeres que estudió matemáticas en los años 30 y durante un tiempo iba a clase clandestinamente. Se casó y tuvo cinco hijos y al quedarse viuda empezó a trabajar de profesora.

-En una clase de ESO el profesor planteó esta ecuación: 5 (2x³-x+2) - 3 (x³-2x²) - 2x (x-2). ¿Sabe qué ocurrió? Las chicas se rebelaron: «¿Y esto para qué sirve?», se quejaban.

-Lo entiendo. Yo casi abandono mi carrera académica porque me parecía que mi investigación en matemáticas puras era inútil y no aportaba nada, ni a mí ni a la sociedad.

-Pero no la abandonó. ¿Por qué?

-Descubrí una gente que estudiaba geometría algebraica aplicada a la biología. Ahora ayudo a los biólogos a encontrar información sobre las relaciones entre especies, y soy feliz. Parece que las mujeres tenemos una faceta más social y, si los problemas que se plantean no responden a esta atracción por lo comunitario, las chicas (y algunos chicos) pierden el interés por las mates aunque sean perfectamente capaces de resolverlas.

-La motivación es clave.

-El informe PISA muestra que en diez años los resultados de las chicas en matemáticas han empeorado y apunta dos causas: la autoconfianza -el estigma de que las mujeres no somos buenas en matemáticas- y la motivación. Según varios estudios y por mi propia experiencia, si pones un problema sobre la gasolina que gasta un coche o sobre trenes ellas no se ven tan capaces de resolverlo como si se trata de calcular cuántos antibióticos necesita una población.

-La maternidad es otro hándicap. Usted está en el top académico y es madre.

-Tengo tres hijos de 3, 5 y 9 años.

-¡¿Tres y tan pequeños?! Seguro que su pareja está implicada en la crianza.

-Sí, mi marido es ingeniero de telecomunicaciones y cuando voy a un congreso internacional es él quien se queda a cargo de los niños. Ahora dejará su trabajo para venir a Nueva Zelanda tres meses y mientras yo investigo él cuidará a los niños.

-¡Bravo por él! No es lo habitual.

-Suele pasar al revés. Las grandes figuras de la ciencia tienen mujeres que les siguen.

-Aun así la conciliación no es fácil.

-No. Mi hijo mayor siempre se enfermaba cuando me iba a un congreso y eso que solo voy a los más importantes. La superwoman no existe y al final asumes que ni eres una madre perfecta ni eres una investigadora perfecta. Si me voy a un congreso no pasa nada porque los niños se queden sin mamá unos días y si no puedo demostrar un teorema esta semana ya lo haré la que viene.

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-¿Se imagina que el telediario abriera con noticias de matemáticas?

-Estamos acostumbrados a que las matemáticas no tengan relevancia en los medios de comunicación. Esta entrevista, por ejemplo, no es porque yo haya resuelto un teorema sino por mi presencia en la comisión Mujeres y Matemáticas.