01 oct 2020

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DERECHOS INDIVIDUALES

Victoria gay en China

Un tribunal del gigante asiático sentencia por primera vez que la homosexualidad no es una enfermedad

El movimiento LGTB llama a acabar con las clínicas de conversión sexual

ADRIÁN FONCILLAS / PEKÍN

Activistas 8Protesta frente a los juzgados de Haidian durante la celebración del juicio.

Activistas 8Protesta frente a los juzgados de Haidian durante la celebración del juicio. / GREG BAKER / AFP / GETTY IMAGES

El primer juicio contra una clínica dedicada a la «curación» de homosexuales en China ha terminado con victoria aplastante para los derechos de gais y lesbianas: un tribunal de Haidian a sentenciado que la homosexualidad no es una enfermedad y, por tanto, no puede plantearse su curación.

Yang Teng, el treintañero denunciante, recibirá 3.400 yuanes de indemnización de la clínica de Chongqing donde fue tratado, que además ha tenido que colgar en su web durante 48 horas disculpas por ofrecer servicios fraudulentos. Baidu, el principal buscador chino de internet , ya ha retirado la publicidad de centros similares.

«Estaremos muy atentos a que no entren anuncios de falsos tratamientos de terapia para gais en el futuro y deseamos sinceramente que Yang encuentre consuelo en la sentencia», ha dicho un portavoz de la compañía, también demandada por publicidad engañosa.

Yang había denunciado a la clínica por el trauma que le originó la terapia a base de hipnosis y electrochoques para superar su homosexualidad. Las terapias de conversión aguantan residualmente en Occidente, desacreditadas por los científicos como patrañas, mientras en ambientes rurales y tradicionales chinos conservan cierta credibilidad.

Pero las reacciones de las organizaciones de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales (LGTB) han sido excesivamente optimistas. La sentencia aclara que es ilegal promover la conversión de gais, pero no fuerza la desaparición de las clínicas. Cientos de ellas siguen operando y ni siquiera ha cerrado la de Chongqing. Los centros ya no pueden publicitarse en Baidu, pero sus nombres aparecen sin problemas en el buscador.

«No será fácil acabar con ellas. Tenemos que presionar a los departamentos de salud, al ministerio o ante el que haga falta porque no hay leyes aún que defiendan los derechos de los gais», señala por teléfono Ying Xin, directora del centro pequinés de LGBT.

La importancia de la sentencia es más didáctica que jurídica. En un país con el respeto confuciano a la autoridad, la palabra de un tribunal tiene gran peso. Las organizaciones de LGBT pueden vencer las reticencias de padres dubitativos blandiendo la sentencia.

Arma legal

El caso la ha cambiado la vida a Yang. Aquel joven tímido que usaba pseudónimo, rehuía a la prensa occidental y defendía su privacidad cuando este diario le contactó durante el juicio es hoy ubicuo en medios nacionales y extranjeros como baluarte de la lucha de los derechos de gais. «Nunca pensé que pudiéramos llegar tan lejos. Es la primera vez que un tribunal se manifiesta sobre la homosexualidad y ahora tenemos una arma legal para cerrar las clínicas. Tengo más fuerza en el corazón y quiero seguir luchando por los derechos de mi comunidad», sostiene por teléfono.

La sentencia es un arma valiosa en el doble frente judicial y de concienciación social. Las organizaciones de gais la utilizan en actos públicos y la presentan ante los organismos oficiales para que empujen el cierre de las clínicas o ante las propias clínicas. «El tema es candente, mucha gente ha conocido la decisión judicial por la prensa y viene al centro para que le expliquemos qué significa. Pero la sentencia es sólo el inicio, no es el final de la historia», resume Ying.

Las clínicas de terapia de conversión sexual están estimuladas en Occidente por interpretaciones extremistas del cristianismo, mientras en China nacen por la tradición que obliga al vástago a dar nietos a sus padres. La política del hijo único, que coloca todos los huevos en una cesta, convierte al descendiente gay en una tragedia griega. Yang, como tantos otros, acudió voluntariamente a la clínica de Chongqing para mitigar el dolor de sus padres.

La organización de LGTB de Pekín, que apoyó el proceso contra la clínica de Chongqing, ha extendido al terreno judicial su lucha contra iniciativas acientíficas tradicionalmente impunes. También ha denunciado a un centro pequinés que ofrece análisis de ADN para averiguar si el paciente es un «verdadero» gay.

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