04 ago 2020

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Gente corriente

Mensajero X425: «Empecé a tener pesadillas en las que recogía un ataúd»

Núria Navarro

Oculta su identidad porque a sus más de 50 y, después de tres años en el paro, está a prueba en una nueva empresa. Lleva un cuarto de siglo sobre una moto, bajo la lluvia y el frío, casi siempre mal pagado y en condiciones de explotación. El Mensajero X425 se apresura a decir que si ha accedido a contar su historia es porque es la de la inmensa mayoría de los mensajeros de esta ciudad.

-¿A la moto se va cuando falla la formación?

-Yo hice dos años de Ingeniería de Caminos y otros tres en la facultad de Informática.

-Entonces, ¿por qué se metió a mesajero?

-Al volver de la mili, en Melilla, trabajé como camarero en un bar de Rambla de Catalunya, donde llegué a servir dos whiskys con hielo a Anita Ekberg. Desde la terraza veía pasar por Aragó los primeros motoristas vestidos de negro de Mensajeros Radio, que en 1987 pasaría a ser MRW. Ya tenía novia -hoy mi mujer-, planeaba casarme y no quería trabajar los fines de semana. Fui a ver qué ofrecían.

-Lo que le ofrecían le gustó.

-No estaba encerrado, recorría la ciudad, casi podía entrar en el despacho del alcalde. Recuerdo que una vez fui a entregar un paquete a un hotel y en el hall había policías de paisano. ¡El paquete contenía diamantes con destino al Líbano! Otra vez, circulando por Trafalgar, cuando había mucho robo en las tiendas, me encontré en medio de un fuego cruzado.

-El oficio tenía una cara menos peliculera.

-En un momento u otro, empieza la no asignación de clientes céntricos, te encomiendan servicios penosos, aguantas continuas provocaciones, trato vejatorio, control sistemático de las rutas mediante continuas llamadas. La gente suele decir: «Los mensajeros van como locos». Y así es, porque están engañados. Cobrar por dirección es una aberración, porque las direcciones las da gerencia y la gerencia discrimina en favor de allegados o según le caigas. Es un atentado a la dignidad.

-Usted lo dice porque lo ha vivido.

-Al principio cobraba por servicios. Ganaba unas 70.000 pesetas, y de ahí me tenía que pagar la moto, la gasolina y las reparaciones. Una mañana me reboté y busqué una coraza: me ofrecí a uno de los clientes de la cartera a concentrarme en sus servicios. Iba a las 9, llamaba a la central y notificaba que estaba con ese cliente.

-Y a alguien de arriba no le gustó.

-Así es. Luego pedí, y me concedieron, entrar en el servicio nacional, donde podías hacer 10 entregas a 1,50 euros cada una. Pero noté que cada vez había menos mensajeros en el servicio directo. ¿Sabe lo que es enajenación de la cartera de clientes?

-¿La venta en paquetes de la cartera?

-La empresa anunció que sectorizaba Barcelona y propusieron aceptar el despido a cambio de quedarse con una de las 15 o 20 franquicias de gestión de recogida y entrega. Los compañeros empezaron a claudicar, y a mí me dijeron: «Firma o recogerás cartones». Pero yo no quise aceptar el falso despido. Cuando me dieron la carta, lloré.

-Pero perseveró en el mismo ramo.

-Seguí en una empresita de mensajería de servicio directo en la que estaba empleado mi hermano. Estuve casi seis años, hasta que nos dijeron que la cosa no iba bien y que debíamos entregar más rápido. Empecé a tener pesadillas en las que recogía un ataúd. Un día, en una entrega urgente de la Zona Franca a la Bonanova ¡zas! me pasó un bus a un palmo. Mi hermano también sufrió mucho... Luego he trabajado en otras cuatro empresas de mensajería. En todas no suelen pagar la tarifa del convenio y siempre llega el acoso, el momento en que empiezan a buscar que causes baja voluntaria.

-Oiga, ¿todas las empresas son así?

-Pare a cualquier mensajero y pregúntele a cuánto le pagan la dirección. Y luego averigüe si ese precio incluye el 5% de peligrosidad y dos pagas extra.