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Gente corriente

Nadia Jabr: "Las ayudas son mínimas y no te explican tus derechos"

Gemma Tramullas

Cuatro jóvenes ucranianos esperan a que les atiendan en el vestíbulo de la Comissió Catalana d'Ajuda al Refugiat (CCAR), una de las entidades de la Xarxa Asil.Cat que vela por los derechos de las personas que piden protección internacional en Catalunya y reclama a la Generalitat más ayudas para ellos. Nadia también tiene cita en el CCAR. Ella es palestina de Siria y llegó a Barcelona hace un año y cuatro meses. Es de las pocas personas con estatuto de refugiado que han podido acceder durante seis meses a una de las 28 plazas en un piso de acogida; algunos refugiados, tras huir de persecuciones, torturas y guerras, acaban durmiendo en la calle.

-¿Cómo está?

-Los primeros meses fueron duros. Todo era nuevo para mí y siempre estaba preocupada por mis padres, por mi abuela y por los amigos que he dejado en Siria. Necesitaba dejar de pensar constantemente en esta parte de mi vida y empecé a hacer muchas actividades para estar muy ocupada. Ahora solo me falta encontrar un trabajo para estar bien.

-¿Qué tipo de trabajo busca?

-De profesora de inglés o árabe. Soy licenciada en literatura inglesa y en Damasco daba clases en una escuela. Ni yo ni mi marido tenemos trabajo y hemos agotado los seis meses de ayuda social para los refugiados.

-Dentro de todo, usted ha tenido suerte.

-Mucha. Lograr el estatuto de refugiado es más fácil para los palestinos, y además yo ya hablaba castellano y esto es una ventaja. En cambio, si vienes de África es más difícil que te den asilo y si no hablas la lengua tienes muchas más dificultades para vivir y trabajar. Así es imposible superar el trauma.

-El estatuto de refugiado incluye el derecho a tener una vida digna.

-Si un país acepta a un refugiado, debe tratarlo tal como establece la ley. Pero cuando llegas las ayudas son mínimas y no te explican cuáles son tus derechos. Pocos refugiados saben que tienen derecho a una ayuda para estudiar durante un año, por ejemplo.

-Usted ha huido de la guerra en Siria.

-Yo nací en Damasco, en el barrio de Barzeh, y cuando me casé fuimos a vivir con mi marido a Yarmouk Camp [el barrio palestino]. A mediados del 2011 la situación empezó a complicarse y nos trasladamos a otro barrio cerca de Damasco, Sehnaya.

-¿Cómo era la vida en Sehnaya?

-Durante el último año dejé de dar clases porque era muy arriesgado salir a la calle. Nunca sabías si te dispararían o si caería una bomba. Cuando la situación se volvió insostenible viajamos al Líbano y luego a Turquía. Allí pedí el visado para España, donde llegamos el 21 de octubre del 2013.

-Es de origen palestino. Ustedes son los exiliados permanentes.

-En 1948 mis abuelos y mi padre fueron expulsados de Nazaret por la ocupación israelí y fueron a Damasco. Yo nací en Siria y mi madre es siria, pero para forzar el derecho al retorno a Palestina no tengo la nacionalidad siria; allí también era una refugiada. Tampoco tengo la nacionalidad palestina, porque Europa no reconoce a mi país aunque sí reconoce al Estado de Israel.

-Entonces es una apátrida.

-Ahora tengo la residencia española por cinco años, pero antes no tenía pasaporte, solo documento de viaje. En  mi tarjeta de residencia pone que nací en Damasco y mi  nacionalidad es «País no Reconocido».

-¿Entiende a los que critican que se den ayudas públicas a los extranjeros?

-Es un reflejo de la crisis profunda que están sufriendo. En otros países europeos he oído que la culpa es de los españoles porque son vagos. Pero el problema no son los españoles, ni los inmigrantes. El problema no es la gente de abajo; es un problema de arriba, del sistema económico, de los bancos, que nos afecta a todos.

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