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Maria F. Serra: «Encontrar cuentos de la infancia hace muy feliz»

Junto a dos compañeros emprende el viaje de abrir la librería de sus sueños en Santaló, 79.

Maria F. Serra: «Encontrar cuentos de la infancia hace muy feliz»

ELISENDA PONS

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Carme Escales
Carme Escales

Periodista

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La imagen de una abuela siempre leyendo un libro antes de ir a dormir acompañó a Maria F. Serra (Barcelona, 1974) todas las noches de su infancia en la habitación que compartía con la madre de su padre. Cogida de su mano, la pequeña entraba en las librerías donde su abuela seleccionaba sus lecturas. Así se abrió el camino hacia una estima por los libros que ha llevado a esta joven a asociarse con dos compañeros, Anna Arranz y Gerard Granados, y crear su propia librería. 11.695 euros recogidos con el micromecenazgo de TotSuma les ayudan.

-Santaló, 79: una casa en obras, aún...

-Sí, esperamos poder abrir antes de abril. Hasta ahora hemos ido trabajando en la rehabilitación de esta antigua bodega cuya trastienda era vivienda y de la que hemos querido conservar mosaicos, baldosas y techos que aportan a nuestra librería esa concepción de hogar, de casa particular. Estamos haciendo la librería en la que a nosotros nos gustaría entrar como lectores.

-¿Qué tendrá que no tengan otras tiendas de libros próximas y sociales que ya hay en esta ciudad, incluso otras que ya cerraron?

-Por filosofía, apoyaremos mucho al pequeño editor con libros que no encajan en todas partes. Tener libros diferentes será una de nuestras especialidades. Las tres personas que ponemos en marcha la librería conocemos el oficio de librero y queremos convertirnos en libreros de cabecera, conocer al cliente como lector intercambiando información sobre las lecturas pasadas que adoró y ofrecerle libros que sigan esa línea. El espacio que acoge a esta librería la hace muy singular. Esta casa nos permite materializar la idea con la que nació el proyecto: que los libros entren en casa y que la gente, en la librería, se sienta como en casa. Queremos escuchar al lector, que entre y le apetezca quedarse un rato.

-¿A mirar libros o podrá hacer algo más?

-¡Sí! Haremos presentaciones, exposiciones de ilustraciones, clubs de lectura, talleres, cursos y debates en un espacio interior y en el patio de la casa. Invitaremos a gente para que explique cosas interesantes, aunque no tengan relación con la librería. Habrá cuatro mesas para poder tomar un café, una infusión o un vino, y leer. Hoy una librería, como toda tienda, tiene que ser proactiva, proponer. Ya no vale levantar la persiana y esperar a que entre el cliente.

-La literatura bautiza a la librería: Casa Usher (casausher.com), del cuento La caída de la Casa Usher, de Edgar Allan Poe.

-A Gerard le encantaba una tienda de antigüedades del Poblenou que se llamaba así. Cuando cerró, pensó que aquel nombre debería seguir viviendo en otro proyecto.

-¿No les impresionan el cierre de librerías históricas y el auge de las bibliotecas, los e-books y las descargas gratuitas de libros?

-Si esperas tenerlo todo de cara, no harás nada. Hay que arriesgar. Las bibliotecas crean lectores, y eso al final repercute en la librería. El libro como objeto, el negro sobre blanco, si no se hubiera inventado, debería inventarse hoy. Es un invento muy bueno, y más el editado con buen gusto. Yo leo libros que leía mi abuela.

-¿Qué libros leía su abuela?

-Literatura, poco ensayo y mucha narrativa. Y cada verano El libro de la jungla. Yo ahora hago lo mismo, pero con Las aventuras de Huckleberry Finn en una edición que guardo de ella. Encontrar cuentos de la infancia hace muy feliz, ya que cuesta encontrar un libro infantil porque los niños los rompen. Pero hallarlo después de una búsqueda difícil es el mejor regalo.

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-¿Cuál ha sido su periplo junto a los libros desde que los descubrió con su abuela?

-Después de estudiar Historia hice un máster de edición. He trabajado en editorial, en distribuidora y en librerías. Ahora regresaré a la arena, como un gladiador, en contacto y muy cerca del lector.