27 feb 2020

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Vidas con mucho arte

Personas con discapacidad o pertenecientes a grupos sociales vulnerables ganan terreno en galerías y museos, donde exponen sus creaciones

Mònica Tudela

La relación entre el mundo de la creación artística y los colectivos socialmente más vulnerables adopta distintas formas, pero cada vez son más abundantes las voces que reivindican que el arte que producen estos grupos es arte en mayúsculas y que reclaman que se deje de lado una visión excesivamente protectora.

Personas con alguna discapacidad físicapsíquica sensorial y los grupos económica y socialmente más desfavorecidos o en riesgo de exclusión (personas sin hogar, gente que ha pasado por la cárcel, por ejemplo) producen trabajos de suficiente calidad como para ser expuestos o son fuente de inspiración de obras de autores que pretenden hacer reflexionar sobre su situación. Si se mira la oferta de las salas de exposiciones, se ve que cada vez se otorga más espacio a trabajos que buscan reafirmar la calidad artística de la obra de sectores que muchas veces son menospreciados.

«El arte entre los colectivos vulnerables va acompañado de cierto paternalismo. Se le suele dar un papel terapéutico, social o de ocio, pero no se suele tener en cuenta la parte intelectual», comenta Glòria Cid, responsable del programa Arte para la mejora social de la Obra Social La Caixa, que en el año 2014 destinó casi 250.000 euros a 18 proyectos impulsados por artistas o entidades culturales en Catalunya dirigidos a personas en situación vulnerable.

En primera persona

La muestra Una expo más, que hasta hace pocos días podía verse en el CaixaFòrum de Barcelona, recogía por primera vez el resultado de algunos de estos proyectos. «Con la muestra no queríamos que los artistas compartieran su obra para pasar un rato, sino para hacerse ver y hablar en primera persona. Que no hablara por ellos un asistente, un médico o un psicólogo», cuenta. «Queremos que los proyectos busquen la excelencia y sean válidos por sí mismos, aunque la parte social que comportan es grande», añade. CaixaFòrum programará, a partir de febrero, una muestra de autores autistas.

Las áreas de cultura y asuntos sociales de ayuntamientos, las obras sociales de entidades financieras y fundaciones privadas, entre otros, promueven el arte como forma de integración social pero también intentan ir más allá.

«Cuando alguien mira una pieza y dice 'esto no lo hago ni yo', eso es un comentario paternalista, una frase dicha desde la desconfianza. Es lo que hay que evitar», comenta Lola Barrera, de Debajo del Sombrero, un colectivo que se encarga de ofrecer recursos para que personas con discapacidad intelectual puedan desarrollar sus habilidades artísticas. «Nosotros confiamos firmemente en la obra de estos colectivos. Creemos que se produce algo interesante y un lenguaje personal válido, de una forma sincera», dice.

Una visión distinta

«Las personas con discapacidad no tienen un sentido, pero precisamente por eso se agudizan los otros. La discapacidad da una perspectiva distinta del mundo», comenta Anaïs García, jefa de Cultura y Deportes de la ONCE en Catalunya. «Diferente no quiere decir peor. De hecho, pese a que el arte cumple muchas veces una función social, entre la gente con discapacidad hay nivel de sobras para exponer en una galería», añade.

«La discapacidad y la accesibilidad son elementos que interesan», explica Mercè Luz, responsable de Cultura y Ocio de la Fundación Once, cuyo objetivo es promover la formación y el empleo de personas con discapacidad física o psíquica. «No todos los discapacitados son buenos en arte. Por eso a la hora de buscar trabajos para exponer en nuestras Bienales de Arte Contemporáneo [en marcha desde el 2006] buscamos obras de calidad. No hacemos terapia, entre otras cosas porque creemos que el arte por sí mismo ya es una terapia para todo el mundo».

Unos y otros coinciden en que, pese a que se va ganando terreno, en España todavía no hay demasiada tradición de artistas con discapacidad o de colectivos vulnerables. «Se están haciendo cosas muy válidas, pero no se está al nivel de Estados Unidos u otros países de Europa», puntualiza Lola Barrera. Aún queda camino por recorrer para demostrar que lo que hacen es de calidad.