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LA PRIMERA NAVIDAD TRAS PERDER LA CASA

Otro hogar, otra vida

Matilde Gómez y su familia vivirán las fiestas en un piso ocupado por la PAH tras ser desahuciados del piso que compraron en el 2006

JOAN CAÑETE BAYLE / SABADELL

La primera Navidad tras perder la casa. El caso de Matilde Gómez. / MÒNICA TUDELA

Lo primero que hace Matilde Gómez (42 años) al empezar la entrevista es ponerse la camiseta verde de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) con la que quiere salir en la foto. Igual que otras 39 familias, Matilde, su marido, Víctor Ponce (45 años), y sus dos hijas de seis y 14 años viven en un piso de uno de los inmuebles -casi acabados, con pisos que nunca se vendieron, fósiles de la burbuja- de Sabadell que forman la denominada obra social de la PAH y en los que viven decenas de afectados por desahucios. Esta es la casa en la que Matilde y su familia celebrarán estas Navidades; las del 2013 las pasaron en el piso que compraron en el 2006 y que a principios de año entregaron, en una trabajosamente negociada dación en pago, a un banco que acabó gestionando la hipoteca –"una tortura; nadie de los que compramos un piso sabemos las cláusulas abusivas que firmamos"– que Matilde, su esposo y su hermana suscribieron con una caja que ya no existe.

¿Melancolía de la casa perdida en unas fechas propicias a echar cuentas, a mirar atrás? Es difícil encontrarla en Matilde, digna, resuelta, con las ideas muy claras después de años de lucha en varios frentes (el laboral, el financiero, el inmobiliario, el administrativo) que aún no han terminado: “Esa casa era una pesadilla, es un alivio no tenerla, era como las rejas para el prisionero, yo no quiero ni pasar por allí”. No era así al principio, en el 2006, cuando Matilde y Víctor decidieron comprarla. Ecuatorianos los dos, él llevaba en España desde el 2002, y ella, desde el 2004. Los dos tenían trabajo, y comprarse una casa era lo lógico: “Caímos en la trampa, como tantos otros”, explica Matilde.
La “trampa”: primero, en una revisión de intereses, la letra aumentó en 500 euros. Después, su marido sufrió un accidente laboral (aún tiene secuelas en la rodilla), estando de baja fue despedido, Matilde también perdió su trabajo, y como tantos otros miles se vieron “obligados a elegir”: “Comer o seguir pagando un piso que nunca sería nuestro”. Y también como en el caso de tantos otros, fue la mediación y el activismo de la PAH lo que les ha permitido, dación en pago mediante, “volver a empezar libres de deudas, aunque no se vea claro ni por dónde ni cómo”. El problema no se ha acabado: Víctor no ha vuelto a trabajar desde su lesión y a Matilde se le acabó ayer un contrato de sustitución. Así que sí, estas Navidades son un “alivio”, pero tampoco están las cosas para tirar cohetes, en paro y viviendo en un edificio ahora propiedad de la Sareb, por el cual la PAH negocia un alquiler social y que no está libre de la amenaza del desahucio: “Ese riesgo no está eliminado, está detenido”, aclara Matilde.


LOS ESTUDIOS

Los adultos son una cosa; las niñas, otra. “La pequeña hasta hace poco decía: 'yo quiero volver a mi casa' -cuenta Matilde-, pero poco a poco les hemos hecho entender que la casa es donde estamos todos y que, mientras estemos bien, donde sea que estemos, podremos seguir adelante”. Por educación y tradición, la Navidad es importante en esta familia. Y, sin embargo, desde que llegaron de Ecuador solo han podido ir a ver a sus familiares de allí una vez, en el 2007, una vez en diez años, “y probablemente pasará mucho tiempo más hasta que podamos ir”, dice Matilde: “Saber eso nos tortura un poco en estas fechas, pero hay que pensar que tenemos unas hijas y para ellas los recuerdos entrañables son los que les demos nosotros. Este pensamiento es lo que nos da ánimos para seguir adelante e intentar pasar estas fechas lo mejor posible, con la familia que ahora tenemos”.

En la Navidad del 2013, esta familia no sabía dónde viviría en la del 2014. En las del 2014 no sabe dónde vivirá en las del 2015. Eso no es lo que preocupa a Matilde. “No piensas en tu futuro, piensas en el de las niñas, en sus estudios. Lo demás es solo el día a día”. 

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