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La Shopping Night reúne a una multitud entre paraguas

Pese a la lluvia, el montaje sacó partido a las aceras ampliadas del paseo de Gràcia

Casi un centenar de tiendas, restaurantes y hoteles se volcaron en promociones y fiestas

PATRICIA CASTÁN / BARCELONA

Shopping Night en Barcelona / CARLA FAJARDO

Pasada por agua, pero de nuevo multitudinaria y abriendo la veda de pleno a la campaña navideña en Barcelona. La lluvia no desanimó a los miles de barceloneses que anoche se volcaron en la Shopping Night del paseo de Gràcia para disfrutar de compras con descuento, fiestas, degustaciones y toda la parafernalia que acompañó el eje argumental de este año: el glamur del Hollywood de los años 20. La celebración sacó partido al renovado paseo, que ha ampliado el espacio peatonal en ambos laterales y hubiera podido batir récords si no llega a ser por la incomodidad de recorrer el animado eje entre miles de paraguas.

El cruce con Provença fue el escenario central de la velada, donde música y performances recordaron los años dorados del cine. Pero no el único. Casi 60 comercios10 hoteles y una quincena de restaurantes pusieron su grano de arena para dar color a la noche. Y los barceloneses sucumbieron a todas las ofertas, empezando por las comerciales. Porque este año algunos establecimientos se habían propuesto que, además de ser una noche lúdica y de proyección ciudadana del paseo, también fuera un reclamo de ventas. Los descuentos de entre el 10% y el 50% en muchos comercios hicieron que muchos adelantasen compras navideñas.

No obstante, para otros miles fue una noche gratis y de mero disfrute. O de mínimo gasto, para probar el caldo solidario de Carme Ruscalleda ante el Mandarin Oriental, u otras tapas a coste simbólico, o la media tonelada de patatas bravas que regaló el Hotel Condes de Barcelona y los sacos de palomitas que repartió el Hotel Majestic para ambientar una noche de cine en la que sus Marilyn, Audrey y Liza Minelli, entre otras, se asomaban a su fachada.

Otra cola antológica se formó ante el montaje Swisswood de Quesos de Suiza, donde se despacharon 300 kilos entre los paseantes, mientras el chef Carles Abellan cocinaba en el mismo estand para un grupo que se había ganado la cena en un concurso en las redes sociales. E infinidad de tiendas repartían cava entre clientes a la par que un ejército de disyoqueis parecía haber tomado la mayoría de tiendas participantes.

De nuevo, la implicación fue mucho mayor por parte de las grandes cadenas populares o de moda más joven que por parte del sector del lujo. Aunque uno de sus referentes, Santa Eulalia, montó incluso una exposición de inolvidables piezas que pertenecieron a Marilyn Monroe cedidas para la ocasión una coleccionista.

Desde poco después de las ocho de la tarde, el paseo ya estaba claramente animado y los paseantes, ávidos de que pasaran cosas pese al pertinaz chirimiri. No solo de puertas adentro, sino también en carpas a pie de calle. El tramo más bajo, tocando la plaza de Catalunya, albergó un mercadillo de creadores emergentes que animó la zona y furgonetas de comida ambulante, de plena tendencia. Lástima que las aceras a la altura de Gran Via y Diputació seguían abiertas por zanjas. Pero la zona reformada del vial, hasta la Diagonal, sirvió de plataforma para dar más brillo y confort que en otras ediciones a los estands y montajes que se desplegaron por encima de Mallorca hasta la madrugada, aunque la lluvia hizo que la afluencia de público bajara antes que otros años.

Pero además de los negocios de la zona, un sinfín de entidades vinculadas al cine y la cultura pusieron su grano de arena, con el Palau Robert como epicentro, aunque en este caso el acceso estuvo restringido solo a invitados.

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