03 jul 2020

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Gente corriente

Chandra Clemente: "Si encuentro a mi hermano mayor, tendré respuestas"

CARME ESCALES

Diciembre de 1997. Una pareja de Barcelona espera viajar a Nepal para traer a la niña a la que adopta. El azar la lleva a localizar, en Lloret de Mar, a otra pareja que está a punto de hacer su mismo viaje, con igual objetivo. Ninguno de ellos sabe que la criatura que va a adoptar tiene, en el mismo orfanato, un hermano. Tampoco que a cada pareja le ha sido asignado a uno de ellos. Padam viajará a Lloret y Chandra, a Barcelona.

-¿Cómo se localizaron ambos padres?

-A mediados de diciembre del 97, un señor fue a la tienda de un conocido de mi padre a enmarcar una artesanía budista y explicó que regresaba de allí, con una niña adoptada. El jefe de la tienda le comentó que mis padres también tenían que ir y que les preocupaba la inestabilidad política del país. Aquel señor dio su teléfono para que mis padres contactaran, y esa misma noche hablaron. El señor les dijo que en Lloret había una pareja en su misma situación, y les pasó el teléfono. Cuando se llamaron y dijeron mi apellido, el padre de mi hermano le gritó a su mujer: «Tienen a la hermana».

-¿No lo decía el expediente del orfanato?

-No. En el mío decía que el resto de mi familia murió en un incendio. Imaginamos que dos adopciones con padres diferentes dejan más dinero. Si mis padres o los de mi hermano lo llegan a saber, nos adoptan juntos.

-¿Cuántos años tenían?

-En los papeles dice que yo llegué al orfanato con cinco años y mi hermano, con dos. Pero yo creo que yo tenía seis, y recuerdo a un hermano mayor y a una chica, tal vez mi madre. Tengo una película confusa en la mente. No recuerdo ningún incendio, pero sí una especie de derrumbe con piedras y que íbamos al colegio mi hermano mayor, adolescente, mi hermano pequeño y yo, y que estábamos en casa de un señor del pueblo, Jaljale, al este de Nepal. Lo he buscado en Google Maps y he reconocido algún lugar de mi infancia. Un día un señor nos vino a buscar y viajamos varios días en autobús, hasta Katmandú. «Vamos a un lugar donde estaréis bien», nos dijeron.

-¿Cómo era el orfanato?

-Tenía una entrada con escaleras, un patio exterior, donde jugábamos, al lado de un huerto que cuidaba un jardinero. Dentro había otro patio, habitaciones con literas y lavabos con letrinas. Había chicas mayores que supongo que no estaban para adopción, sino para estudiar porque sus familias no podían mantenerlas. Yo me dediqué a cuidar de mi hermano. Estuvimos solo cuatro meses, pero a mí me pareció más. Cuando se llevaron a mi hermano, yo me sentí muy triste, aunque no dije nada.

-¿Cuándo se volvieron a ver?

-Al cabo de unos meses, ya aquí. Fuimos todos al Maremàgnum, comimos y paseamos. Aquel día, mi hermano y yo nos hablamos en catalán. Él no recuerda nada, solo didi, que es hermana mayor en nepalí.

Chandra Clemente tiene ahora 23 años. Ha estudiado Antropología Social y Cultural en la UB y ahora realiza un máster sobre ello en la UAB. Su vivencia la ha llevado a estudiar casos de adopción.

-¿Qué es lo que más valora un adoptado?

-Para mí, y por lo que sé de otros, sobre todo la comunicación con los padres adoptivos. Nuestro origen no tiene por qué estar en el día a día, pero si necesitas pensar en él o ir a por él, que tengas el apoyo para hacerlo. Yo iré pronto a mi pueblo, quiero saber qué siento, y si encuentro a mi hermano mayor, sé que tendré muchas respuestas.

-¿Cuál es la respuesta que una persona adoptada no quisiera nunca conocer?

-Que sus padres biológicos no la han querido. Para mí, 17 años en Catalunya pesan mucho. Me siento de aquí, aunque soy consciente de que nací en Nepal. Encuentre lo que encuentre allí, será algo más de mí, sumará, y querré seguir en contacto.