PEDERASTIA EN LA IGLESIA

Detenidos tres curas y un seglar por la red pederasta de Granada

Los arrestados ejercían una gran influencia sobre los menores, a los que hablaban de amor fraternal

Los investigadores trasladaron a los religiosos al registro de un chalet escenario de las orgías

Misa del arzobispo de Granada en la catedral, el pasado domingo.

Misa del arzobispo de Granada en la catedral, el pasado domingo. / MAYKA NAVARRO

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MAYKA NAVARRO / GRANADA

Tres sacerdotes un seglar de la archidiócesis de Granada fueron detenidos ayer acusados de agredir y abusar sexualmente de varios menores sobre los que ejercían una gran influencia por su condición de religiosos y a los que «manipularon» haciéndoles creer que las relaciones sexuales con curas eran una práctica natural del «amor fraternal» que profesaban. Los arrestos se produjeron después de que los investigadores de la Brigada Judicial de la Policía Nacional de Granada terminaran este fin de semana la primera ronda de declaraciones de testigos que en los últimos años coincidieron con los protagonistas de este escándalo en las parroquias en las que estuvieron destinados. Aunque la investigación comenzó en octubre a partir de la denuncia de Daniel, un adolescente que ahora tiene 24 años, los policías ya han localizado a otras víctimas que aparecen, con nombre y apellidos, en el escrito que el joven envió al Papa cuando vio que sus quejas caían en saco roto en el arzobispado de Granada.

LOS ROMANONES 

Los cuatro detenidos son tres curas y el hermano de un religioso, que trabaja como profesor de Religión. Todos forman parte de un grupo integrado por una decena de sacerdotes y un par de seglares de Granada, muy unidos entre ellos, al que se ha bautizado como el clan de los RomanonesEl apodo viene por el nombre del que está considerado el cabecilla del grupo, el sacerdote Román Martínez, de 60 años, y que hasta el mes pasado era el titular de la parroquia de San Juan María Vianney, en el barrio del Zaidín. Otro de los detenidos es el sacerdote Francisco José Campos Martínez, de 44 años, y juez del Tribunal Diocesano, que se encargaba de tramitar nulidades y divorcios en la curia granadina. El tercer cura detenido es Manuel Morales Morales, de 42 años, muy conocido en el barrio del Zaidín, donde reside su familia, y que estaba al frente de la parroquia de la localidad de Órgiva. El cuarto arrestado es Sergio Quintana, hermano de un sacerdote y profesor de Religión.

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Las detenciones se realizaron a primera hora de la mañana, ordenadas por el titular del Juzgado número 4 de Granada, Antonio Moreno Marín. Tras pasar varias horas, en celdas separadas, en la comisaría de la policía, los detenidos fueron trasladados a un chalet propiedad de Román Martínez, situado en la pedanía de Los Pinillos, a pocos kilómetros de la capital. Esa casa, muy austera por dentro, la heredó el cura al morir su padre. Los Romanones celebraban en esa propiedad muchas reuniones, «ejercicios espirituales» según sus seguidores. Allí situó Daniel en su carta al Papa, que después amplió en la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, los pasajes más escabrosos de su convivencia con los sacerdotes. En esa primera carta, el joven, miembro supernumerario del Opus Dei, narra en cuatro páginas cómo el cura Román le obligaba a ducharse siempre con él y no le permitía desnudarse a solas. «El amor es libre y eleva el espíritu», le reiteraba el sacerdote ante las dudas que en ocasiones le planteaba el joven. El denunciante detalló al Papa las agresiones frecuentes, que iban desde «masajes a masturbaciones y besos en la boca». En su carta, Daniel identificó a los tres curas y al seglar con los que mantuvo relaciones, mientras que del resto dice que eran conocedores de los hechos, aunque no participaban en unas prácticas que los investigadores califican de «orgías».

La policía tomará hoy declaración a los detenidos y apurará el plazo de 72 horas antes de ponerlos a disposición judicial. Los investigadores esperan ampliar el atestado con el testimonio de más víctimas. Las pesquisas no son sencillas. «Granada es pequeña y todos se conocen. Ahora hay temor y mucha vergüenza», explica un responsable eclesiástico.