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APLICACIONES EN SERVICIOS

El gran ojo espacial

Los satélites proveen cada vez más datos para localización, telemetría, materiales y observación de fenómenos naturales en tierra

CARMEN JANÉ / BARCELONA

Aunque parezca mentira, buena parte de nuestros devenir cotidiano se observa desde el espacio. Satélites grandes, medianos y enanos se van sumando para aportar cada vez más datos para el mundo civil sobre localización de vehículos y objetos, situación del tráfico, mediciones ambientales, control de cosechas, de mareas, análisis del suelo,  geológico, de patrimonio, sin contar con los hasta ahora servicios de comunicaciones como la conexión a internet, a televisión, a radio y a teléfono, o como bancos de pruebas de procesos industriales o experimentos científicos. Todo ello al margen de los usos militares, que han convertido la industria espacial en estratégica para cualquier país y que ha impulsado la creación de la red Galileo en Europa o la irrupción de los países emergentes en el espacio.

En Barcelona, hay un pequeño grupo de empresas que trabajan con estas tecnologías en buena parte gracias a la excepcional cantera de ingenieros de la Universitat Politècnica de Catalunya y la Autònoma. El curso pasado en la UPC hubo 127 titulados en ingeniería aeronáutica en  la Escola Tècnica Superior d'Enginyeria Industrial i Aeronàutica de Terrassa (ETSEIAT) y 42 en Enginyeria d'Aeronavegació i l'Enginyeria d'Aeroports en l'Escola d'Enginyeria de Telecomunicació i Aeronàutica de Castelldefels (EETAC). Además hay un grado de gestión aeronáutica en la UAB y diversas aplicaciones de las ingenierías de telecomunicaciones e industriales y la astronomía. Muchos de estos especialistas catalanes están repartidos por el mundo. Nasa y ESA, incluidas. Y algunos deseosos de volver a trabajar en empresas en su tierra.

Zero2infinity, por ejemplo, desarrolla en Cerdanyola globos estratosféricos capaces de lanzar microsatélites (el Bloostar del gráfico). «Hay demanda para imagen por satélite para contar coches o establecer la ocupación de un aparcamiento, que si se tuviera que hacer con sensores en tierra sería muy caro», explica su fundador, José Mariano López Urdiales, especialista en cohetes y antiguo director de BAIE. Y tienen un proyecto para usarlos para enviar turistas al espacio, de modo que suban en cohete, permanezcan unas dos horas, y bajen en paracaídas. Bastante más tiempo del que promete Virgin Atlantic en sus vuelos. De momento, están en fase exploratoria. 

En Starlabs, ubicado en Barcelona y desde hace poco con sede en Londres, desarrollan aplicaciones para, por ejemplo, «calcular cuánta nieve hay acumulada en el Pirineo para poder establecer el caudal de los embalses y ajustar precios del agua al consumo. O para detectar áreas montañosas quemadas o inundadas, controlar la presencia de medusas en el litoral en verano o la humedad de los parques para gestionar mejor el riego», enumera Laura Moreno, responsable de proyectos espaciales.

WSN, más tradicional, aprovecha la conexión a internet por satélite para dar servicio a los cruceros, a trenes y a autobuses, además de casas en zonas rurales.

«Para la comunidad New Space se pueden captar unas 100 o 200 empresas que ya están haciendo cosas en Catalunya relacionadas con aplicaciones móviles, nuevos materiales, software o GPS», afirma Armengol Torres, impulsor del proyecto.

Es una forma también de sortear las inversiones de la ESA, que hasta ahora dependen de la aportación económica de los países.