JUICIO POR UN SECUESTRO QUE EMPEZÓ EN ESPAÑA

Bolivia condena a 17 años al raptor de la niña marroquí de L'Hospitalet

El hombre retuvo a la menor siete meses, en los que la hizo su esclava y abusó de ella

La pequeña Nada, cuyos padres están imputados, vive aún en un centro de la DGAIA

Unos policías conducen a Grover Morales a declarar ante un juez, en Cochabamba (Bolivia), el pasado marzo.

Unos policías conducen a Grover Morales a declarar ante un juez, en Cochabamba (Bolivia), el pasado marzo. / EFE

3
Se lee en minutos
MAYKA NAVARRO / BARCELONA

Grover Morales Ortuño, el hombre de 36 años que el pasado marzo fue detenido en la selva boliviana tras secuestrar siete meses a una niña de L'Hospitalet de Llobregat de 9 años, ha sido condenado en Bolivia a 17 años de prisión por los delitos de trata de personas abusos sexuales. El juicio se celebró en la ciudad boliviana de Cochabamba, por procedimiento abreviado. El acusado dio por bueno el relato de la fiscal y aceptó una condena que no tiene intención de recurrir.

La sentencia de cinco páginas, a la que ha tenido acceso este diario, resume la fuga del hombre con la menor desde L'Hospitalet, su enloquecida huida por la selva boliviana y las agresiones, malos tratos y abusos sexuales a los que sometió a una niña a la que trató como a una esclava. También recoge algunos detalles de la investigación de las unidades centrales de secuestros de la Guardia Civil y de los Mossos d'Esquadra que permitieron dar con el paradero de la menor y ayudaron a su nada sencilla liberación.

La sentencia no se pronuncia sobre la responsabilidad de los padres en el secuestro. De hecho, apenas los meciona en el relato de los hechos.

La pequeña Nada viajó el 27 de agosto a Bolivia en las que tenían que ser las primeras vacaciones de su vida. Entonces solo tenía 9 años. De origen marroquí, la niña vivía con sus padres y un hermano pequeño en un piso de L'Hospitalet. Grover Morales fue durante los meses previos al secuestro un vecino educado, atento y ejemplar.

COMPRA DE ORO 

De hecho los investigadores sostienen que la menor viajó con la autorización de los padres. Por eso ambos siguen imputados por abandono en una investigación que dirige el titular del juzgado número uno de L'Hospitalet, Marcos Melindi, y que sigue abierta.

Tanto el juez como la fiscal esperaban que tras la sentencia contra Grover Morales las autoridades de Bolivia les remitirían las declaraciones que el hombre realizó tras ser detenido. Querían conocer qué relató el secuestrador sobre la relación con los padres de la niña. Y, sobre todo, querían conocer si el hombre había mantenido ante el juez lo que ya contó a los periodistas tras ser arrestado: que había llegado a un pacto con el padre de la niña para comprar oro a buen precio en Bolivia que la niña pasaría por la frontera al regresar a España, donde lo revenderían. Es decir, que el padre presuntamente habría aceptado que se utilizara a su hija para un negocio en el que ganaría dinero.

COMISIÓN ROGATORIA

A pesar de haber enviado una comisión rogatoria a las autoridades judiciales bolivianas solicitando toda la documentación del caso generada allí, en el juzgado número uno de L'Hospitalet todavía no se ha recibido nada. Solo una copia de la sentencia que esta misma semana entregó en mano el teniente José Miguel Hidalgo, del grupo de secuestros de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. El teniente aprovechó el viaje relámpago a Barcelona para visitar a la pequeña en el centro de la Dirección General d'Atenció a la Infància i Adolescència (DGAIA) en el que siete meses después de su liberación sigue viviendo.

Noticias relacionadas

Nada, que no tardará en cumplir 11 años, viajó este verano con sus compañeros del centro a Eurodisney. Sus padres y su hermano solo la pueden visitar los días estipulados por las autoridades. Una situación muy complicada emocionalmente para una menor a la que le cuesta entender por qué no puede regresar a su casa, con sus padres.

Abderraziz y Fátima, los padres de Nada, nunca contaron con claridad por qué habían autorizado el viaje de su hija de nueve años a un país tan lejano como Bolivia con un hombre al que solo conocían de dos meses. Ellos siempre mantuvieron que a la niña le hacía muchísima ilusión viajar por primera vez al extranjero y que Ortuño, que durante todo el tiempo que vivió en España utilizó un nombre falso, Raúl Hernán Miranda, tuvo un comportamiento ejemplar con su hija y con la familia. Después supieron que el hombre ejemplar cumplió una condena por violar a sus hermanas.