RAMÓN MARGALEF. ACTIVISTA ANTINUCLEAR
"Algunos del grupo éramos activistas desde 1974"

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Gracias a la llamada de José Pino, su cuñada Mercè fue de las primeras en conocer que "algo gordo" estaba pasando en la cercana nuclear de Vandellòs 1. El requerimiento a su marido, trabajador en el complejo para que acudiera a la planta, no hizo más que corroborar la existencia de motivos para su inquietud. Comunicó la advertencia al cabo de unos minutos a los miembros del grupo de teatro Plors i rialles de l'Ametlla de Mar, que se habían reunido después de cenar para empezar uno de sus ensayos nocturnos, ajenos a la situación que ya se estaba viviendo a apenas 10 kilómetros de distancia, en el interior del complejo atómico y que aún iba a durar horas.
Ramón Margalef, uno de los actores aficionados, había tenido ya anteriormente ocasión de distinguirse como activista nuclear, con su oposición y la de su familia, pese a lo suculento de la oferta, según algunas voces, de vender unas tierras a la floreciente industria, ansiosa por ampliar el parque atómico estatal.
El mensaje inconcreto de Mercè hacia las 11 de la noche no logró crear excesivo recelo entre sus compañeros. "Nos dijo alguna cosa al respecto, pero lo cierto es que esa noche nos fuimos a dormir tranquilos e inconscientes de lo que sucedía, como buena parte de los vecinos", asegura Margalef. Mercé le llamó a la mañana siguiente, ahora ya con más ímpetu: "Ramon, se ve que aquello de ayer en la nuclear fue terrible", le dijo.
No tardaría en emerger, de ese pequeño colectivo teatral, el núcleo duro del comité antinuclear que rápidamente empezó a tomar las riendas del descontento vecinal en L'Ametlla de Mar.
Movilización
"Algunos de los componentes del grupo ya éramos activistas desde el año 1974, cuando llegaron los proyectos nucleares a la zona (la madre de Ramon fue una de las mujeres de la localidad detenidas por haber tirado en una zanja al entonces alcalde por supuestos flirteos pronucleares) y entonces, pues me reboté un poco más", desdramatiza este hombre.
Se pusieron a plantear batalla: caceroladas, un referéndum que puso en debate vecinal la continuidad de Vandellòs 1, una manifestación de barcas frente a la nuclear y hasta una huelga general en el municipio.
"Trabajamos mucho. Nos volcamos a una labor agotadora y, poco a poco, fuimos viendo que quizás era posible hacer caer al gigante", explica. "Cuando el PSC y también algunos representantes de CiU acudieron a la gran manifestación que convocamos frente a la central nuclear fue cuando empecé a darme cuenta de que cerrarían", admite. "Hubo una celebración increíble aquí en el pueblo, increíble", recuerda Margalef desde la lonja de l'Ametlla de Mar, donde trabaja.
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