25 may 2020

Ir a contenido

Gente corriente

Robin Khokhar: "Queremos que acaben las acusaciones por blasfemia"

Catalina Gayà

-Llega en el 2004.

-Sí, tenía 21 años. No salí por motivos políticos ni religiosos. Vine para empezar una nueva vida, tenía familia aquí. En Pakistán estudié la secundaria y era voluntario en la iglesia católica. Trabajábamos con niños de la calle, por ejemplo. Los que serían después mis suegros también estaban aquí.

-¿Se casó?

-Sí, en el 2007 en Pakistán. Mi esposa llegó en el 2010.

-¿Hay una comunidad cristiana paquistaní activa en Catalunya?

-Sí, no sé cuántos seremos, pero calculo que por lo menos hay 30 familias. A veces, nos reunimos en iglesias evangélicas y otras, en las católicas. Yo soy católico.

-Hábleme de su familia en Pakistán.

-Mis abuelos, mis padres y yo mismo, todos somos católicos. Mi tío es cura en Punyab y mi tía es monja, ahora está en Roma.

-¿Han tenido problemas por ser cristianos, una minoría en su país?

-Mi familia, de momento, no. Otros cristianos, sí. Han matado a muchas personas por ser parte de minorías religiosas. En Pakistán tenemos libertad religiosa. Nuestro problema es con los radicales.

-¿Les respeta la comunidad musulmana?

-¿Aquí? ¿En Catalunya? Sí, sí que nos respetan. Aunque a los radicales no les gusta el diálogo, nos respetan.

-Siga.

-Soy el secretario general, en Catalunya, del Pakistan Aqleati Pream Party. Aqleati significa minoría. Trabajamos por los derechos de las minorías, contra el terrorismo y para fomentar la paz. Mi suegro, Javed Iqbal Gill, es el presidente, y la organización está registrada en Bruselas. Tenemos representantes en el Reino Unido, Filandia, Suecia, Alemania, Bélgica, Italia...

-Vamos por partes. ¿Cuándo se crea la organización?

-En los años 80, pero paró en los 90 porque la gente que la había fundado murió o emigró a Europa o a Estados Unidos.

-¿Y cuándo se reorganizan?

-En el 2007. Tuvimos problemas como cristianos y dedicimos que teníamos que dialogar. Mi suegro buscó los contactos. Trabajamos para el cambio social. Mi cuñado Amer Javed es el secretario de comunicación. En Pakistán, en la organización hay representación de otras confesiones religiosas, como la hindú o la sij. Aquí todos somos cristianos, pero queremos juntarnos con otras minorías. Aún no las conocemos, porque hace muy poco que nos hemos registrado.

-Y, desde aquí, buscan el diálogo con otras confesiones.

-Participamos con la comunidad musulmana para que haya un entendimiento. Cuando hay problemas puntuales, nos movilizamos. Cuando encarcelaron a Rimsha Masih, una niña cristiana a la que acusaron de blasfemia, protestamos.

-¿Y les escuchan en Pakistán?

-Lo intentamos. Tenemos muchos planes de futuro: entre nuestros objetivos está empezar una campaña para luchar por la paz, combatir el terrorismo y que las minorías obtengamos un mejor acceso a la sanidad y a la educación. También queremos hacer un censo real de las minorías y que acaben las acusaciones  por blasfemia.

-Continúe.

-Creemos que tiene que haber más representación de las minorías en el Gobierno. Hemos creado una revista que se llama La voz de las minorías, yo soy el editor en España. ¿Le digo algo?

-Diga.

-En todo Pakistán el gran problema que tenemos es el terrorismo y los radicales. Ese es el gran, gran problema.