CRISIS EN LA ASISTENCIA PÚBLICA

Rebelión en el hospital

Once enfermos de Bellvitge ingresados en camas que iban a ser clausuradas en verano se niegan a cambiar de habitación

Rehúsan los cierres mientras haya listas de espera

David Sierra es el único ocupante de una unidad de la planta 10 de Bellvitge.

David Sierra es el único ocupante de una unidad de la planta 10 de Bellvitge. / ELISENDA PONS

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ÀNGELS GALLARDO
BARCELONA

Acreditado con una pegatina sobre la camisa en la que se lee Resistencia al traslado, Antonio Damián, miembro de la Federación de Asociaciones de Vecinos (FAV) de L'Hospitalet, hacía guardia ayer en los accesos de la planta 3 del Hospital de Bellvitge, destinada a cirugía cardiaca, donde cinco enfermos del corazón ya operados se negaban a ser trasladados a otra planta. «Hemos hablado con los pacientes y les hemos explicado que no pueden obligarles a cambiar de cama», explicaba Damián. Ayer eran 13 los enfermos que se oponían a ocupar otra habitación.

Los cierres estivales que los hospitales planifican cada año, coincidiendo con un programado descenso de actividad y las vacaciones del personal, se han convertido en el Hospital de Bellvitge en el símbolo del rechazo a los recortes presupuestarios que sufre la sanidad pública desde hace tres años.

La unidad -de 12 camas- que ocupan los cinco enfermos cardiacos que se resisten al cambio, al igual que la de la planta 9, de neurología, donde permanecen siete pacientes en la misma situación, y la de la 10, ocupada por un joven accidentado, forman parte de dicho programa de  cierre estival, una planificación que la dirección de Bellvitge no consigue aplicar porque, en un hecho sin precedentes, los pacientes se niegan a pasar a otras plantas. Quienes rechazan el traslado lo hacen, reiteran, en defensa de la sanidad pública.

«Este intento de cerrar camas ha sido la gotita que rebasa el vaso», sintetizó ayer Dolores Sauci Gil, de 65 años, que ocupa la habitación 305 de la planta 3. «Es una excusa para no abrir más estas camas -sostenía la paciente-. Dicen que las cierran para pintarlas, pero no estoy segura. He dicho a las enfermeras que no me muevo, y ellas lo aceptan, me cuidan muy bien. Lo hago por las listas de espera. Quiero que las personas que están pendientes de una operación tengan el mismo derecho que yo». Al igual que el resto de resistentes, solo dejará su cama cuando reciba el alta médica.

Información contradictoria

El gerente de Bellvitge, Alfredo García, aseguró que las enfermeras han explicado, uno por uno, a los pacientes que las camas que ahora se cierran estarán activas entre septiembre y octubre. En la planificación estival suscrita por la dirección médica y de enfermería, documento de acceso público, se indica el día del cierre y el de la reapertura. Pero no todos los pacientes se lo creen.

«Algún sindicato está dando una información impresentable a los pacientes -afirmó García-. Les dicen que los cierres son definitivos, y que si cambian de cama no serán operados, o no les darán sus medicamentos, o les faltará comida. Están jugando con las emociones».

Antonio Damián, de la FAV, considera que si dirección y sindicatos hubieran «firmado» que todas las camas que cierran en verano volverán a ser abiertas, no habría conflicto. «Este hospital cada vez tiene menos camas», dice Damián. Desde gerencia indican que el hospital perdió 70 camas en el 2012, coincidiendo con la apertura del Hospital Moisès Broggi, de Sant Joan Despí, que absorbió 300.000 pacientes que antes iban a Bellvitge. «Desde que existe el Broggi tenemos un 10% menos de ingresos cada día», dijo García. Bellvitge, no obstante, hubo de afrontar ayer una nueva saturación de urgencias que obligó a abrir una unidad de emergencias dotada de 12 camas.

Desde la habitación 309, apenas con un hilo de voz, María Benítez, de 68 años, defendía a mediodía de ayer su cama, situada en una planta de cierre frustrado. «Llevo dos válvulas cambiadas y he estado 20 días en la uci cardiaca. Estoy demasiado delicada como para que me vayan moviendo -decía-. Antes de entrar en quirófano, el cirujano me dijo que había riesgo de que no saliera viva. Pero aquí estoy, en la unidad de cirugía cardiaca. Es mi planta, y de mi planta no me voy».

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Dolores Saucí, a quien han cambiado una válvula y colocado un marcapasos, debía haber recibido el alta la semana pasada, pero tiene fiebre. «Me están haciendo unos cultivos y hasta que no haya resultados y vean dónde está la infección, no me darán el alta -decía-. Hasta entonces, no me muevo de aquí». Sus familiares no la dejan sola, «ni de día ni de noche», por si intentan trasladarla, explican.

«No forzaremos jamás a los enfermos que no quieran que se les cambie de habitación», aseguró el gerente. «Dentro de una semana, calculamos, los 13 habrán recibido el alta», añadió García. «En las plantas que cerramos hay que hacer obras de mantenimiento o pintura -añadió-. ¿Para qué íbamos a pintarlas si no pensáramos abrirlas nunca más?»