La crisis eleva un año más la cifra de españoles en la recogida de fruta

Los temporeros autóctonos, aunque minoría, suben el 50% con la incorporación sobre todo de jóvenes

Lleida vive una de las campañas más tranquilas, sin apenas conflictos ni campamentos ilegales

Clasificación de fruta en la cooperativa Fruitona de Aitona,el pasado miércoles.

Clasificación de fruta en la cooperativa Fruitona de Aitona,el pasado miércoles. / RAMON GABRIEL

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LAURA BIELA
LLEIDA

Aunque a los españoles les sigue costando en general bastante aceptar un trabajo en el campo, el inicio de la campaña de recolección de la fruta en Lleida ha vuelto a confirmar un año más que la crisis y el paro han ido cambiando el perfil de los temporeros. De las 25.000 personas contratadas para esta temporada, el 8% (unas 2.000) son autóctonas, explica Josep Maria Companys, coordinador territorial de Unió de Pagesos y responsable de los temporeros. El porcentaje, contemplado aisladamente, puede parecer poco significativo, pero supone un crecimiento de más del 50% respecto al año pasado, cuando se situó en el 5%. Unos pocos años antes, apenas había.

Además, si la tendencia a la incorporación de parados españoles no se consolida más se debe también a que los payeses, que prefieren no dejar nada a la improvisación, suelen tener sus propios equipos formados y año tras año solicitan sus servicios a las mismas personas, lo que supone un freno al cambio de perfil de los temporeros. También hay que tener en cuenta que muchas de las personas del país que trabajan en el campo son familiares o amigos directos del empresario que tiene las fincas.

Un ejemplo que ilustra muy bien el perfil de los actuales temporeros de Lleida es el que se da en las 25 hectáreas de frutales que tiene Pepito Llima en Alcarràs (Segrià). Este empresario ofrece trabajo cada año a una decena de personas. A excepción de uno solo, que es autóctono, todos son inmigrantes, la mayoría de Mali. Llima contrata siempre a las mismas personas. Ya las conoce y sabe cómo trabajan. Dominan las diferentes variedades de fruta y el terreno a la perfección. «El que menos tiempo lleva conmigo lleva más de tres años», explica. Y es que, como explica también Companys, entre  la gran mayoría de inmigrantes que se dedican a la recolección «muchos ya están afincados en España».

Un caso algo distinto es el de las cooperativas, donde el porcentaje de españoles es superior a la media, «en torno al 10%», explica el coordinador de Unió de Pagesos. Ello se debe a que estas empresas intentan contratar a parados de la propia localidad o los alrededores. En ellas se puede ver mucha gente joven, «sobre todo estudiantes» -apunta el alcalde de Alcarràs, Miquel Serra- que durante la campaña de verano intentan ganar algo de dinero.

LLAMAMIENTO DE LOS ALCALDES / En pasadas temporadas, muchos inmigrantes se presentaban sin trabajo e, incluso, sin papeles. Para intentar evitarlo, los alcaldes del Baix Segrià (Aitona, Alcarràs, Torres de Segre y Soses), la zona donde más fruta se recoge, hicieron un llamamiento para que ninguna comunidad autónoma enviara a más temporeros, porque no tenían más trabajo para ofrecer. También solicitaron que se intensificaran los controles en los lugares de origen. Su intención era contratar, si quedaba alguna plaza vacante, a los parados de Lleida.

Y parece que la estrategia ha funcionado. Las comarcas frutícolas de Lleida están viviendo el verano más tranquilo de los últimos años. Cada vez más, los temporeros llegan con un contrato de trabajo pactado y un piso o lugar donde dormir. Ello ha propiciado que desaparezcan todos o la mayoría de los campamentos ilegales que se podían ver durante la campaña de verano y que se reduzca el número de peleas y robos.

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Así lo explica el intendente jefe de la Comisaría de Lleida, David Boneta, quien asegura que, «al venir menos personas, no hay tantas concentraciones en la calle y las plazas y existen menos incidentes y menos denuncias».

El alcalde de Alcarràs, una de las localidades en las que más fruta dulce se recoge durante el verano, considera que esta campaña es «una de las más tranquilas de los últimos 15 o 20 años». Un cambio que achaca a la buena gestión de los empresarios de la zona, que en su mayoría adecuan sus empresas para acoger a los trabajadores en las mejores condiciones, exigen que todos tengan papeles y les aconsejan que si no tienen trabajo no se desplacen hasta estas zonas. «Es cierto que siempre hay algún incidente o alguna pelea -comenta-, pero nada en comparación con los problemas que teníamos tiempo atrás». Y así espera que sea así durante muchos años.