Incógnitas sobre la ley antihomofobia

Grupos gais critican la deriva comercial de la Fiesta del Orgullo

Censuran que la prioridad de empresas y autoridades relega la reivindicación civil

Los organizadores del desfile discrepan y creen posible aunar fiesta y reclamación

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VÍCTOR VARGAS LLAMAS
BARCELONA

Nubarrones tapando el arcoiris. Ese es el panorama que se conforma en el horizonte del colectivo gay de Catalunya, el mismo que se cobija bajo la bandera multicolor y en el que se detectan disensiones sobre la celebración del Día del Orgullo, el 28 de junio, el momento del año en el que acaparan mayor protagonismo mediático y social.

«Se está olvidando que el origen de la conmemoración son los disturbios de Stonewall, en Nueva York, en 1969, cuando por vez primera el colectivo homosexual protesta por sus derechos tras una redada discriminatoria», expone Eugeni Rodríguez, presidente del Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC). Un espíritu que, según Rodríguez, se «difumina» ante otras prioridades, «comerciales y lúdicas». El activista se refiere al Pride Parade, el desfile de carrozas organizado por ACEGAL, la Associació Catalana d'Empreses per a Gais i Lesbianes, que comparte el protagonismo  de la celebración con la Comissió Unitària 28 de Juny, promotora tradicional del acto.

En ese mismo sentido se expresa Joaquim Roqueta, secretario general de Gais Positius. «Si no hay reivindicación social detrás, corremos el riesgo de perder la auténtica naturaleza del acto y de frivolizarlo», expone. Deja claro que no es contrario al tono festivo, «pero garantizando que llega el mensaje sobre los retos pendientes para el universo gay».

DIVISIÓN / Roqueta subraya que «la gran mayoría de entidades «están unidas», pero también que el 28 de junio van cobrando forma «dos modelos diferenciados», con objetivos dispares, y que hay que decidir qué mensaje se emite: «O el de las entidades, el de la lucha por los derechos civiles; o el de la fiesta y la diversión, en el que parece que no quedan retos, que solo importa vender la imagen gay friendly de la ciudad que interesa al sector turístico y a la Administración», dice Roqueta.

«Claro que hay que visibilizar el orgullo de ser gay. Pero de poco servirá si solo cuentan las carrozas y olvidamos que hace unos días agredieron a un chaval en un instituto de Cerdanyola por ser homosexual, o que en 77 países del mundo ser gay todavía está perseguido», añade Rodríguez. Para Roqueta, se ha avanzado mucho en los derechos homosexuales, pero detecta un conformismo que le preocupa. «Parece que desde que se aprobó el matrimonio gay se haya conseguido todo, y está lejos de  ser así», explica. Y pone un ejemplo para evidenciar la confrontación: «Al proponer que los actos se centraran en hablar del sida y los recortes, los empresarios se negaron; no les interesa para la imagen que quieren vender, ni es buena idea para recibir subvenciones».

Las discrepancias entre las dos formas de concebir el Día del Orgullo se van acentuando en los últimos años. Desde el 2003, la conmemoración se celebra en Barcelona a partir de dos propuestas diferenciadas que hasta entonces habían actuado unidas. El año pasado se fue un paso más allá. Las manifestaciones que organizan ambas entidades, que hasta entonces se habían celebrado en momentos diferentes, coinciden por primera vez en la misma tarde del sábado, obligando a los colectivos que quieren participar a dividir sus representantes. Este año se volverá a producir la coincidencia.

Desde el Ayuntamiento de Barcelona, la presidenta del Consejo Municipal de Gais, lesbianas y mujeres y hombres transexuales, Francina Vila, recuerda que el consistorio apoya «todas las iniciativas» que reduden en beneficio del colectivo gay, sin tomar partido hacia dónde deben orientarse iniciativas «estrictamente privadas».

ENFOQUE / Joan Igual, presidente de ACEGAL, niega que la filosofía del Pride sea solo fiesta y especulación. «Nos apoyan 31 entidades del colectivo, más que a los otros organizadores», argumenta al discrepar con el enfoque de Rodríguez y Roqueta. Considera que su propuesta compatibiliza la «reivindicación con la fiesta». «Hay espacio para ambas expresiones. Mantenemos las protestas y ponemos a Barcelona en el circuito internacional, como uno de los destinos favoritos del turista gay», dice.

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«Todos buscan su espacio, y durante años la Comissió Unitària lo ha tenido al 100%, pero empezaba a ser una fiesta residual, con una marcha de 2.000 personas; el año pasado nosotros reunimos a 25.000», aduce Igual. Los organizadores prevén que unas 250.000 personas acudirán a la sexta edición de la Pride, gastando unos 20 millones de euros.

Igual no descarta pactar con los otros organizadores, pero lo ve «difícil» por la actitud de la Comissió, al recordar que «fueron las entidades las que en el 2002 decidieron que las empresas no participarían» en la organización del Día del Orgullo, precipitando la actual división.