EL IMPACTO DE LOS EXÁMENES

La olla a presión china

El 90% de los suicidios de alumnos de primaria y secundaria del gigante asiático tienen detrás un cuadro de estrés estudiantil

El sistema educativo suma filtros para seleccionar a los mejores

Vigilancia . Control de seguridad a alumnos antes del ’gaokao’ (selectividad), en Ganyu (China).

Vigilancia . Control de seguridad a alumnos antes del ’gaokao’ (selectividad), en Ganyu (China). / REUTERS

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ADRIÁN FONCILLAS
PEKÍN

La presión escolar está detrás de la mayoría de suicidios juveniles en China. Era algo más que una sospecha y un estudio le ha puesto cifras: el 92% de los 79 casos examinados desde el 2003 en escuelas de primaria y secundaria ocurrieron por un cuadro de estrés estudiantil. El 63% llegaron en el segundo semestre, cuando se acumulan los exámenes decisivos, según el Instituto para la Investigación de la Educación Siglo XXI.

Varios casos han sacudido recientemente la conciencia nacional: un estudiante saltó al vacío por el bajón de sus calificaciones en Mongolia Interior, otro de 13 años se colgó al no completar sus deberes en Jiangsu, una niña se cortó las venas e ingirió veneno porque no entró en la universidad deseada en Sichuan y un padre mató a golpes a su hijo por copiar su trabajo de un compañero.

La culpa no solo es achacable a la extrema competitividad del sistema, sostiene Chu Zhaohui, del Instituto Nacional de Ciencias de la Educación. Con la confusión adolescente, los jóvenes tienden a ocultar peligrosamente sus sentimientos. «Padres y profesores deberían hablar más a menudo, conocer sus necesidades y respetarles. Es algo muy simple, pero eficaz», declaró a la prensa local.

Las informaciones sobre la educación china suelen ser simplistas. «La vinculación automática de suicidios con el sistema es un estereotipo bastante injusto que se utiliza para contrarrestar sus éxitos. Es un modelo competitivo, pero influyen otros factores demográficos y sociales», sostiene Gonzalo Sanz, secretario general de Educación en la Embajada de España en Pekín. Los estudiantes de Shanghái lideraron el último informe PISA.

La política del hijo único

La disciplina, competitividad y largas jornadas de estudio sazonadas con actividades extraescolares también son comunes en Corea del Sur y Japón. Pero en China se añade la política del hijo único, que coloca todas las expectativas en un solo cesto, y el estado embrionario de las pensiones de jubilación. Los padres destinan los ahorros a la educación del hijo con la esperanza de que fructifiquen en un buen destino laboral y en el sustento futuro.

El gaokao o prueba de selectividad es el Rubicón del estudiante chino, el que lo condenará a un trabajo físico o le proporcionará el salvoconducto universitario. No es difícil entrar en una universidad china, pero sí lo es acceder a las mejores. Las de Beida o Tsinghua, caladeros de multinacionales y trampolines políticos, exigen más de 600 puntos sobre 750. Jugarse la vida en un examen no es aquí una frase hecha.

El sistema educativo encadena desde edades tempranas filtros que seleccionan a los más válidos y trabajadores. Es un camino tan competitivo y estresante como justo, ajeno a la corrupción endémica de otros sectores sociales y respetuoso con la meritocracia de la época imperial, cuando eruditos de todo el país se examinaban para entrar en la corte.

Hace años que sociólogos y docentes reclaman un ecosistema menos hostil, que enfatice más la creatividad y menos la memorización. Por ello, en el 2010 se dictó un plan nacional para la reforma y el desarrollo de la educación, que pretende reducir la presión, la importancia de los exámenes, la carga académica especialmente en las primeras fases y las actividades extraescolares. «Son intentos bastante sinceros para mejorar, se ven adelantos y que algo se empieza a mover. Pero es una maquinaria muy pesada y muchos de los cambios son tan profundos que no sé hasta qué punto se podrán asimilar porque chocan contra la tradición», sostiene Sanz.

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Rasgos positivos

Los esfuerzos gubernamentales también buscan reducir la brecha de calidad, ya sea entre las grandes ciudades (las únicas incluidas en el informe PISA) y las rurales, o entre las mejores universidades y el resto. Pekín, vaya, conoce los fallos de su sistema educativo. Sanz sugiere sin embargo que algunos de sus rasgos mejorarían el desprestigiado sistema de enseñanza español: «El esfuerzo, el respeto confuciano al profesor, la disciplina, el esfuerzo, la memorización…», apunta como ejemplos.