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Han Nefkens: "El arte cura de la soledad y ayuda en las épocas duras"

Mecenas por puro amor al arte. Ayuda a artistas plásticos y ha creado una beca para escritores.

Han Nefkens: "El arte cura de la soledad y ayuda en las épocas duras"

ISABEL MESTRE

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Olga Merino
Olga Merino

Periodista y escritora

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Escritor, coleccionista, filántropo y sobre todo un espíritu luchador. Han Nefkens (Rotterdam, 1954) lleva seis años afincado en Barcelona, donde estructura su mecenazgo a través de dos fundaciones: Art Aids y la que lleva su nombre, que premia a artistas plásticos y otorga una beca a jóvenes escritores.

—El 20 de noviembre de 1987, cuando trabajaba como periodista en México, descubrí que había contraído el sida. Tenía 33 años, y se me cayó el mundo encima: «¿Qué me quedan? ¿seis meses?, ¿qué voy a hacer?». En aquella época no se sabía nada acerca de la enfermedad. Mi hermano murió de sida.

—Su último libro se titula Tiempo prestado (Alfabia, 2008). ¿Tiene esa sensación?

—Me dio una tremenda alegría cumplir 60 años el mes pasado. Nunca pensé que llegaría, nunca. Es un regalo enorme. Todos vivimos con tiempo prestado. La ventaja que tengo es que estoy prevenido: lo supe hace 27 años, y pude hacer lo que quise.

—Luego contrajo encefalitis.

—Sí, hace dos años. De un día para otro, no podía caminar, ni hablar, ni comer… Fue una segunda vida, una segunda oportunidad. Me llevó dos años recuperarme.

—Todavía hay estigma con el sida.

— Sí. La gente se avergüenza, no quiere que se sepa, y eso es una carga inútil. Además de peligroso, porque aquí, en España, de entre la gente que tiene el VIH al menos el 30% no sabe que es portador.

—Desde Art Aids ayudan a concienciar.

—Organizamos un evento cada dos años enfocado en romper el ostracismo alrededor del VIH. En octubre se inaugurará la exposición Perfect Lovers en la Fundación Suñol. Se trata de obras inspiradas en la enfermedad.

—Un millonario, con un acendrado gusto artístico ¿se dedica a la filantropía en lugar de darse la buena vida?

—Perdone, estoy viviendo la buena vida porque hago exactamente lo que me gusta y lo que me da placer. Es un inmenso tópico eso de que si tienes dinero te vas a la playa, a las Maldivas, y te compras un Ferrari. El dinero es solo una lupa que lo hace todo más grande: si estás perdido y no sabes quién eres, todavía será peor si tienes dinero.

—¿Qué le aporta hacerlo?

—Sentirme acompañado, aunque no físicamente. Mire, yo soy escritor y tengo el lujo de poder dedicarme a la escritura sin tener que preocuparme por llegar a fin de mes. Y solo la idea de que otro autor puede escribir gracias a la beca ya me satisface.

—Dando también se recibe, ¿es eso?

—Exacto. He tenido el privilegio de tener muchos obstáculos que superar. Si todo te resulta fácil, si no tienes que hacer ningún esfuerzo, ¿qué aprendes? Nada. El arte cura de la soledad y me ha ayudado a superar momentos muy duros.

—Es usted un coleccionista atípico.

—Sí, me apasiona el arte, pero mucho más poderlo enseñar. Las 450 obras de la colección H + F (por mi inicial y la de Felipe, mi marido mexicano) están colgadas en diversos museos del mundo.

—¿Su pieza favorita?

—Eso es como preguntarle a un padre a cuál de sus hijos quiere más. Pero estoy muy orgulloso de la obra que hizo la artista Pipilotti Rist para la Fundació Miró.

—¿Por qué escogió Barcelona?

—Es como cuando te enamoras de alguien: son muchas cosas. Me sedujo la mezcla de vida mediterránea con la identidad catalana, que la hace distinta. El ambiente creativo y el hecho de que haya vida en la calle, algo que nos falta en los países nórdicos. Si tienes que hablar con alguien, no lo citas en la oficina, sino que quedas a comer.

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—Eso nos lo critican mucho en Europa.

—Sí, pero están muy equivocados. Mucho.