una historia de película ENTRE ETIOPÍA Y BARCELONA

El reencuentro de tres huérfanos adoptados

Alexandra Rozas explica en el documental 'Seleme, Seleme' la historia de un niño etíope acogido por una pareja catalana que buscó a sus familiares y logró reagrupar al pequeño con sus otros dos hermanos

Irene Domingo y Rafel Vives con sus tres hijos, Miquel, Joan y Manel.

Irene Domingo y Rafel Vives con sus tres hijos, Miquel, Joan y Manel. / ALEXANDRA ROZAS

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TXERRA CIRBIÁN

Esta es una historia de película y con película. Una historia que empieza con una entrevista para televisión en la redacción de  EL PERIÓDICO, casi por casualidad.

Hace unos días, TV-3 estrenó en la sobremesa de los sábados el programa de manualidades y reciclaje Ja t'ho faràs, presentado por el mallorquín Rafel Vives, un todoterreno con mucha historia detrás, de la que les hablaremos muy pronto.

Lo sorprendente es que Rafel se presentó a la entrevista con sus tres hijos. Tres preciosos niños negros de de 7, 8 y 10 años. Su presencia, que no pasó desapercibida, picó nuestra curiosidad. «Es que esta es una adopción tan poco habitual, que mi cuñada, Alexandra Rozas, que está estudiando en la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya, la ESCAC, ha hecho un documental, que se puede ver los miércoles, en los cines Girona de Barcelona, hasta junio».

 

Irene Domingo es la decidida pareja de Rafel -se ha de ser muy valiente para adoptar no uno, sino tres chiquillos-, una realizadora de TV-3 que junto a su marido decidieron dar el primer paso hace ya seis años, en julio del 2008. Descartados otros países, se decidieron por Etiopía. «Siempre me había atraído África», explica Irene, «y el proceso allí tenía todas las garantías», añade.

Y un buen día volvieron a Barcelona con un pequeñajo de poco más de 2 años. «Le primera sorpresa fue saber que se llamaba Michael, pero en boca de los otros pequeños del orfanato sonaba a Miquel. Como el padre y un hermano de Rafel. El niño es de un pueblo que se llama Bona y Rafel, de Ca la Bona. Muy fuerte, ¿no?». Huérfano de padre y madre, había sido cedido en adopción por un tío.

«Miquel es un crack en todo, es todo un personaje», asegura su padre con el babero en ristre. «Es un niño que llegó aquí con 2 años y medio sin saber ni una palabra de catalán y al terminar P-3 tenía más vocabulario que muchos otros niños».

 

«Es muy sociable, y habla por los codos», añade Irene. «Y nos explicaba anécdotas de su casa que luego hemos corroborado allí, con sus tíos», apunta Rafel. «Porque quizá lo que diferencia esta adopción de otras es que Miquel tiene una familia», comenta Irene. Y cuando la pareja Vives Domingo se planteó tener otro hijo adoptivo más, allí estaba Miquel para decirles que él tenía dos hermanitos más en Etiopía.

Había que confirmarlo, mover teclas para saber si eso era cierto, «y si la familia de Miquel aceptaba recibirnos», apunta Irene. Y esta vez viajaron ella, dos hermanas suyas y el novio de una de ellas. La menor, Alexandra, que ya había grabado las travesuras de Miquel en Barcelona, llevaba una pequeña cámara con la que no se perdía detalle.

En el pueblo de los pequeños el recibimiento fue genial. El tío de los niños les habló del hermano fallecido, de alimentar muchas bocas, de cuando dio en adopción a uno de ellos, de tantas cosas... «Yo había pensado solo en adoptar un segundo niño, pero al ver a los dos hermanos, ¿qué iba a hacer? ¿Separarlos de nuevo?», reflexiona Irene. La familia de los críos tuvo una respuesta positiva, pero aún quedaba mucho papeleo.

Casi dos años después de la llegada de Miquel a Barcelona, los tres hermanos lograban reunirse. Una testigo de excepción había sido su tía Alexandra. Una presencia constante, cercana, casi invisible, que ha grabado horas y horas de charlas y juegos con Miquel, y más tarde, de su reunión con Manel y Joan. «Un reencuentro feliz, pero que también tuvo sus episodios de celos infantiles al inicio», describe Irene.

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Cuando explicó en clase que había estado en Etiopía, su profesor de Documentales, Ventura Durall le dijo asombrado que él también había estado allí: su largo Els anys salvatges sigue los pasos de tres niños de la calle en Addis Abeba. Una casualidad más de esta historia de película.

Animada por Durall, Alexandra aceptó podar, editar y montar las más de 200 horas grabadas hasta dejarlas en los 60 minutos del sensible documental Seleme, Seleme. Eso sí. Tuvo que convencer a su hermana, que siempre ha estado detrás de las cámaras, para que venciera su timidez y aceptara que sus vidas se vieran en el cine y, más adelante, en la tele. «Me cuesta verme en pantalla, me da pudor. Pero en el fondo sé que es un enorme regalo», dice Irene.