10 abr 2020

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Gente corriente

Marta Casas: "Cuesta que las chicas se animen con la motosierra"

Gemma Tramullas

Los pómulos incendiados por el sol de primavera y unas manos grandes, curtidas y teñidas de color tierra delatan su oficio. Son las cinco de la tarde y, tras ocho horas arrastrando troncos con la skidder (un tractor forestal) y cortando madera con la motosierra, esta vecina de Vidrà (Osona) emerge del bosque.

-Según una encuesta de Estados Unidos, el de leñador es el peor oficio del mundo.

-Es un trabajo duro y mal pagado, sí,  pero si fuera el peor yo no me dedicaría a esto.

 

-En los cuentos los leñadores son más pobres que las ratas y trabajan de sol a sol.

-La realidad es parecida. Hoy, por ejemplo, hemos estado desbrozando márgenes, limpiando el sotobosque, pinchándonos con los espinos y sosteniendo la motosierra durante horas en pendiente y bajo el sol. Por suerte alguien inventó el MP3 y con los cascos puestos es más ameno. También ha evolucionado mucho la seguridad. Llevamos casco, guantes, pantalones anticorte y botas duras con puntera metálica.

-¿Y aún se llaman leñadores?

 

-Leñador viene de antiguo, de cuando se hacía más leña. Yo estudié en la Escola de Capacitació Agrària Forestal Can Xifra y soy técnica especialista forestal, pero si dices forestal la gente lo asocia con ser guardabosques, así que cuando alguien me pregunta a qué me dedico digo que trabajo en el bosque.

 

-¿Qué disfruta más de su oficio?

-Quizá el estar siempre al aire libre. Hoy estábamos en un lugar superbonito, bajo el Collsacabra, en una zona de hayas y robles. Esto es lo que yo he vivido toda mi vida. Mi abuelo era carbonero y mi padre también cortaba árboles. Cuando éramos pequeños, mi hermano y yo le acompañábamos y para entretenernos arrancábamos troncos de brezo y los vendíamos para hacer pipas de fumar. Mi hijo tiene 10 años y también está loco por el hacha.

-Es la única mujer de su cuadrilla.

 

-Soy la única mujer que hace esto en bastantes kilómetros a la redonda. Cuesta que las chicas se animen a coger la motosierra.

-¿Por qué? ¿Se necesita mucha fuerza?

 

-No se trata de fuerza, sino de técnica. Yo no soy distinta de otras mujeres; si yo lo puedo hacer, ellas también.

-¿Y por qué no lo hacen?

 

-No lo sé. Es un mundo muy cerrado. Cuando viene un camión a recoger troncos y me ven a mí al frente de la cuadrilla flipan. Al principio sentía todas las miradas sobre mí: «¿Seguro que sabes ir marcha atrás con el tractor y el remolque?», me preguntó uno. O se dirigen a mí diciendo:  «Ep, noi!». De las 1.000 personas que nos hemos formado en el Centre Forestal Especialitzat de Montesquiu apenas 10 somos mujeres.

-Son 1.000 leñadores titulados.

 

-La formación es clave para dignificar el oficio porque el nivel forestal en nuestro país es muy bajo. ¡No puede ser que cualquiera coja una motosierra y se ponga a talar árboles! Mi hermano fue de los primeros en sacarse el certificado NPTC en Inglaterra, el más prestigioso del sector forestal. Ahora el Centre Forestal de Montesquiu ofrece esta titulación en España. Yo tengo el certificado NPTC de desbrozadora, motosierra y tala de árboles pequeños.  También hemos hecho un curso con mi hermano para construir cabañas con troncos de madera. El sector está por los suelos y hay que reinventarse.

-Talar árboles tiene cierta mala fama.

 

-A veces nos asocian con la desforestación del Amazonas, pero nosotros no cortamos para desforestar sino para sacar las especies invasoras y permitir que los mejores árboles salgan adelante y el bosque tenga continuidad. En Catalunya se han abandonado  muchos terrenos de cultivo y de pasto y la masa forestal ha aumentado. Un bosque abandonado es un polvorín.