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INICIATIVA PARA PRESERVAR EL ECOSISTEMA DEL PAÍS ASIÁTICO

China castiga con cárcel comer animales en peligro de extinción

El consumidor de panda, pangolín o tigre se expone a penas de 3 a 10 años

El aluvión de nuevos ricos ha disparado el consumo de especies protegidas

ADRIÁN FONCILLAS
PEKÍN

PANDA Es una de las 420 especies que China considera en peligro.

PANDA Es una de las 420 especies que China considera en peligro. / DAVID BROSSARD / REUTERS / JACK HYNES

Del restaurante a la cárcel. Es la última medida contra el comercio de animales en peligro de extinción que está aplicando China. El Gobierno de Pekín ya lo había intentado antes con el asedio a los furtivos, multas millonarias, redadas policiales, campañas del baloncestista Yao Ming o el actor Jackie Chan... Todo menos castigar al comensal, el último e imprescindible eslabón de la cadena delictiva.

Los que sean pillados con los palillos en la masa pasarán entre 3 y más de 10 años entre rejas, según la nueva interpretación de la ley criminal. «Acaba con las ambigüedades sobre los compradores de animales provenientes de cazas ilegales», anunció la agencia oficial Xinhua. Ahora está tipificado como crimen. «Comer animales salvajes en extinción no es solo un mal hábito social sino la principal causa de que la caza ilegal no se haya detenido a pesar de todas las enérgicas medidas adoptadas. Los consumidores son los mayores estimuladores», ha señalado Lang Sheng, vicepresidente de la Comisión de Asuntos Legales.

El catálogo chino de vida salvaje es uno de los más ricos del globo. Tiene 6.500 especies vertebradas, la décima parte del total. Más de 470 son originarias, como el panda, los monos dorados, el pangolín, el caimán chino y el tigre del sur de China. Y el Gobierno chino considera que 420 están en peligro. Muchas de ellas siempre han sido habituales en la refinada gastronomía nacional. La novedad es la demanda abundante. En la antigüedad aparecían solo en los menús de emperadores y clases nobles. El aluvión de fortunas durante más de tres décadas de apertura económica ha acentuado el drama. Los nuevos ricos, febriles coleccionistas de concubinas, mansiones y automóviles, muestran su estatus social también deglutiendo oso o tigre.

Sumemos a cualquier funcionario de medio pelo que pretenda impresionar u honrar a sus invitados con un banquete pantagruélico pagado con la tarjeta del partido. Sumemos las creencias telúricas sobre sus virtudes medicinales, ya sea una vida longeva o más vigor sexual. Y sumemos la destrucción de sus ecosistemas por el rápido proceso de industrialización y urbanización del país. El resultado es calamitoso para la fauna sin necesidad de añadir a la ecuación los factores estrictamente gastronómicos.

PICARESCA / Los esfuerzos chinos contra el tráfico de animales protegidos, ya sea para comerlos o para hacer con ellos medicinas tradicionales, no han sido pocos ni tibios. Dos rusos fueron detenidos en el 2013 cuando pretendían entrar en el país con 213 patas de oso cuyo valor habría superado los 300.000 euros. Una operación policial en nueve provincias acabó con 24 traficantes detenidos y 45.000 productos confiscados en marzo. Las autoridades retransmitieron en directo la destrucción de seis toneladas de marfil confiscadas en enero. Y tres chinos fueron detenidos al llegar a Hong Kong con 14 cuernos de rinoceronte y piel de leopardo en las maletas semanas atrás.

El problema, a menudo, no son las leyes sino su cumplimiento. Un diario de Fujian desveló que la policía no encontró los pangolines que varios restaurantes de lujo habían publicitado durante la semana porque habían sido escondidos.