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Elsa Plaza: «La Vampira del Raval es parte de la 'marca BCN'»

Catalina Gayà

Esta mujer llegó a Europa, desde Argentina, en 1975 en un barco llamado Cabo San Roque. Se fue a París, y aquí se instaló en 1977. Durante 10 años, entre otras mil cosas, se ha dedicado a investigar la historia de Enriqueta Martí. Entrevisto a Elsa antes de que haga, de nuevo, las maletas: está pensando en irse a vivir a Granada.

-¿Cómo llega a Enriqueta Martí?

-Por casualidad. En la sala de lectura de Horta me llamó la atención lo que yo identifiqué como un folletín. En la portada había representada una bruja, una mujer con una cara feroz, con una niñita y un caldero. El libro estaba fechado en mayo de 1912, y el autor era un periodista que había seguido el caso. Era el 2004.

-Y seguimos hablando de Enriqueta Martí como de una vampira.

-Forma parte de la marca Barcelona. Es más interesante tener a una asesina en serie que decir la verdad, sobre todo si con ello estás culpabilizando a una época. A los dos años de investigación salió un artículo en un periódico en el que se recogía la versión de la asesina en serie. En ese momento yo ya sabía que era una falsedad. Enriqueta secuestró a una niña, que es el único delito por el que se la juzga cuando ella ya está muerta.

-Y usted escribe El cielo bajo los pies, una novela, y ahora un ensayo, Desmontando el caso de La Vampira del Raval, y demuestra que Enriqueta nunca asesinó a nadie.

-Si sigues con paciencia las crónicas desde 1912 hasta 1913 verás que todo lo que se armó para inculparla de asesinato va cayendo. No hay ningún cadáver.

-¿Por qué inculpan a Enriqueta?

-Se necesita  un chivo expiatorio. Lo que es real es que hay una explotación sistemática sexual y laboral de los niños y  niñas de la clase obrera. Desaparecen niños y niñas.

-¿Desaparecen?

-En el libro de denuncias del archivo de Justicia recogí todas las denuncias sobre raptos, violaciones y desapariciones. Es asombroso. También los diarios de la época recogen la prostitución de niños en la Rambla y el tráfico de menores. En noviembre de 1912 encuentran a 40 criaturas españolas trabajando en fábricas de cristal en Francia.

-Todo está en los archivos...

-Sí. Hubo una historia que me chocó: la de una mujer que va por la calle de Robadors y le quitan un bebé de los brazos. Yo dudaba de todo. Busqué en Bisbe Caçador, donde están todos los nacimientos a partir de mediados del XIX, si esa nena había existido. Isabel Castellano Fuster había existido; encontré su partida de nacimiento.

-¿Y qué tiene que ver Enriqueta con esas desapariciones?

-En la misma semana en que se reproduce la historia del secuestro de Teresita, la niña que encuentran con Enriqueta, se descubre un prostíbulo infantil en la calle de Botella. Están implicados policías del distrito de Hospital y son los mismos que llevan el caso de Enriqueta. Esos policías intentan distraer la atención. Piense que cuando se difunde que han encontrado a Teresita, muchos padres viajan a Barcelona, desde toda España, para saber si ella es quien les ha quitado a sus hijos. La mamá de Isabel viene a Barcelona, pero no la reconoce.

-¿Se sabe por qué secuestró a la niña?

-No. Era mendiga, y yo creo que ve en ella la posibilidad de tener una criatura más para dar lástima. Hay quien escribe que tiene una fijación con las criaturas. No se sabe. La historia de Enriqueta es la historia de la maternidad de la época, una maternidad contada por hombres.

-Después de 10 años, ya deja a Enriqueta.

-Yo creo que la historia de Enriqueta ya está, pero siempre digo a la archivera del archivo de Justicia que si encuentre algo me avise [Se ríe].

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