EXPATRIADOS DE LA OBRA PÚBLICA

Los valientes de Arabia

El contrato más importante de la historia española, de 6.736 millones de euros para hacer un AVE entre La Meca y Medina, provoca la emigración de ingenieros, constructores y operarios. De ellos y de sus familias, obligados a seguir la ley y la tradición.

Tramo en obras de la línea del AVE entre La Meca y Medina.

Tramo en obras de la línea del AVE entre La Meca y Medina. / EFE / CHEMA MOYA

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POR CRISTINA BUESA

La caída en picado de la obra pública en España ha provocado una auténtica diáspora internacional. Las constructoras, ingenierías, consultoras y la mayoría de las empresas vinculadas a las infraestructuras se han visto forzadas a emigrar para sobrevivir. La parte positiva de la década prodigiosa de las infraestructuras es el conocimiento y prestigio (dejando de lado el reciente fiasco de Panamá) que ha barnizado el desembarco de estas firmas. Sin embargo, no es lo mismo aterrizar en Brasil o Colombia que en Argelia, por ejemplo. Pero el salto cultural más imponente es el que han tenido que hacer los expatriados de Arabia Saudí. Si hace solo cinco o seis años había 400 españoles en esta península de Oriente Próximo, ahora alcanzan los 4.000. Son unos valientes. Ellos y sus familias.

«Llegué hace un año y medio con mi mujer y mis hijos de 13, 12 y 3 años», recuerda el director del proyecto Haramain de Adif, Luis Sánchez. Él es uno de los responsables de la construcción del AVE del desierto, el tren que unirá a finales del 2016 las ciudades santas de La Meca y Medina. Es la iniciativa más importante en la que está embarcado un consorcio de 12 empresas españolas que, como es preceptivo en ese país de religión musulmana, están asociados con dos firmas saudís. Cosas de Arabia.

Sánchez vive en un compaund, como la mayoría de los recién llegados a este país. Es una especie de urbanización para extranjeros blindada con vigilancia privada (metralletas incluidas). Tienen piscina, un supermercado, hasta alguna cafetería. Allí viven solo extranjeros y muchos de ellos tienen conexión directa con los colegios a los que van los más jóvenes de la casa. Como el caso de los  Sánchez, que van al colegio británico. Sin embargo, igual que ocurre con las mujeres oriundas de Arabia Saudí, su madre no puede llevarlos a ninguna parte en coche. Las mujeres no pueden conducir y la comunidad española se ve obligada a contratar chóferes profesionales por si los necesitan para cualquier cosa.

El directivo de Adif se desespera con la burocracia, algo que suscribe la esposa del embajador en ese país, María Isabel del Caz. «Hasta hace poco solo concedían un mes de visado, con lo que los trabajadores tenían que atravesar la frontera, sellar, y volver a entrar. Las gestiones con críos de por medio no son nada fáciles», lamenta. Del Caz acompaña a su esposo, Joaquín Pérez-Villanueva, en la residencia diplomática desde noviembre del 2012. En ese tiempo es cuando la línea ferroviaria ha dado el gran salto y cuando el goteo de trabajadores se ha multiplicado.

«Hace tres semanas que estoy aquí, llegué desde Uruguay. Si es aquí donde hay trabajo y en España no, pues aquí es donde vengo», razona un operario de la constructora OHL, José Ramón Varela. Mientras enrosca las piezas en la vía del tramo entre Jeddah y Medina, el hombre se encoge de hombros sobre las circunstancias que le toca soportar, bajo el sol del desierto.

Otros esperan a que sus familias se reúnan con ellos en breve, como Fernando Navarro, de la firma eléctrica Inabensa, que se queja de que los trámites para que su mujer viaje a Arabia están siendo muy largos. Todos ellos han dado el paso. Pero cuentan que por ejemplo a las ingenierías alemanas les está costando mucho reclutar a trabajadores que estén dispuestos a irse a residir y trabajar allí. «Tienen trabajo en su país y para convencerlos les tienen que pagar el triple. A los alemanes se les lee en la cara el esfuerzo que les representa. Digamos que llevan el reciclaje de la basura en el ADN y aquí los estándares de limpieza son diferentes, por decirlo finamente», interpreta Armando Fombella, gerente del proyecto de construcción de talleres de Renfe.

Lo que Fombella cree que es más duro es el tema del ocio. No hay cines, restaurantes, museos. No se puede ir a la playa. Hombres y mujeres no se pueden relacionar entre ellos si no son familiares. Este directivo de Renfe, 38 años, asturiano de procedencia pero que ha trabajado por toda España, se estrena en el extranjero ni más ni menos que con el examen de Arabia Saudí.

El oasis del 'compaund'

«Las mujeres que se han desplazado con nosotros tienen distintas formas de tomárselo, siempre dependiendo de lo que hicieran en España y por lo tanto a lo que hayan tenido que renunciar. Nosotros no tenemos hijos. La mía se relaciona con el resto de esposas del compaund, que es una especie de oasis donde no se vive la realidad, solo se intuye. Tienen un grupo de whatsapp muy activo y hacen muchas cosas. Ella estudia árabe e inglés y va al gimnasio y a pilates. Supongo que se puede soportar porque sabes que es por un tiempo limitado. No conozco a ningún extranjero que lleve 20 años aquí», describe Fombella.

Luis Sánchez asegura que la comunidad saudí les ha acogido muy bien. Están contentos con el proyecto, que ven como un símbolo de modernidad. La mayoría de los trabajadores que están contratando para ejecutar los 450 kilómetros de trazado ferroviario son paquistanís, bangladesís, africanos y filipinos. Una auténtica torre de Babel. «No es solo un choque cultural sino también de comunicación», relata el director de seguridad y salud del proyecto, Diego Fernández, mientras señala que los dos conductores de ambulancia son indios.

Vivir sin alcohol

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Fernández cuenta que en el centro de trabajo se tiene que cocinar para todos los gustos, algo de lo que se encarga un español. Pero todo sin alcohol, ya que está prohibido por ley. Los expatriados aseguran que hay bebidas alcohólicas de contrabando pero ninguno de los consultados se ha arriesgado de momento. Corren las anécdotas de arrestos por saltarse la ley o de malos modos por no cumplir la tradición. Cualquiera guarda en su colección personal desmanes como que no te quieran servir gasolina por el simple hecho de ser extranjero o negativas a dirigirte la palabra por el simple hecho de ser una mujer, aunque fueras acompañado por tu marido.

La directora técnica del proyecto por parte de la consultora Ineco, la ingeniera María Sánchez-Palomo, se mueve con soltura por las obras y los palacios saudíes pero ha experimentado en propia piel las hostilidades. Sucedió hace unos meses en un hotel de Riad (la capital es más severa en el cumplimiento de las normas que la cosmopolita Jeddah) cuando participaba en una reunión. Era la única mujer. A pesar de llevar abaya, la túnica negra que cubre brazos y piernas hasta los tobillos obligatoria entre las féminas, irrumpió un miembro de la policía religiosa y la obligó a dejar el encuentro. No le permitió ni seguir la conversación desde la puerta abierta. Tuvo que hacerlo con el móvil, poniendo en manos libres su aparato para poder escuchar lo que hablaban los presentes. Arabia es una oportunidad de negocio. Pero necesita valientes.