Un proyecto que prima el regadío y relega al delta
El plan hidrológico pretende conseguir zonas agrícolas altamente tecnificadas capaces de competir internacionalmente

Un bañista pasea por el itsmo del Trabucador, con postes de la línea de las salinas anegados por el mar y con los cables caídos.
El Plan Hidrológico de la cuenca del Ebro aprobado por el Consejo de Ministros este 28 de febrero del 2014 supone un duro varapalo para los defensores del último tramo del río, que demandaban un caudal mínimo garantizado mayor para neutralizar los efectos erosionadores del mar. En términos generales, los planes hidrológicos de cuenca tienen por objetivo conseguir el buen estado y la adecuada protección del dominio público hidráulico y de las aguas, la satisfacción de las demandas de agua, el equilibrio y armonización del desarrollo regional y sectorial, incrementando las disponibilidades del recurso, protegiendo su calidad, economizando su empleo y racionalizando sus usos en armonía con el medio ambiente y los demás recursos naturales. En la práctica, el plan del Gobierno ha priorizado según el mismo texto aprobado "a conseguir unos regadíos capaces de competir internacionalmente, disponiendo de al menos 800.000 hectáreas de regadíos altamente tecnificados y eficientes como base del complejo agroalimentario del Ebro".
Economía antes que medioambiente
Los intereses económicos se han superpuesto sobre los parabienes de la preservación de los espacios ecológicos del delta del Ebro. Este Plan Hidrológico contempla, de acuerdo con la Instrucción de Planificación Hidrológica, un régimen de caudales ecológicos que en el conjunto del delta supone una aportación anual garantizada, aun en años de prolongada sequía, de entre el 23% y el 30% de la aportación en régimen natural, teniendo en cuenta la disminución de aportaciones debida al cambio climático. Esta garantía es aproximadamente la mitad de lo demandado por las asociaciones conservacionistas.
Mequinenza, la clave
Los autores del plan consideran que los porcentajes de aportación al régimen de caudales ecológicos mínimos garantizados en el conjunto del delta del Ebro, "son muy superiores al resto de ríos mediterráneos de España y resultan factibles por la existencia del embalse de Mequinenza y en menor medida por los caudales aportados por el Cinca-Segre".
Mecanismo de seguimiento
En el delta del Ebro y en toda la cuenca, el régimen de caudales ecológicos podrá ser modificado conforme a los procedimientos establecidos en la normativa, en función del seguimiento y adaptabilidad al estado ecológico, siempre bajo el principio de unidad de cuenca, y con el informe favorable del Consejo del Agua. Durante la vigencia del Plan Hidrológico de la cuenca del Ebro se implantará un sistema de seguimiento para su validación y posible revisión en los siguientes planes de gestión de cuenca. La red de indicadores ambientales del
delta del Ebro (RIADE), será un adecuado sistema de seguimiento y validación del régimen de caudales ecológicos propuestos.
Del 34% al 50% teórico
En la situación actual, el consumo de agua, el agua que no regresa al cauce tras su uso, representa, teniendo en cuenta la incorporación de las series de aportaciones de los últimos años, el 34% de la aportación. La plena entrada en servicio de las infraestructuras en ejecución o trámite, establecidas y comprometidas en el Plan Hidrológico 1998, Real Decreto 1664/1998, de 24 de julio, sitúa el consumo máximo en la mitad de la aportación del agua de los ríos. Según el plan, el agua consumida en la cuenca al horizonte 2015 será prácticamente igual al actual 34% de la aportación total. No obstante, en los balances se incorporan las asignaciones de recursos comprometidas para completar las demandas para los desarrollos previstos.
Restricciones presupuestarias
La disponibilidad de agua en la demarcación del Ebro depende muy directamente de la evolución del complejo agroalimentario (agricultura, ganadería e industria de alimentación). Al horizonte 2015, que es el ámbito del presente Plan Hidrológico, se continuará con la transformación en riego, especialmente en el Canal de Navarra, Segarra-Garrigas, PEBEA, etc., aunque con un ritmo más reducido debido a las restricciones presupuestarias de las distintas administraciones y a las restricciones ambientales, por ejemplo, en la zona regable del Canal Segarra Garrigas. Por otra parte la apuesta por la modernización de regadíos tendrá influencia en la reducción de consumos especialmente en los cultivos leñosos que se transformen de riego por gravedad a riego por goteo.
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