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Gente corriente

Francesc Granja: "El beso abrió un camino que espero no se acabe nunca"

Carme Escales

Un golpe de volante en la autopista para esquivar a un camión accidentado dejó a Francesc Granja tetrapléjico. Tenía 32 años, esposa, y una carrera prometedora como jefe de márketing y ventas de una multinacional. A partir de entonces, lo único que la vida le prometía era un gran cambio de perspectivas. Tras su intervención en un programa televisivo (Singulars, de TV-3), una editorial lo contactó para pedirle que escribiera su autobiografía de superación. Él redactó Vivir el sexo. El hombre que aprendió a vibrar.

—Superado el sexo, ¿superado el resto? 

—No nos engañemos. Hay dos preguntas que la mayoría de personas te hacen -o, al menos, las piensan- cuando te ven en silla de ruedas. Una es ¿cómo tuve el accidente? y la otra ¿cómo puedo tener sexo? La sexualidad no se limita a los momentos en los que los seres humanos practicamos sexo, todos somos seres sexuados desde el momento en que nacemos. A medida que experimentamos la sexualidad, la dotamos de contenido y yo, después del accidente, necesitaba continuar haciéndolo.

—¿Cómo vivió el primer reencuentro con su intimidad sexual?

—Durante los primeros años de tetraplejia, tuve un par de experiencias en las que utilicé el referente genital del que venía, y fueron muy decepcionantes. Pasó el tiempo y, cuando ya me había descartado como hombre sexual, conocí a una persona que me enseñó a encontrar placer en lugares que eran desconocidos para mí en ese sentido.

—¿Cuáles, por ejemplo?

—Recuerdo especialmente la revolución que sentí al comprobar la infinita variedad de sensaciones que se pueden sentir en un beso. El beso abrió un camino de exploración que espero no se acabe nunca.

—Ese es un regalo para todo el mundo, el beso es una puerta abierta...

—Pero para vivirlo así, hay que sentirlo así, ser conscientes de ello. No es lo mismo comer que saborear, ni tocar que acariciar, ni oír que escuchar. Cuando saboreamos, acariciamos o escuchamos, trascendemos el acto biológico y le añadimos un componente emocional, incluso energético, que transforma la experiencia en algo único, singular e intrínseco en el individuo. Lo mismo sucede cuando practicamos sexo consciente. La energía sexual comunica emociones, también en silencio.

—Tras perder la posibilidad de eyacular, ¿en qué otras partes del cuerpo descubrió sensibilidad sexual?

—El día que compartí un orgasmo mientras acariciaba la punta de los dedos de alguien supe que el placer está en todas partes. Cada cual tiene la capacidad de hallar placer en cada rincón de su cuerpo, con prácticas o personas diferentes. No hay una única forma de vivir la sexualidad, pero sí muchos estereotipos y creencias limitadoras que condicionan nuestra vida sexual.

-Como tener o no pareja. Imaginemos a alguien en su misma situación, o, incluso virgen antes del accidente, ¿ilumina su libro el sexo para estas personas?

—Esta cuestión no la desarrollé en el libro, pero me interesa muchísimo. Hay una gran cantidad de personas con diversidad funcional que no tienen pareja ni acceso a expresarse sexualmente, a pesar de ser un derecho reconocido por la OMS. Dada esta carencia y siguiendo lo que se viene haciendo hace años en países como Holanda, Bélgica o Alemania, un grupo de personas hemos puesto en marcha la asociación Tandem Team Barcelona (www.tandemteambcn.com) que, entre otros proyectos, promueve el intercambio libremente acordado de asistencia sexual para quienes viven una diversidad funcional.

-Quien escribiría un buen libro son las parejas de alguien en su situación, ¿no cree?

—Sinceramente, sí. Aportarían un punto de vista muy enriquecedor para una realidad que puede llegar a ser agobiante.

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