nueva TENDENCIA CEREMONIAL
Barcelona se sube al carro de los destinos de boda internacionales

Pareja de novios de Vietnam y de Suiza, en una boda organizada por Your Barcelona Wedding.
«Sí quiero». Solo dos palabras sin garantías de eternidad, pero que bien valen un viaje, un banquete y una ceremonia en un escenario de postal. Y todo lo que entre en un bodorrio que se precie, organizado a la medida del bolsillo de los novios. El enlace del clan Mittal viene a ser el súmmum, el clímax de un fenómeno internacional como son los casamientos fuera del propio país, donde Barcelona se está haciendo un hueco con mayúsculas entre los llamados «destinos de boda». Para las crecientes empresas organizadoras que anuncian al mundo las excelencias de la capital catalana en materia casamentera, las claves de este nuevo hit turístico se resumen en buen clima, gastronomía, cultura, óptima relación calidad precio y estampas dignas de un álbum de fotos para toda la vida.
Sin llegar a los 60 millones de euros que tal vez despilfarren los potentados indios, son muchos los extranjeros que en los últimos años aterrizan en Barcelona con una maleta y un anillo en el bolsillo. El origen cabe situarlo en el fenómeno global de los «destination wedding» o destinos de boda. Aburridos de bodas clonadas y de escenarios agotados, muchos novios empezaron a planear enlaces en el extranjero, para aportarles exotismo. El asunto se puso de moda hasta el punto de que uno de cada cinco casamientos en el Reino Unido se celebra ahora fuera del país, y en EEUU son uno de cada 10, explica la organizadora de bodas Marta Priu, de BCN Wedding Planners. La crisis ha impedido que España se convirtiera también en emisor de novios, reflexiona.
En los últimos años se ha ido configurando un mapa de destinos idóneos para estas ceremonias, en el que Barcelona ha irrumpido con fuerza recientemente, aunque en el consorcio Turismo de Barcelona no lo promocionan ni plantean como producto. No obstante, el propio éxito turístico de la ciudad ha alimentado este nuevo filón, ya que es común que los novios, sus familiares y amigos acaben convirtiendo el viaje en unas vacaciones y permanezcan varios días. «También hay muchas personas que trabajan fuera de su país y el día que deciden casarse piensan que, puestos a hacer viajar a sus invitados, por qué no hacerlo todo en una ciudad que les guste», agrega la experta, que creó la empresa hace ocho años, cuando apenas había competencia, mientras que en los últimos tres se han disparado las webs que ofrecen estos servicios de organización con sede en Barcelona. Y es que el negocio precisa una infraestructura pequeña y no sabe de crisis, con clientes por todo el mundo.
BODAS CIVILES DE FICCIÓN / El interés de los contrayentes por la capital catalana es más estético y sentimental que práctico, ya que solo las bodas religiosas son legalmente válidas. Por contra, las civiles precisarían que uno de los contrayentes residiese en España, de modo que se opta por realizar una simbólica o ficticia, que los novios formalizan legalmente en su país. Pero en Barcelona despliegan todo el ceremonial de rigor, así como el banquete y las estancias de sus invitados. Sin llegar a la larga alineación de los Mittal, predominan los enlaces para entre 50 y 150 invitados-viajeros. Pero para gustos hay colores, ya que uno de los clientes más emergentes, los rusos, suelen viajar solos o con algún testigo.
Un factor resulta determinante para la elección: el coste. Aunque casarse en la ciudad no resulte habitualmente muy barato, «en calidad-precio Barcelona es muy competitiva», apunta Gemma Sala de Your Barcelona Wedding. No solo porque es posible encontrar buenos menús de grupo desde 60 euros (si se piden «menús de boda» las cifras siempre se disparan), sino porque un buen ágape con barra libre puede rondar los 140 euros. Toda una alegría para los que llegan de países como Reino Unido, Irlanda o EEUU, donde el precio de las copas es estratosférico y no suele estar incluido en los convites. A la gastronomía mediterránea, Sala suma el clima local y la oferta de espacios de boda como imanes. Eso sí, aunque muchos se alojen en la ciudad y la disfruten, es común que los banquetes se hagan en las afueras, porque todos buscan masías, castillos o vistas al mar, añade.
La irlandesa Valerie O'Donoghue (Weddings Via Val) montó en la ciudad su primera boda con extranjeros en el 2005. Empezó con tres anuales pero este año ya ha organizado 24, con mucho compatriota pero también norteamericanos, australianos, británicos, noruegos y rusos. La lista incluye chinos y japoneses. El vuelo y el alojamiento lo suelen pagar los invitados. A no ser que el «sí quiero» lo pronuncie un Mittal.
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