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Gente corriente

Quim Gil: «Todos podemos corregir y aumentar el conocimiento»

NÚRIA NAVARRO / Barcelona

El ansia de libertad es un motor poderoso. A Quim Gil (Lloret de Mar, 1970), un periodista deportivo de Girona, le ha llevado hasta California, a la central planetaria de la Wikimedia Foundation, la matriz de la mayor plataforma digital de conservación y difusión del conocimiento.

-¿Y dice que la libertad le ha guiado?

-Siempre. Por eso estudié Periodismo. Empecé, a principios de los años 90, haciendo crónicas de tercera regional. Luego fui el redactor acreditado de El Punt en los JJOO de Barcelona, y seguí un París-Dakar, y cubrí algún campeonato de paracaidismo...

-Polivalente usted.

-Y entonces vino la Operación Garzón. Detuvieron a personas vinculadas al independentismo, entre ellas a un par de El Punt, pasaron cosas extrañas y perdí la confianza en los medios de comunicación tradicionales. Aquello coincidió con el arranque de internet, que permitía decir lo que quisieras sin filtros.

-Dejó el diario, entiendo.

-Sí, y monté una cooperativa, PutPut, dedicada a hacer páginas web y a tocar temas de periodismo digital. Me trasladé a Barcelona. Pero, entonces, volví a sentir los límites.

-¡Cielos! ¿Qué límites fueron esos?

-Los de la autocomplacencia de Barcelona. Sentí la necesidad de marcharme fuera. Estuve un par de años en Londres, trabajando de arquitecto de la información.

-¿Arquitecto de la información?

-Es el encargado del estudio, organización y disposición de la información en los espacios disponibles. Esa fue la primera vez, y también la última, en la que gané dinero.

-Intuyo que no se contentó.

-No. Invertí el dinero en viajar por América con un proyecto periodístico: Desde América, 23 entrevistas encadenadas realizadas a lo largo de 8.000 kilómetros, desde San José de California a San José de Costa Rica. El proyecto ganó un premio European On-line Journalism y, a la vuelta, empecé a meterme de lleno en el software libre. Trabajé en Nokia, primero en Helsinki, y luego, en Silicon Valley. Y mientras tanto, iba colaborando en la Wikipedia.

-¿Sí? ¿Cómo?

-En un proyecto en el que se vuelcan textos liberados de derechos de autor. Mi primera entrada, en el 2006, fue de los Poemes en ondes hertzianes de Joan Salvat-Papasseit. Contacté con la Biblioteca de Catalunya, escaneé el original y lo colgué.

-Un Diderot posmoderno.

-Wikipedia es la suma de miles de individualidades, siguiendo reglas muy básicas.

-Eso sí encaja con sus aspiraciones.

-Sí. Desde hace 10 o 15.000 años ha funcionado el «yo seré el jefe y vosotros bailaréis cuando os lo diga». Pero eso puede no seguir siendo así. Internet es un cambio de paradigma y Wikipedia es una de sus muchas hijas. Todos podemos construir, corregir y aumentar el conocimiento.

-Usted, no contento con participar, es el único catalán que está en la cocina.

-El movimiento Wikimedia comenzó con voluntarios y cuajó, pero llegó un punto en que el tema ganó en complejidad técnica y legal. Oposité a una plaza y me cogieron como coordinador de colaboradores técnicos. Somos unos 140. Nos encargamos de las áreas que permiten el movimiento continuado. Ahora queremos añadir más imágenes y vídeos. Hay que crear futuro.

-Es un wiki en toda regla.

-(Ríe) Un wiki tiene mentalidad descentralizada, ajena a lo piramidal, a lo vertical, a las fronteras. Cree en el consenso, aunque cueste. Y yo lo comparto.

-Al final, ¿ha encontrado allí el grado de libertad que buscaba?

-Contribuir al conocimiento libre, gratuito y de calidad para todo el mundo es un gran paso.

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