Los riesgos del excursionismo

Interior refuerza la señalización en la montaña para poder cobrar rescates

El número de intervenciones de los bomberos crece casi un 11%, pese a la amenaza de multas

La Generalitat mejora la información en las rutas para que no se pueda alegar desconocimiento

Interior refuerza la señalización en la montaña para poder cobrar rescates

ÁLVARO MONGE

3
Se lee en minutos
MARÍA JESÚS IBÁÑEZ
BARCELONA

Basta con llevar en la mochila una linterna, una cantimplora con agua, alguna barrita energética (o chocolatinas, o un puñado de frutos secos) y un chubasquero. E ir bien calzado, preferentemente con botas. Tan sencillo equipaje ahorra muchos disgustos en la montaña, aseguran los más veteranos, que cuentan decenas de anécdotas sobre lo que han llegado a encontrarse últimamente cuando salen al monte. «Es que, por increíble que parezca, aún hay gente que se va a subir el Pedraforca con chancletas», aseguran.

El deficiente o inapropiado equipo que llevan algunos excursionistas y la adversa meteorología de los últimos meses (con nieve en primavera y fuertes chubascos vespertinos en verano) son los motivos que explican por qué este año ha aumentado en casi un 11% el número de rescates de montaña en Catalunya, argumenta Sebastià Massagué, jefe de los Grupos de Actuaciones Especiales (GRAE) de los bomberos de la Generalitat. De las 320 salidas que se hicieron por esta razón entre el 1 de enero y el 31 de julio del pasado 2012 se ha pasado a 355 en el mismo periodo del 2013.

El porcentaje es todavía más elevado, de en torno el 20%, si se suman los rescates en pozos y cuevas, las operaciones para auxiliar a aficionados atrapados en cauces fluviales (ríos o barrancos) y la búsqueda de personas perdidas en el medio natural. Y eso que desde hace ya casi cinco años, los excursionistas imprudentes están obligados a pagar a la Administración el equivalente al coste de su rescate, que puede oscilar entre los 200 y los 10.000 euros, según los efectivos que se activen y el tiempo que dure la actuación.

Sin embargo, esta normativa sancionadora solo se ha aplicado, desde que entró en vigor en octubre del 2009, en dos únicas ocasiones. «Son pocas, pero es que resulta muy difícil demostrar, con datos objetivos, que se ha cometido una imprudencia o una negligencia», arguyen fuentes de los bomberos de la Generalitat. La Conselleria d'Interior está instruyendo un tercer caso, el de un escalador que pidió la ayuda de un helicóptero porque el perro que le acompañaba no podía ni avanzar ni retroceder.

INFORMADOS / Quizás las cosas cambien sustancialmente a partir de ahora, después de que los bomberos, en colaboración con los ayuntamientos más afectados y con la Federació d'Entitats Excursionistes de Catalunya (FEEC), hayan estado revisando los mapas de montaña y las señalizaciones de las rutas más frecuentadas, para asegurarse de que los aficionados emprenden el camino debidamente informados, indica Massagué. «Se han repasado miles de kilómetros», asegura el jefe de los GRAE.

De paso -aunque Massagué se resiste a admitirlo abiertamente-, con una buena información (se han colocado incluso grandes plafones con ilustraciones y gráficos como los que se ven en los Alpes), se evitará que el montañero que se pierda o que precise de auxilio pueda alegar a partir de ahora ignorancia o que desconocía la dificultad de la vía.

Con esta acción, la Generalitat se dota de una herramienta clave a la hora de poder tramitar posibles sanciones, que, según la ley del 2009, se aplican en función de tres supuestos: que el excursionista haya pedido auxilio por razones no justificadas, que haya salido a la montaña sin el equipo necesario y que no haya respetado la señalización. De todos ellos, solo el tercero es objetivamente demostrable, de ahí que Interior haya decidido mejorar señales.

Noticias relacionadas

«También se han creado grupos de trabajo que analizan cuáles son las principales casuísticas. Por ejemplo, en la comisión del Pedraforca se está estudiando la posibilidad de abrir un camino que discurra por el lateral de la tartera, porque es allí donde se producen la mayoría de rescates», explica Jordi Merino, presidente de la FEEC.

Merino, que considera que la normativa por la que se hacen pagar los rescates sí ha tenido un efecto positivo entre los excursionistas habituales, considera que el problema sigue siendo, pese a todo, la desinformación. «Sobre todo entre los aficionados esporádicos», subraya. «Ha llegado un momento en que, según el Observatori Català de l'Esport, están saliendo a la montaña un millón de personas cada año». De ellos, solo 80.000 son socios de entidades excursionistas y 38.000 están federados.