06 abr 2020

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EL CUIDADO DE LA SALUD

Las mujeres, desprevenidas ante el infarto

La mortalidad femenina por ataque al corazón dobla a la masculina en Catalunya

Ellas piden ayuda más tarde porque desconocen sus síntomas de fallo cardiaco

ÀNGELS GALLARDO
BARCELONA

Eulalia, de 63 años, vecina de Badalona, explicó a su cardióloga que el día que sintió aquel ahogo -ella lo definió como «angustia y mareo»- había hablado por teléfono con su hijo y él le había anunciado que se acababa de separar. «Ya sé que hay más mujeres en el mundo, pero esto a una madre le duele mucho», relató la semana pasada desde su domicilio, al explicar qué pudo desencadenarle la obstrucción coronaria que acabó en un infarto de miocardio.

Han pasado dos meses desde que en el Hospital Germans Trias i Pujol, Can Ruti, de Badalona le destaponaran la arteria coronaria que le provocó un ataque al corazón que ella no identificó. Salvó la vida porque, casi una hora después de sentir aquella náusea, telefoneó a su CAP pidiendo que la visitara un médico y allí movilizaron el circuito de emergencia previsto para los infartos. «Las mujeres no suelen ser conscientes de que están sufriendo una crisis coronaria. Es una posibilidad que no han previsto y cuando sienten los síntomas no los identifican», explica la doctora Fina Mauri, cardióloga del área de hemodinámica intervencionista en Can Ruti. «Y como no sospechan, no piden ayuda, o lo hacen tarde», añade.

DOLOR EN LA MANDÍBULA / Esa es la razón por la que, aunque en la actualidad el 65% de los infartos de miocadio que ocurren en España afectan a hombres y solo el 35% a mujeres, ellas registran el doble de mortalidad: fallecen ocho de cada 100 que llegan al hospital -un 8,3% exactamente-, frente a los cinco hombres -el 5,3%- que mueren en este tipo de episodios. En esa mayor mortalidad también incide el hecho de que las condiciones fisiológicas de las mujeres infartadas son peores, de forma general, que las de los hombres, afirma Mauri. Ellas suelen ser mayores que ellos cuando sufren el ataque cardiaco -tienen una media de 70 años, frente a los 55 o 60 de los hombres-, y sus arterias están peor. «No es que las mujeres ignoren los signos típicos de un infarto -resume la cardióloga-: es que solo temen que aparezcan en su marido o en sus hijos, no en ellas. Y, además, cuando los sienten son distintos».

Esa diferencia es tal vez el factor que mejor explica por qué muchas mujeres no toman conciencia de que están sufriendo un infarto de miocardio. «El característico dolor intenso en la zona central del tórax no siempre afecta a las mujeres que están sufriendo un infarto -asegura José Antonio Barrabés, cardiólogo de la unidad coronaria del Hospital Vall d'Hebron, de Barcelona-. Ellas notan un malestar general fácil de confundir con una infección vírica, o un dolor estomacal que atribuyen a una mala digestión, o incluso una pérdida de consciencia que no vinculan con la crisis cardiaca». Pero lo es, insiste Mauri. «Lo que sí suelen sentir es ahogo, falta de aire al respirar -dice la cardióloga-. Y dolor en las mandíbulas y en las clavículas. Y mucha fatiga».

SISTEMA NERVIOSO / Toda esa gama de dolores y malestares son el aviso que emite el sistema nervioso cuando una o varias de la tres arterias que conducen al músculo miocardio se han empezado a taponar -porque una porción grasa obstruye parcialmente el paso- y el corazón no puede recibir sangre suficiente para oxigenarla y bombearla hacia el resto del cuerpo. Si el taponamiento ha sido total y el corazón se detiene, el infarto conduce a una muerte fulminante, salvo si en los tres o cuatro minutos posteriores se abre el paso sanguíneo aplicando la descarga eléctrica de un desfibrilador -aparato para corregir arritmias- o introduciendo un catéter por la arteria atascada.

Cada año se registran en Catalunya 6.500 infartos de miocardio que emiten signos de alerta y dan tiempo a que el enfermo llegue a un hospital. Estos son los que salvan la vida. Las estadísticas indican que aproximadamente un 30% de las personas que sufren un infarto fulminante no sobreviven, no son atendidas en ningún centro sanitario y no constan. Las cifras exactas no se conocen.