Ir a contenido

Gente corriente

Alex Pler: "Nosotros somos de Barcelona y nos gusta Japón"

Catalina Gayà

-Abrieron Haiku en el 2010.

-Durante ocho años tuvimos otra librería, pero hace tres años vimos que las cosas iban mal y que o cambiábamos o cerrábamos.

-Se especializaron en Japón.

-En la librería teníamos un pequeño rincón dedicado a la literatura oriental. Cuando íbamos a ferias, la gente nos buscaba y nos pedía libros sobre Asia.

-De cuatro libros a una librería...

-Nos especializamos al máximo. Ni siquiera trabajamos Asia. Japón siempre me ha gustado, así que vendemos libros y objetos japoneses asociados a los libros.

-Siempre ha trabajado junto a su madre...

-Cuando abrimos Koreander, yo tenía 20 años. Había acabado cine y no sabía qué hacer y mi madre también estaba buscando un cambio.

-¿Koreander como el librero de La historia interminable?

-Sí. Karl Konrad Koreander.

-¿Y por qué le fascina Japón?

-Empecé con Bola de drac. Fue cuando se inauguró el Salón del Manga, y ahí empiezas a ver que hay más cosas que el manga. Me entró la curiosidad por la lengua, la cultura...

-¿Habla japonés?

-Lo estudié, pero lo he olvidado. Es que Japón siempre ha estado ahí: fui en el 2007, antes incluso de tener esta librería en mente.

-¿Qué nos enseña Japón?

-Creo que los japoneses son muy conscientes de lo que eran, de lo que son y de lo que quieren ser, así que no les importa mezclar rascacielos con templos zen. Además, nunca se rinden y supongo que, de manera inconsciente, es lo que hicimos mi madre y yo: no nos rendimos cuando cerramos la librería, queríamos seguir por el camino de los libros.

-Madre e hijo. ¿Funciona?

-Mi madre sabe tratar a la gente. Estudió informática, márketing y publicidad, y aporta la experiencia. Sí, nos complementamos.

-¿Y cómo ha sido la acogida?

-Cuando los clientes entran, piensan que sabes todo de Japón y en algunos casos sí y en otros es la gente la que me enseña. Tenemos un cliente argentino que toca una flauta japonesa, y yo he aprendido con él.

-Argentinos, catalanes, ¿por qué nos fascinan culturas tan lejanas?

-No lo sé. Creo que, pese a que la cultura japonesa es muy diferente, la sentimos muy cercana.

-¿En qué sentido?

-Ha sabido integrar tradiciones de otras partes. La papiroflexia, los robots... no son suyos, pero se los han apropiado. El primer dibujante de manga, por ejemplo, trabajó en Disney, y es por eso que los ojos de los personajes son redondos, expresivos. Ese tráfico o intercambio de influencias es lo que nos llama la atención. Recuerde que Heidi y Candy Candy eran japonesas.

-Y Murakami ha sido una puerta.

-Sin Murakami, no nos hubiésemos planteado abrir una librería.

-¿No le da miedo que la gente busque a un japonés en su librería?

-No somos japoneses y eso lo tenemos claro. Haiku tiene el título de Japón, en Barcelona. Nosotros somos de Barcelona y nos gusta Japón. Somos un puente para mucha gente que viene a dar talleres en este espacio y que sí son japoneses.

-¿Viviría en Japón?

-No lo sé. Me quedo con lo que veo desde fuera, que me gusta y me fascina, pero si viviera allá, habría muchas cosas que no podría entender.

-¿Tiene tiempo para letras de otras culturas?

-Sí, claro. Pertenezco al Gremi de Llibreters, y fui parte del jurado del premio que se otorgó en mayo. Me sirvió para desconectarme. Y ahora he acabado un libro.

-Escribe sobre Japón.

-No. El personaje sí que viaja a Japón, pero no es importante.

-¿Ya tiene título?

-El mar llegaba hasta aquí. Es parte de un haiku.