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La historia

«El contrabando en La Seu era generalizado e interclasista»

Testigo  Josep Albert Planes mira desde la puerta hacia el interior de una barbería de Manresa.

Testigo Josep Albert Planes mira desde la puerta hacia el interior de una barbería de Manresa.

ANTONIO BAQUERO
BARCELONA

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El historiador Josep Albert Planes, autor deEl contraban de frontera al Pirineu Català(Editorial Farell, 2011), describe las causas del inicio del comercio ilegal de tabaco desde Andorra y detalla los distintos tráficos que se han producido en ese territorio: tabaco, mulas, derechistas, republicanos y hasta judíos franceses.

-¿Cuándo comienza el contrabando de tabaco desde Andorra?

-Fuentes y testimonios escritos lo sitúan ya a principios del siglo XVIII.

-¿Por qué en ese momento?

-Por la confluencia de varias circunstancias. A lo largo del siglo XVII hubo una sucesión de guerras entre las monarquías de Francia y España, que se disputaban la supremacía continental. Lo que producen estos conflictos es que esa rivalidad entre ambos estados acabe por determinar una fijación muy contundente y clara de la frontera de los Pirineos. Hasta entonces no existía esa distinción tan brutal entre un lado y otro de la frontera, y no había una gran conciencia de qué intercambios eran legales y cuáles no. Ese control más intenso cambió la naturaleza de los intercambios comerciales y comenzaron a darse los tráficos ilegales. Además, en esa época, en Andorra se empieza a cultivar el

tabaco.

-¿Por qué?

-El cultivo de tabaco en aquella época era la última opción, era el cultivo de los pobres, del pequeño y mediano campesinado. En principio, el tabaco se cultivó en las zonas más bajas de Andorra. En Sant Julià y algunos lugares de Andorra La Vella. Eran zonas que antes habían estado ocupadas por la viña. Pero la viña andorrana producía un vino que no era competitivo, con un gusto muy ácido y muy áspero. En cambio, la viña en Catalunya sí era competititva. Por eso en Andorra se decidieron a apostar por el tabaco y en Catalunya no se cultivó.

-¿El comercio de tabaco de Andorra estaba entonces perseguido?

-Sí. Tanto la Corona francesa como la española perseguían el contrabando de tabaco, pues su comercio entonces era monopolio del Estado. Ambos países habían intensificado mucho la reglamentación aduanera. Incluso se habían dictado penas de muerte por hacer contrabando de tabaco. Además, al ser ilegal y castigado con penas muy elevadas, tampoco se podían dedicar grandes extensiones de terreno a este cultivo, que se hacía en campos pequeños y poco visibles.

-¿Con qué otro producto se ha hecho tradicionalmente contrabando desde Andorra?

-Han sido variados, pero el más importante era el contrabando de mulas. Especialmente durante el siglo XIX. Se hacía sobre todo con mulas muy jóvenes, y algunas se traían desde Francia y se hacían pasar como mulas andorranas. En Catalunya había una gran demanda de mulas andorranas. De hecho, la hubo hasta los años 60 del siglo XX. Durante los siglos XVIII y XIX las mulas eran la columna vertebral de las comunicación, el comercio y el transporte. Se calculaba que Catalunya necesitaba 15.000 mulas al año.

-¿Con qué se contrabandeaba en la guerra civil?

-Lo que hicieron la guerra civil y la posguerra fue acentuar las necesidades básicas. Era un contrabando de pura subsistencia, solo para alimentar a la familia. No era un contrabando lucrativo. Por otra parte, en aquella época se aprovecharon las rutas del contrabando, primero, para sacar de España a gente de derechas, y luego, cuando las cosas cambiaron, se sacó a exiliados republicanos. Más tarde, los contrabandistas sacaron por ahí a judíos franceses que huían de la Francia ocupada por los nazis. Eran contrabandistas que ocasionalmente se dedicaron al tráfico de personas y que hicieron negocio con el paso de esa gente.

-Actualmente vemos que, con la crisis, el contrabando de tabaco vuelve a dispararse. ¿Ha ido siempre ligado el contrabando a épocas de penuria económica?

-Las épocas de crisis o de conflicto solo han intensificado esos movimientos de contrabando, que son una práctica secular en la zona. A mediados del siglo XIX, el periodista y político Tomàs Bertran ya señalaba que el contrabando era un pilar básico de la economía andorrana.

-¿Bajó con la bonanza de los años anteriores a la crisis?

-Sí. Además, Andorra ha variado mucho su economía, la ha terciarizado, haciendo cada vez más importante el sector del ocio y del turismo. Ir a comprar televisores, transistores o quesos ya no tiene sentido. El contrabando de tabaco es quizá el único que lo sigue teniendo.

-¿Cómo ha modelado socialmente el contrabando a una ciudad como La Seu d'Urgell?

-La Seu d'Urgell es una ciudad muy cercana a la frontera y al mismo tiempo ha sido hasta hace poco plaza de armas. El contrabando ha afectado a todos los estratos sociales, desde los de más arriba a los de más abajo. Ha habido complicidades entre los contrabandistas y las autoridades civiles y militares. El contrabando ha sido un medio de vida muy generalizado, transversal e interclasista. Por eso ha habido esa ley del

silencio.

-¿Sigue existiendo esa omertà?

-No, ya no existe. En Sort, por ejemplo, van a hacer una guía de rutas de contrabandistas. De este fenómeno incluso se podrían hacer cosas

atractivas.