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Gente corriente

Enric Carafí: «Mi madre me decía: '¿Qué te dan las piedras del castillo?'»

Carme Escales

En el siglo X, y concretamente en el año 945, el castillo de Gelida (Alt Penedès) ya formaba parte del paisaje, al norte de la sierra del Ordal. La construcción medieval fue erigida sobre posibles restos romanos y cuevas prehistóricas, aún hoy visibles. De todo ello, hasta el siglo pasado no persistieron más que ruinas, entre las que Enric Carafí se divertía de niño. Aquel singular espacio de juego acabaría siendo para este gelidense una motivación de por vida.

-¿Qué le atraía del castillo cuando empezó a subir a él a jugar?

-Eso mismo me preguntaba siempre mi madre. Me decía: «¿Pero qué te dan las piedras del castillo para que te pases allí tanto tiempo?». Me atraía su pasado, su historia milenaria. Cuando yo era pequeño, aún había quien decía que el castillo lo habían construido los moros.

-¿A qué jugaba sobre las ruinas? ¿Por dónde paseaba su imaginación?

-Yo entonces ya era muy realista. Imaginaba los posibles espacios y muros que se podían recuperar, aunque dejando ir una cierta fantasía, claro. La iglesia, por ejemplo, la habían quemado en el 36 y la gente entraba dentro y hacía de todo.

-¿A qué jugaba?

-A descubrir rincones y a cuit i amagar, cuando subía con amigos. Un día, con ellos nos llevamos una gran sorpresa al encontrar, en los muros perimetrales de la iglesia, unas ventanas prerrománicas. Fue durante los días de fiesta mayor, en los años 60.

-¿Guarda algún recuerdo especial de su relación con el castillo?

-Para mí fue muy importante el día que se creó la asociación Amics del Castell, en 1965 -hoy tiene 309 socios-. Yo tenía 14 años. Aquel acto significaba el inicio de su recuperación y también del sarcófago gótico de Berenguer Bertran -se hizo en 1979-, que estaba en el patio del Museu Marès de Barcelona. Y otro gran momento fue la creación, en el 2003, del Centre d'Interpretació del Castell de Gelida, desde donde se da a conocer su recuperación y se guían visitas (www.aacg.info).

-¿Usted sigue subiendo a menudo?

-Casi todos los fines de semana acostumbro a subir. Y también alguna vez acompaño visitas guiadas.

-¿Qué le gusta explicar en ellas?

-Además de la historia, me gusta comentar mi implicación con el castillo y mi pasión por su recuperación.

-Resuma la historia del castillo.

-Tiene partes prerrománicas, románicas, góticas y barrocas. Fue propiedad de algunas de las principales estirpes catalanas, como las de Cervelló, Pallars, Bertran y Marimón, hasta la destrucción ordenada en 1714 por Felipe V. Desde entonces, el castillo se convirtió en una enorme cantera abandonada, hasta la creación de la asociación Amics del Castell, que significó el inicio de su resurgimiento.

-¿Qué siente cuando sube ahora?

-Siento mucha satisfacción por el trabajo hecho, aunque aún queda mucho pendiente. Ojalá dispusiéramos de medios económicos para seguir restaurándolo y que se pudiera mantener cerrado de noche, como cualquier monumento del mundo.

-¿Cómo describiría lo que siente por esta obra histórica?

-Amor y respeto. Ya forma parte de mi vida. Gracias a ella me convertí en un activista cultural. He sido concejal de Cultura, conservador de patrimonio de Gelida, he escrito y publicado 12 libros, he sido secretario de la asociación Amics del Castell, he recogido multitud de objetos para un museo que no acaba de nacer, y en el 2009 creé el Arxiu Gelidenc, con documentos de consulta pública, con sede en mi casa y dedicado a la memoria de mis padres.

-¿En qué trabaja?

-Hace 30 años que trabajo en la Direcció General d'Arxius, Biblioteques, Museus i Patrimoni de Cultura de la Generalitat, en el Palau Moja de la Rambla de Barcelona. Estoy en la biblioteca pública, con centenares de libros, documentos y fotografías del patrimonio arquitectónico del país, entre los que se encuentra, claro, el castillo de mi pueblo.

-¿Qué más hay que ver en Gelida?

-Su legado arquitectónico modernista, el funicular, que se estrenó en 1924, y sus bosques y fuentes.

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