Ir a contenido

PRIMER ANIVERSARIO DE LAS PROTESTAS ESTUDIANTILES DE VALENCIA

Todavía es primavera

Los alumnos del instituto Lluís Vives, origen de la 'primavera valenciana', mantienen el espíritu luchador pese a las sanciones

Una manifestación reclama «mas educación y menos represión»

LAURA L. DAVID
VALENCIA

Acabadas las clases, padres, madres, alumnos y profesores rodearon ayer el instituto Lluís Vives de Valencia en un abrazo simbólico. Hace un año fue el epicentro de las protestas estudiantiles en defensa de la educación pública valenciana. Quién hubiera dicho que el nombre del humanista valenciano más célebre fuera a convertirse en trending topic por una brutalidad policial desatada medio siglo después de su muerte. Por la tarde, caldeado ya el ambiente, una manifestación tranquila y bastante menos numerosa que las del pasado año sirvió para reclamar «menos represión y más educación».

Aquel 15 de febrero, como venían haciendo desde hacía unos días en varios puntos de la ciudad, una treintena de alumnos del Lluís Vives cortó al tráfico durante diez minutos en la calle de Xàtiva, una arteria comercial a dos manzanas del ayuntamiento. Tras un largo invierno de manifestaciones reclamaban que cesaran los retrasos en la sustitución de profesores y los pagos impuntuales del Consell para el mantenimiento de los centros. Llegaron entonces los golpes de porra y los arrestos. Las imágenes de la primavera valenciana dieron la vuelta al mundo.

Un año de recortes y multas

Un año después, los corrillos distendidos vuelven a formarse a la salida de clase en el instituto, donde todo parece haber vuelto a la normalidad. ¿Todo? «En la conselleria no nos pasan ni una, nos miran con lupa. Y hasta la policía parece que aún desconfía», dice una profesora interina que este curso ha recalado en el Vives, señalando un furgón de antidisturbios que el miércoles pasado hacía guardia frente al instituto. Prefiere no dar su nombre, ni el departamento en el que da clases.

Los protagonistas involuntarios de aquellos días tampoco son los ingenuos críos que eran entonces. «Demostramos que sabemos luchar por nuestros derechos», gesticula con energía Clara Dies, estudiante de primero de Bachillerato que a raíz de las protestas recibió una sanción de 101 euros. «Quisieron penalizar la protesta para que nos quedemos callados, pero estamos a muy poco de no tener nada que perder», augura Dies.

Penélope Crespo, de 17 años, que también recibió una multa, cuenta que un policía la cogió del cuello y sufrió un ataque de ansiedad. «Pusimos una denuncia, aunque como no iba identificado, no sabemos quién fue», explica.

La Delegación del Gobierno ha enviado sanciones a más de 200 personas por presuntos desórdenes públicos. Dos equipos de abogados se encargan de las defensas de manera desinteresada. De momento han conseguido no pagar ninguna multa, aunque aún hay decenas de causas pendientes de resolver.

«Las sanciones están fuera de la ley, por eso las recurrimos, fueron un abuso de autoridad», dice Agustín Arenas, abogado de la Associació Jurídica Primavera Valenciana, que se encarga de 117 procedimientos administrativos y ha presentado unas 30 denuncias por «brutalidad policial» contra algunos agentes.

«Pelearemos por que un juez decrete la nulidad del procedimiento administrativo, que está lleno de irregularidades», explica Fabiola Meco, abogada de la Asamblea por las Libertades y Contra la Represión, que lleva la defensa de 116 sancionados y de 41 procesos judiciales. Pero quieren ir más allá. Esta semana, han presentado una querella criminal contra la delegada del Gobierno, Paula Sánchez de León, y los mandos policiales que ordenaron las cargas contra los manifestantes.

Sánchez de León sigue en su puesto pero el entonces jefe superior de Policía de la Comunidad Valenciana, Antonio Moreno, que se refirió a los manifestantes como «el enemigo», fue promocionado a otro destino.

Irene Lacomba, que estudia primero de bachillerato, dice que tuvo suerte. «Yo me libré, pero tengo muchos amigos a los que sí sancionaron y sigue haciendo falta que salgamos a la calle. Este año somos 41 en clase y en algunas asignaturas nos toca compartir pupitre, que no digan que no hay razones para protestar», argumenta.

Conxa García, otra docente, recuerda que entonces se forjó una «solidaridad espontánea» que no es fácil de recuperar. Pero Collado puntualiza que, pese al «desgaste de las manifestaciones», a los estudiantes «no se les han ido las ganas de luchar».

Vea el vídeo de esta

noticia con el móvil o

en e-periodico.es

Para darle la mejor experiencia posible estamos cambiando nuestro sistema de comentarios, que pasa a ser Disqus, que gestiona 50 millones de comentarios en medios de todo el mundo todos los meses. Nos disculpamos si estos primeros días hay algún proceso extra de 'login' o el servicio no funciona al 100%.